miércoles, 9 de marzo de 2011

Diario

Flaubert . Foto anónima.



Las conversaciones con el viejito que me vende el pan frente a mi departamento, han versado durante un año exclusivamente sobre el clima, al principio me producía risa, ahora lo tomo con bastante seriedad ya que hablar de un solo tema durante ese tiempo sin aburrirse, requiere de bastante imaginación.



Hipersensibilidad con el mundo, atención completa a cada detalle, desde la fabulosa forma de ponerse los pinches de la niña universitaria, hasta la épica despedida de los novios del bus a pesar de vivir solo a doscientos metros de distancia…




Si hubiese nacido en Francia en el siglo XVI, mi disyuntiva vital deambularía entre elegir ser católico o hugonote, hoy esa misma disyuntiva se traslada a cada día si tomar té o café…




No se porque mi jefe me aprecia cada vez más, quizás porque los temas kafkianos se han vuelto urgentes en mi vida y me he convertido en un buen oficinista, utilizando términos técnicos en las conversaciones y mostrando con elegancia y no barrocamente mi inteligencia como solía hacerlo en mi juventud. El ignora que cada paso que doy esta en función de la literatura y no de la excelencia empresarial, pero siempre he pensado que el poeta debe ser protegido por grandes líderes políticos, como Virgilio que tenía la confianza de Augusto, pero como ahora no existe el político por excelencia, solo disponemos de empresarios. Mi jefe tiene todo de lo que carezco, éxito , dinero , familia y aún una fe intacta…yo sólo tengo su misma edad…


“Mientras más se aleja de los vivos para los cuales tiene, sin embargo, que trabajar, y esta es la burla más cruel, pues como un esclavo consciente que no debe manifestar su consciencia , tanto más pequeño es el espacio que los demás le conceden como suficiente para él” (Kafka Diarios. 3 de Diciembre 1911)





Escribiendo grandes novelas de una frase…




Stendhal los llamaba "happy few". Pocos pero felices. Ese club, al cual sin saberlo, siempre he pertenecido...

Desconfiado, rabiosamente sensualista, eternamente herido, guardián celoso de su amor propio, hipócrita…todo mundo deberá pasar por la comprobación de su voluntad y no en métodos ajenamente objetivos, aunque esto no deseche la lógica dura, pero sólo como recurso literario.
Beylismo… no necesito otra filosofía.





A punto de robar la novela de FlaubertBouvard y Pécuchet”, una joya…en dos líneas ya habla, pero la diligencia en la librería de la anciana vendedora, que con su experiencia en jóvenes que demuestran muy fácilmente su ansiedad frente a obras monumentales, impidió el acto cuando corrió a hacer de gendarme a mi lado…

Bouvard ya no creía ni en la materia…La certeza de que nada existe (por lamentable que sea) no deja de ser una certeza. Pocas personas son capaces de tenerla. Esta trascendencia les inspiró orgullo y hubieran querido exhibirla…
Entonces una facultad lamentable surgió en su espíritu, la de ver la estupidez y no poder, ya, tolerarla…Los entristecían cosas insignificantes: los avisos de los periódicos, el perfil de un burgués, una tontería oída al azar.” (FlaubertBouvard y Pécuchet”)




Hasta cuando dejo un papelito doblado en el asiento del bus para deshacerme rápido de el, siento que rompo la ética kantiana.





Homero cantaba a los héroes, Marx no concebía a Aquiles en los tiempos de la pólvora, pero nosotros nos debemos ocupar de cantar al oficinista… al trabajador que plancha su propio traje, sin dioses y lo peor sin ni siquiera enemigos…





Ella me hace una pregunta que no supe contestar ¿te puedes permitir no trabajar? Esa pregunta era más bien para Dios…



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