Ruta 68 , desde su puerta hacia la costa, Santiago pasa por todos los sobresaltos de la especie humana, desde los pastizales amarillos incendiándose por la dejación, donde los bomberos corren desesperados, mientras que el que tiró la colilla de cigarro mas adelante en la carretera disfruta del viento a su antojo, inconsciente , con una sonrisa inocente e infantil. Una discoteque y un templo evangélico, o las dos cosas que se yo, una minera que hace trizas lo verde del cerro y me dice: “no te contradigas, este cerro herido y feo es producto del progreso, del que tu estas de acuerdo tibiamente”, un campesino también se pasea con su perro a la misma hora que unos oficinistas en el barrio Suecia disfrutan su happy hour, la ciudad quiere devorarlo todo, desde esas carcajadas ejecutivas hasta el pobre campesino que se ve arrinconado con su caballo y su perro a los aires urbanos, mas allá al otro lado del túnel unos obreros limpian la carretera de los pequeños derrumbes geológicos, los obreros miran pasar al bus con una mirada japonesa. Inexplicable, como diciendo: “¿quien dijo que este es nuestro deber?” Mas allá el campesino con sus ojotas místicas riega su siembra, cuanto aire puro respira ese gran ángel, por eso ese paisaje siempre me pilla atento, se cada rutina de este camaleónico agotamiento de la ciudad. El cielo me dice allá esta tu casa. Cerca del mar que cada día ignoras más. Ya no hay vuelta atrás parece decirme este tema que escucho absorto. Soy descendiente de esas viejas familias campesinas que migraron a la ciudad cuando el campo se arruinó, la ciudad les dio un terreno en su ombligo pero ahora no las toma en cuenta, son su incomodo cinturón. El campo no dio abasto para tanta boca y el latifundista siguió siendo el dios para el inquilino, hasta que este con su familia se marcho a la ciudad a ser obrero. Quizás con una reforma agraria seria no hubiese habido tanto campesino vomitado a las ciudades. Todos los inmigrantes como yo quedamos en galería, amando mas el pasto amarillo que los adoquines del paseo ahumada, estábamos a un paso de lo cerros , de la tierra y del caballo. Éramos el adiós de la ciudad, el pasillo final, el camino al atardecer. Ahora ya estamos mas adentro y arropados más que nunca aunque no dejando de ser un cinturón molesto para el centro santiaguino. Somos esos viejos inmigrantes que se echaron en el campo antiguo , que estiraron la Matucana hasta la Carén. Que tapizaron los pastos celebres, los cilantros y las lechugas con el cemento rudo y ardiente. Somos esa ojota campesina que se pasea buscando el horizonte infinito del campesino y se estrella con la pandereta sucia del vecino.
"Que no se dé atención a las materias, sino a la manera que yo les doy" (Montaigne. Ensayos)
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martes, 4 de diciembre de 2007
sábado, 10 de noviembre de 2007
De focas y Pokemones

Dos niñas adolecentes se sientan frente a mí en la micro, como sólo había un asiento disponible una arenga a la otra para que se siente en su falda, se coquetean y hablan desvergonzadamente de todo , de la regla, de los pitos o de lo asqueroso de la Nueva Ola. Me miran desafiantes, esperan que a lo menos las repruebe con un guiño , que las aborrezca, pertenecen a esas nuevas tribus urbanas adolecentes, yo las miro sin emitir juicios , en realidad mi cabeza estaba tratando de solucionar otro dilema.
Me acorde que había leído tiempo atrás que ciertas especies de focas árticas duermen a lo mas tres minutos seguidos , ya que su habitad es muy peligroso, o sea su eterno sueño interrumpido las obliga a vivir constantemente afuera .Eso es una de las cualidades que diferencian a los animales de los hombres, mientras los primeros viven en un constante “afuera” ya que el mundo para ellos es un eterno peligro, un eterno sobrevivir que los obliga a estar en una inquebrantable alerta, el hombre puede interiorizarse, relegarse. Irse a su interior, prescindir en parte del eterno mundo hostil. El adolecente es parecido a esa foca de sueño intermitente, necesita, para sobrevivir a ese bombardeo hormonal, residir afuera , constantemente prueba al mundo , tantea reacciones, provoca y trasgrede. Esas niñas necesitaban de su combustible que era mi cara de rechazo, ellas eran lo que llaman curiosamente “Visual”.
Como no notar ese gesto “vichual” como le dicen si yo también tiempo atrás me vestí de todos los colores posibles, que seguía a ese Transformer de Lou Reed que ahora me parece horrendo cuando se pintaba, (al contrario de Bowie que cuando no se disfraza parece precisamente que esta disfrazado).En la música pop el adolecente entre mas visual se va transformando en menos auditivo. ¿Como confiar en su gusto musical, en sus criticas, en su ropa? Recuerdo esa anécdota de Bono que quería nombrar a su disco Pop Pour homme , o sea pop para hombres (en su sentido genérico) , para así alejarse de ese espíritu adolecente, un juego irónico radical que por supuesto ninguna compañía disquera le aguantaría.
Recuerdo con esto mi adolescencia, en mi liceo, cuando con una gran conquista de espacios y en una muy imaginativa jugada para esa época, el centro de alumnos consiguió, en un liceo que no se caracterizaba por otorgar grandes libertades, que los alumnos que quisieran llevaran un casete con su música para, a modo de dj , ponerla en los recreos. Me sorprendían los compañeros que llegaban con su música, desde Danzig hasta Erasure. Desde Motorhead hasta Jimmy Somerville. Cada estudiante que lograba poner su tema en el recreo a todo volumen se sentía orgulloso de su estilo, como cuando en las olimpiadas se entona el himno nacional. Por que mas que escuchar música cada uno predicaba cual era el camino a seguir (y cual pifear). En cada canción se exhibía una declaración de principios, una bandera. Escuchar música, era algo secundario, lo principal era un gesto diplomático, dar a conocer su respectivo “país”, su estilo, su “Vichual”. Ahora comprendo lo que el otro día me dijo un amigo y que yo en primera instancia lo encontré un poco obtuso : “No te puede gustar todo” -dijo, confieso que pensándolo mejor creo que tenia razón, ahora comprendo por que en mis tiempos escolares jamás llegue con mi cassetito para que el encargado del centro de alumnos lo pusiera por los potentes parlantes y esperar que la audiencia fuera benévola con el himno de mi país sónico. Me gustaba todo. Y eso quizás mas que una virtud habla de un gusto estético hambriento pero débil. Me sorprendí tanto cuando escuchaba a DRI como cuando venían los Wailers. Ahora cada vez me gusta menos todo. La música muere sin entusiasmo y el entusiasmo muere sin unos países sónicos debidamente marcados. Ahora ya no soy el pendejo inquieto que devoraba cuanto casete y vinilo coleccionable se me presentaba, que grababa el especial de la radio y lo esperaba con el nervioso dedo atento al REC. Que después se sorprendió con los cassetes regrabados directamente del Vinilo del persa bio bio con una fidelidad celestial con respecto a los cassetes corrientes. Que se gastó lo que no tenia por las Sesiones del señor John Peel. Que adaptó como un carpintero profesional la repisa de cassetes en una nueva para los CD. Ahora se puede llevar todo “nuestro país” , en un ipod, pero ya no interesa, ni el novedoso juego marquetero de Radiohead al comercializar su nuevo álbum sin compañías intermediarias llama la atención. Soy de esos vagabundos que no participa de esos artificiales gestos anti-mercado, de nada nuevo en cuanto a marketing virtual. Solo recojo lo que bota la ola. Bajo música en el tarro de basurero, como lo que puedo y lo demás lo boto.
Cada nueva adolescencia necesita el recreo para poner su música, pero no hay tanta gente como yo que este dispuesta a escandalizarse.
Ya era hora de bajarme de la micro, las adolecentes casi gritando dicen que hoy en la noche se reventaran hasta morir, el bus entero va un poco choqueado, comprendo que es hora de darles una mirada de desapruebo, ellas me miran como satisfechas, como cumpliendo su objetivo. Soy mayor y debo desaprobar los insultos, las drogas y el poquerock. Ellas me miran al pararme y se desconciertan, olvidé que andaba con una polera que había diseñado hace unos días y que sorprendió a las “Vichual”. Olvide por que iba sonriente como idiota todo el camino, había estampado en mi polera la sentencia: “Menos Platón y mas Prozac”
Me acorde que había leído tiempo atrás que ciertas especies de focas árticas duermen a lo mas tres minutos seguidos , ya que su habitad es muy peligroso, o sea su eterno sueño interrumpido las obliga a vivir constantemente afuera .Eso es una de las cualidades que diferencian a los animales de los hombres, mientras los primeros viven en un constante “afuera” ya que el mundo para ellos es un eterno peligro, un eterno sobrevivir que los obliga a estar en una inquebrantable alerta, el hombre puede interiorizarse, relegarse. Irse a su interior, prescindir en parte del eterno mundo hostil. El adolecente es parecido a esa foca de sueño intermitente, necesita, para sobrevivir a ese bombardeo hormonal, residir afuera , constantemente prueba al mundo , tantea reacciones, provoca y trasgrede. Esas niñas necesitaban de su combustible que era mi cara de rechazo, ellas eran lo que llaman curiosamente “Visual”.
Como no notar ese gesto “vichual” como le dicen si yo también tiempo atrás me vestí de todos los colores posibles, que seguía a ese Transformer de Lou Reed que ahora me parece horrendo cuando se pintaba, (al contrario de Bowie que cuando no se disfraza parece precisamente que esta disfrazado).En la música pop el adolecente entre mas visual se va transformando en menos auditivo. ¿Como confiar en su gusto musical, en sus criticas, en su ropa? Recuerdo esa anécdota de Bono que quería nombrar a su disco Pop Pour homme , o sea pop para hombres (en su sentido genérico) , para así alejarse de ese espíritu adolecente, un juego irónico radical que por supuesto ninguna compañía disquera le aguantaría.
Recuerdo con esto mi adolescencia, en mi liceo, cuando con una gran conquista de espacios y en una muy imaginativa jugada para esa época, el centro de alumnos consiguió, en un liceo que no se caracterizaba por otorgar grandes libertades, que los alumnos que quisieran llevaran un casete con su música para, a modo de dj , ponerla en los recreos. Me sorprendían los compañeros que llegaban con su música, desde Danzig hasta Erasure. Desde Motorhead hasta Jimmy Somerville. Cada estudiante que lograba poner su tema en el recreo a todo volumen se sentía orgulloso de su estilo, como cuando en las olimpiadas se entona el himno nacional. Por que mas que escuchar música cada uno predicaba cual era el camino a seguir (y cual pifear). En cada canción se exhibía una declaración de principios, una bandera. Escuchar música, era algo secundario, lo principal era un gesto diplomático, dar a conocer su respectivo “país”, su estilo, su “Vichual”. Ahora comprendo lo que el otro día me dijo un amigo y que yo en primera instancia lo encontré un poco obtuso : “No te puede gustar todo” -dijo, confieso que pensándolo mejor creo que tenia razón, ahora comprendo por que en mis tiempos escolares jamás llegue con mi cassetito para que el encargado del centro de alumnos lo pusiera por los potentes parlantes y esperar que la audiencia fuera benévola con el himno de mi país sónico. Me gustaba todo. Y eso quizás mas que una virtud habla de un gusto estético hambriento pero débil. Me sorprendí tanto cuando escuchaba a DRI como cuando venían los Wailers. Ahora cada vez me gusta menos todo. La música muere sin entusiasmo y el entusiasmo muere sin unos países sónicos debidamente marcados. Ahora ya no soy el pendejo inquieto que devoraba cuanto casete y vinilo coleccionable se me presentaba, que grababa el especial de la radio y lo esperaba con el nervioso dedo atento al REC. Que después se sorprendió con los cassetes regrabados directamente del Vinilo del persa bio bio con una fidelidad celestial con respecto a los cassetes corrientes. Que se gastó lo que no tenia por las Sesiones del señor John Peel. Que adaptó como un carpintero profesional la repisa de cassetes en una nueva para los CD. Ahora se puede llevar todo “nuestro país” , en un ipod, pero ya no interesa, ni el novedoso juego marquetero de Radiohead al comercializar su nuevo álbum sin compañías intermediarias llama la atención. Soy de esos vagabundos que no participa de esos artificiales gestos anti-mercado, de nada nuevo en cuanto a marketing virtual. Solo recojo lo que bota la ola. Bajo música en el tarro de basurero, como lo que puedo y lo demás lo boto.
Cada nueva adolescencia necesita el recreo para poner su música, pero no hay tanta gente como yo que este dispuesta a escandalizarse.
Ya era hora de bajarme de la micro, las adolecentes casi gritando dicen que hoy en la noche se reventaran hasta morir, el bus entero va un poco choqueado, comprendo que es hora de darles una mirada de desapruebo, ellas me miran como satisfechas, como cumpliendo su objetivo. Soy mayor y debo desaprobar los insultos, las drogas y el poquerock. Ellas me miran al pararme y se desconciertan, olvidé que andaba con una polera que había diseñado hace unos días y que sorprendió a las “Vichual”. Olvide por que iba sonriente como idiota todo el camino, había estampado en mi polera la sentencia: “Menos Platón y mas Prozac”
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