martes, 3 de enero de 2017

Diario



"Quien no ha vivido antes de 1789 no conoce la dulzura de vivir" leo en la contraportada del libro "La fisiología del gusto" de Jean-Anthelme Brillat-Savarin en la librería del mall. 
Me compro un gorrito de pescador a lo Hunter Thompson, dos poleras y un helado italiano (el mas caro de la historia de los helados) Vivo en el 2017. No necesito la vida azucarada de viejos fantasmas eruditos. Yo y mi sensación en el presente. No hay otra cosa para mí. 
Increíblemente un copón de helado llegaba a costar casi lo mismo que ese famoso libro de la dulzura del vivir. 
1789 no te imagino mas feliz que mi helado italiano.

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La profecía de David Foster Wallace se hace cada vez mas evidente. En el mundo de la medianía laboral, no triunfa ni el excelso, ni el honrado ni el virtuoso, simplemente triunfa el que mejor soporta el aburrimiento. Es por esto que el colegio es el mejor entrenamiento para esta resistencia. Los mejores alumnos son excelentes empleados en el futuro.
Los educadores siempre están repitiendo a los jóvenes como ganarse la vida, ensayando vocaciones, instaurando principios, aconsejado los mejores campos ocupacionales. Nadie se atreve a nombrar el verdadero factor de la vida. El que marca la diferencia entre una carrera exitosa o fracasada. 
No tolerar el aburrimiento moderno es no ser capaz...
David Foster Wallace en "Conversaciones":
"Probablemente todas las profesiones sean iguales y estén llenas de un aburrimiento y una desesperación increíbles y de pedacitos bastante pequeños de realización de los que resulta bastante difícil hablarle a cualquier otro..."
Yo he sido un incapaz desde el minuto uno. Cuando por una extraña razón, que nunca comprenderé del todo, me sacaron del patio de juegos de mi casa y me obligaron a entretenerme en un lugar que no está diseñado para tal objetivo. La institución...

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Un día le pregunté, en medio de algún tema banal, a una mujer que quise mucho y de la cual no dudaba en ningun momento de su inteligencia:
¿Que acaso no te gustaría ser famosa ?
Ella frunció el ceño como creyendo que yo bromeaba, y seguramente sintiendo que me caía un poco más con esa pregunta colegial, respondió 
-No, para nada. Qué tontería. Lo dijo con una seguridad escalofriante.
¿Me habrá querido menos después de esa pregunta?
Y sí, tenía razon. Yo quizás me había juntado toda mi vida con pandillas de gentes, que en su fuero interno, querían ser de alguna u otra forma famosa. De un típico espíritu adolescente. 
Ella, con ese simple y cruel gesto de indiferencia y burla, me plantaba la estupidez de este deseo en mi cara.
David Foster Wallace, con su genialidad de costumbre, ya había notado este gran conflicto que daba verdadera forma a la psique norteamericana. La llamó "la gestión de la insignificancia".
Las redes sociales son en mayor o menor medida, gestiones (con o sin éxito) de la insignificancia. 
Una foto bañando al perro de la familia acepta sin ninguna vergüenza, una gestión muy débil de la insignificancia. Es más, la insignificancia de estos gestos, para muchos encierran una ternura inédita que los hace dignos de que nosostros, los ajenos, los disfrutemos con sinceridad.
Ya en la insistencia en la publicación de un libro, una disco, una tocata, un taller y todo acontecimiento que supere la foto del baño del perro, tiene una gestión de la insignificancia mas elevada. 
La gente quiere ser famosa, a lo menos en la medida de lo posible. Quiere que la conozcan en el bar al que siempre va o entre el grupo de poetas que le simpatizan. Quiere ser famoso en cualquier contexto que le haga olvidar por completo su natural y dolorosa insignificancia.
Foster Wallace escribe en "Extinción":
"La gestión de la insignificancia. Era el gran vínculo sincrético de la monocultura de Estados Unidos. Estaba por todas partes, en la raíz de todo: de la impaciencia en las filas largas, de las trampas en los impuestos, de los movimientos en la moda y en la música y el arte, del marketing...
Era la sensación de que los famosos eran tus amigos íntimos, junto con la conciencia incipiente de que millones incontables de personas se sentían igual...y de que los famosos no..."
La insignificancia la podemos encontrar tanto como bandera de lucha en Robert Walser o como tema central en la última novela de Kundera. Será un tópico omnipresente de los nuevos tiempos. Pero hay algo común en la mayoría. La gente que quiere ser famosa no entiende que haya gente que no quiera serlo y a su vez la gente que no quiere ser famosa se pregunta como hay gente que pueda desear semejante fantasía. Ambas gestionan su insignificancia con distintas energías y dedicación. 
La gran diferencia que existirá en los grupos sociales del futuro, consistirá exclusivamente en un tipo distinto tipo de gestión mediática de su Yo.
¿Te gustaría ser famosa? Será una pregunta obligatoria en la primera cita amorosa o en una entrevista de trabajo. El primer bosquejo serio de la psiquis del aspirante...

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El hombre es el único animal que espera. El cristianismo es la religion de la espera. Esperará toda la vida si fuese necesario. La espera es la fe temporalizada.
Godot no llegará nunca.
Para el que no cree, quizás hay algo mas terrible que la espera. El verse obligado a ignorar. El ignorar de por vida a alguien que se necesita con urgencia. En la religión del amor se debe soportar ignorar dolorosamente a la que se desea.
Es mas doloroso, y por ende real, el trabajo de ignorar que el de esperar, este último sólo es absurdo.


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La primera noticia que leí en la mañana, una niña de quince años que se prepara para ser el primer ser humano en llegar a Marte. Su nombre es Alyssa Carson. El pasaje es sólo de ida. No regresará jamás. 
Es la Juana de arco espacial, el Major Tom de Bowie, el Rocket Man de Elton John. Todas las horrorosas fantasías del vacío juntas.
Ni Robinson Crusoe, ni ningún aventurero de la historia llegará a igualarla jamás en soledad. A los quince años se prepara para ser la persona mas sola del universo. Es fascinante.

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Una vez estaba presente cuando un hombre se suicidó en el costanera center (hoy se lanzó otro). Entonces se ejecuta el protocolo de rigor, la PDI llega rápidamente y monta una carpa azul que oculta el cadáver o lo que queda de este. Se cierra el perímetro con una hincha escoltada por guardias herméticos que no responden ninguna pregunta. Tras esa carpa de campaña está un cuerpo aplastado por la realidad. Cinco minutos de reflexión de la madre con su hijo antes de entrar a Falabella.
El mall, al pasar la curiosidad inicial, sigue funcionando en total normalidad. 
La gente se indigna de este frío procedimiento. No imagino otro. No imagino ceremonias en barcas indígenas ni cremaciones hindúes. El hombre se mató en un mal lugar, por asociar el suicidio a la desesperación, donde sólo el espectáculo da un sentido final al último gesto del narciso.
Ojalá que llegase el tiempo donde los hombres dejen de asociar el suicidio a la desesperación, por ende al espectáculo. Silenciosos cortes en las venas, cicutas filosóficas, hermosas inyecciones letales. Todo en la mas sosegada y calmada intimidad. 
¿Cuál es la diferencia entre un suicidio así tan espectacular de uno estoico?
Séneca, un gran comentador del suicidio y ejecutor del suyo, enseñó algo importante al respecto:
El hombre fuerte y sabio, de la vida no debe huir, sino salir (non fugere debet e vita, sed exire)


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Sí, desde niño estoy enamorado de la desesperanza oriental, es sólo por esto que me gusta la literatura contemporánea y no viceversa. No hay buena literatura sin una desesperanza rotunda y fría como el universo.
Tal como el cerebro debe poseer zonas especiales para alojar el misterio de la superstición, así mismo debe contener un área específica para la desesperanza. En algunos surge moderada, en otros totalmente omnipresente. Por esto también que se me debería prohibir o por lo menos sugerir la no intrusión de mi participación en la actual educación occidental. Almíbar de pura esperanza. Como nadie me lo prohibió, en este ámbito yo mismo hice de censor de mí mismo.
Lo que poseo no se debe enseñar.
Vida vacía y carente de sentido. Una buena alternativa para abordar con seriedad el budismo. 
Y no es casual que hasta los mismos maestros zen recordaran a sus discípulos que "al buda y al diablo los separa el grosor de un cabello..."

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Tal como para las antiguas generaciones el matrimonio era la condición social predominante, hoy lo es la separación.
Todo separado o separada se hace la misma pregunta siempre ¿Cómo voy a soportar a esta edad, infectada de lucidez, que entre en mi vida un completo desconocido?
Todo conocido fue en primera instancia un desconocido, esto bastaría para incentivar a una próxima aventura. Pero la lucidez no se puede deshacer. Y es precisamente la falta de lucidez y una juvenil ingenuidad, las que propiciaban en el pasado, el lunático arrojo de creer que abrir las puertas del propio reino a otro nos mejoraría.
La etimología de "ingenuo" es curiosa, significa haber nacido libre y no esclavo. 
El ingenuo es libre de la esclavitud de la lucidez, de la lógica. Probablemente sea el tipo mas adecuado para el amor. 
El ingenuo amoroso. Un noble que ha muerto en nosotros. Esta es realmente nuestra verdadera separación...


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Lectura del diario de Barbellion para empezar la mañana. No es difícil darse cuenta que un gran porcentaje de los diarios íntimos son puras quejas estetizadas. El diario es su género. Y habría que precisar tal vez que estos diaristas eran en primera instancia grandes quejumbrosos antes que escritores . Por esto es ridículo que un diarista aspire a ser popular, a leer en público sus escritos, fingiendo ser un star rock, como nos acostumbran los poetas jóvenes. A los diaristas no se les debería citar a lecturas públicas sino a hospitales públicos.
Quizás el mas famoso de los quejumbrosos fue el Jeremías bíblico. A Dios le hace la pregunta del millón:
"Señor, tú eres justo
aunque yo discuta contigo.
Sin embargo, te voy a exponer argumentos.
¿Por qué a los malos les va tan bien?
¿Por qué todos los traidores se salen con la suya?"
Dios responde simplemente que es una especie de entrenamiento. De hecho para explicarles a la gente la médula del cristianismo que busca el paraíso, basta con decirles que este mundo de sufrimientos sinfín es un entrenamiento. El servicio militar del corazón.
Pero el diarista no quiere salir a entrenar. Es absurdo. Escribir es quejarse de la vida y es el único tipo de entrenamiento que el diarista se puede conceder. Sedentarios espirituales, no van a ninguna parte, no recojen ningún mérito, no esperan nada. Cantan un sólo himno pulcramente afinado. La queja, su paraíso.

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Hay una especie de energía invencible en las madres que tienen un hijo enfermo o con alguna discapacidad. Son admirables. Todos los días veo una distinta y me restriega el corazón. No hay espacio en ellas para el pesimismo. Si se reuniera toda esa "energía" sentimental que sale de ellas, sin duda derrotarían mil Troyas.
Hay muchas estadísticas crueles al respecto. Los hombres en general, tienden en estos casos a abandonar o mantener alguna distancia con cualquier "tragedia". Hijo discapacitado, luto, novia con algún tipo extraño de cáncer, etc. Me reservo (con un aplauso) las raras excepciones.
Pienso en la fuerza de los espartanos, que sin embargo, como los leones, no toleraban la discapacidad. Sólo sobrevivían gracias a la eugenesia. Enfrento la fuerza de los espartanos con la fuerza de las madres. ¿Quién vence?
No hay dos verdades en Nietzsche para la tragedia. La explicación para los actuales es cruel. El pueblo, el que está afuera de los iguales, debe padecerla en carne y hueso, el fuerte, la aristocracia intelectual, la padece en tanto la conoce.
El rito tradicional de los espartanos lo sabemos por historiadores hombres. Cualquier recién nacido con alguna discapacidad, era de inmediato arrojado desde los acantilados del Monte Taigeto. No existe una historiografia de las madres. Ignoramos el dolor instintivo que debieron sentir al arrebetársele algún hijo discapacitado de sus manos. Sin embargo debían sumarse y aceptar el sistema.
El pesimista (siempre masculino) tiene quizás el don de ver en toda su desnudez, el significado profundo y doloroso de todo lo que acontece a los mortales en su fugaz paso por la tierra. Vive en un monte.
La madre, exiliada de la tragedia, no está para ver hielos eternos, sino inmuscuirse en los profundos y fértiles valles del sentimiento.
Ambos son indispensables y se hacen sufrir mutuamente. La que padece la tragedia y el que la conoce...

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No tengo talento, que la mayoría de las veces, los dioses, (para no sentirse amenazados) lo brindan a los hombres en una sola área.
Tengo algo mas numeroso: Obsesiones. Me muevo en un territorio mediocre, pero profundamente humano...

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Para mí el proyecto mas hermoso para un libro es el que explica Montaigne para el suyo. Avanzar con sus ideas, sentimientos y opiniones quizas "no para espíritus comunes y vulgares, ni tampoco a los singulares y excelentes; aquéllos no los entenderían suficientemente, y éstos los comprenderían de sobra. De suerte que podría ir tirando entre las gentes de mediana inteligencia..."
Desde mucho tiempo, cuando leo y releo a Montaigne, siempre digo lo mismo: ¡Yo también quiero eso!

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Una de las cosas que mas me llaman la atención en esta loca vida, es como a cierta gente de letras les fluye la vanidad sin que ellos mismos se enteren de su propia segregación. Pareciera un sentimiento incontrolable. Tal como les brota el sudor. No escribo esto en tono de denuncia moralista. No exijo, incluso a la vanidad mas ingenua, que se le confronte con la famosa "humildad". A esta última la detesto. Lo contrario a la vanidad no es la humildad, es el cinismo (en el sentido filosófico del término) Reconozco a un cínico a mucha distancia y de inmediato quiero ser su amigo, son escasos. Los vanidosos son legión. No los censuro. Los veo como simple inconsciencia. Nada literario decente puede salir de allí. Han hecho de su goce un bucle que gira interminablemente hacia adentro. 
La indolencia del filósofo cínico no gira, se mantiene estática, como el más hermoso paisaje de campo.
Hubo en tiempo, en pleno periodo barroco, donde los pintores les recordaban lo pueril de la vanidad a los hombres, lo hacían con un truco muy sencillo. Pintaban un cráneo en una de las esquinas del cuadro. "Recuerda que vas a morir".
Bueno, este post es un cráneo.

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Leí algo de Francia que se aplica perfectamente aquí. Que probablemente la actual será una generación mas empobrecida que la de sus padres. 
Me divierte, con una cierta dosis de malignidad extraña, pensar que no poseo nada, absolutamente nada. Quizás la tranquilidad de que este despojo de todo se fue creando de forma voluntaria, por ende con un sentido noble, aristocrático. 
Pasó por la vida y nada fue completamente suyo. Un epitafio de ensueño, a lo Rabelais...


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"Bebo porque cuando ocurre pasan cosas", decía Francis Scott Fitzgerald y es cierto. No se trata de predicar un alcoholismo irreparable, quizás una cerveza un lunes, dos un martes, y así matizando la semana. No para emborracharse. Que se yo la medida de cada cuerpo, pero siempre pasan cosas. Eso sí, conviene hacer muchas horas de ejercicio, fisico y mental, para contrarrestrar los vicios. La etimología del vicio lo emparenta a la figura del padrastro, lo fuera de la normalidad del linaje. ¿Una desviación anómala de las cosas que pasan ?
Pero cuando se bebe ¿Qué cosas pasan? Casi siempre mujeres encantadoras, que se vuelven rotundamente honestas, alejadas de lo políticamente correcto, enseñan. También pasa el humor profundo del amigo que saca carcajadas, de esas tan escasas hoy en un mundo demasiado serio. Pasan fotografías, conversaciones mundanas, atardeceres inolvidablemente rojizos, una nueva interpretación de una vieja canción de Neil Young, la loca sensación de que el amor puede venir nuevamente, etc. Sí verdaderamente pasan cosas. 
"El hombre que bebe es un hombre interplanetario" escribio Marguerite Duras, a la que se le pasó la mano cósmica.
Hay muchos días que no bebo. A veces temporadas enteras. Allí no "pasan cosas", realmente no cosas como las que describí. Debo imaginar, interpretar, (se edita sobrio dice Hemingway) documentar los periodos donde pasan cosas. Es un tiempo alegre, como el de la cosecha.
En mi vida siempre me di cuenta que el que se enganchó en el alcohol fue porque vio en este un fin más que un medio. Siempre descuidó el escenario donde se bebía, allí el primer signo de ver al alcohol como un fin en sí mismo. Al que bebe así no le importan o le importan menos las "cosas". Así, el adicto nombra como señor de sí mismo a sus propios nervios. Se hunde.
El único señorío que el escritor debiera reconocer son las cosas mismas, las cosas que pasan.

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Una de las paradojas (y tristezas) más grandes que me produce la arenga de la liberación de la mujer, es esa que impulsa a alejarlas de la casa y a ganarse un salario en el incipiente y competitivo mercado de trabajo. ¡Cuánto daría yo por ser una dueña de casa! Pienso en Montaigne, Thoreau, el último Rousseau, Cheever y tantos otros. Grandes dueñas de casas.
Quizás lo que se debería impulsar es la renuncia al marido y a los hijos (impulso que sólo se debería dar estrictamente a las que deseen la libertad tanto como el oxígeno, a nadie más, la tierra se debe poblar)
¿Cuantos años tomó al hombre moderno darse cuenta que el trabajo es un saco vacío, que no hay nada en el fondo de él? Cientos de electrodomésticos, viajes y tarjetas de crédito, hedonismo de fast food, para volver al mismo origen mudo.
La mujer aún cree (se resigna) que en el trabajo hay dignidad, progreso, futuro. Que la oficina es el nuevo barco de Ulises.
Para muchas en la casa sólo hay monotonía , esclavitud y hastío. No han pasado aún por la reforma espiritual contra el trabajo. La casa es el domo, donde se es domesticado. No hay rebeldía allí, ni pensamiento, ni menos paz. Este malentendido es griego. Para ellos sólo podía ejercerse diferencia jerárquica, hasta violencia en el ámbito privado. Luego al salir de casa todo se igualaba en lo público. Incluso mas allá de las murallas de la polis podía volver la violencia privada al ámbito de la guerra externa con los bárbaros. A Sócrates se le invita a beber cicuta para no ejercer violencia física en la polis, un reducto de donde estaba totalmente excluida.(La cruxificcion pública debió ser una soberana barbaridad para los griegos que las vieron por primera vez, observar esos salvajismos les debilitaron) Pero la brillantez del espacio público griego es distinta al biombo del empleado público, a la fila del banco, al matutino café oficinista.
La poética de la casa como el recinto de la paz es oriental. Los grandes jardines de la ceremonia del té, el retiro doméstico de los monjes, la abuelita que riega sus plantas. Mis máximas influencias.

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"Es fea la palabra culiar pero no existe otra", decía un muy lingüístico Claudio Bertoni en una entrevista que le leí hace un tiempo. Es cierto, Bertoni es uno de los que mejor usa esta tan temida palabra en las letras chilenas. Ni la insípida "tirar", ni la españolísima "follar", ni la infantil "acostarse", llegan con tanta precisión a representar la expresión cruda del coito en el idioma "chileno" como el "culiar". La poesía debe enterarse de esto.
Este preámbulo lingüístico guarda relación con la interesante polémica que se ha producido recientemente con el subtitulado "al chileno" de la película “¿Por qué él?”
Después de que la productora informara que el guión de esta película será adaptado al mas estricto dialecto chileno, no tardaron en surgir tanto detractores como entusiastas fans de tan inédito experimento.
Si vemos el trailer de esta comedia, plagado de insultos y malas palabras (garabatos) en inglés, sabemos que es la que mejor se podría prestar para este proyecto. Es extraño que los que se oponen a este tipo de subtitulado criollo, esgriman que con ello se fomenta el mal uso del lenguaje (ignorando por completo que lo coloquial del discurso viene del guión original). 
Hay que reconocer que la traducción al principio incomoda y se debe de seguro, a que perceptivamente nos acostumbramos a traducciones históricas muy formales, que eran las que reinaban la televisión de los años ochenta. Por ejemplo el "fuck you" inexplicablemente se traducía como "maldición", o peor aún, como "con un demonio". Otros argumentan a favor de esta divertida "chilenización" de Hollywood, de que ya estaban aburridos de los modismos mexicanos que rompían el pacto neutral de traducción en algunas comedias, con los típicos "wey" o "pinche cabrón". Curiosamente también he escuchado, en muchos lectores chilenos, que cada vez están más aburridos de los “cabrones”, “pinches ” y “chingadas” de Roberto Bolaño en los Detectives Salvajes. El pequeño chileno chovinista que reclama jus solis en el escritor, extraña que Bolaño no lance de pronto un "Por la conchetumare"
Un día leí que la pésima traducción del slang de Pulp Fiction hacía perder un 50% de su encanto. Creo que esta película sería el proyecto más interesante de traducir al chileno.
Un ejemplo, cuando en la traducción original mostraba a los dos mafiosos alegres de que el señor Wolf les haya solucionado el problema que traían consigo (que adentro de su auto tuviesen un negro con sus sesos desparramados) cosa que los hacía felicitarse entre sí, el señor Wolf, aún escéptico de haberse librado totalmente del lío en que se encontraban, les contesta: "Well, let's not start sucking each other's dicks quite yet"
"Bien. No cantemos victoria aún", traducía el neutro latino tradicional. Nada mas alejado de la poesía original que quiso imprimirle Tarantino en su guión, que si traducimos al chileno sería algo como:
"Bien. No empecemos a chuparnos el pico todavía"...
"Es fea la palabra culiar pero no existe otra" así debería partir el nuevo manifiesto de la poesía chilena del siglo XXI.

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A pesar de que el slang de internet se haya apropiado de la sigla ONS (one night stand) sexo casual, sólo de una noche, el término anglo se usa desde hace mucho tiempo. Si revisamos Wikipedia nos daremos cuenta que lo han ocupado desde alegres series de televisión hasta chispeantes canciones de pop. 
Cada vez se verán mas perfiles de Tinder de chicas aclarando su reticencia al ONS. ("No busco sexo casual, hombres ONS next") Si un hombre también rechaza estas ONS habría que eliminarlos de inmediato por su tendencia a la mentira compulsiva.
Sería interesante hacer una genealogía del sexo casual. Por supuesto que en el neolitico es muy poco probable su existencia, pero ya en los baños públicos de los romanos antiguos, podríamos encontrar antecedentes serios de ello. 
Estrictamente requerir los servicios de una prostituta no sería ONS, este apuntaría mas bien al ámbito del dating, de la seducción rápida y efímera y no al de un servicio comercial. Esto hace mucho más compleja su datación histórica. 
Probablemente el sexo casual sea inmemorial, pero sólo como accidente, como acción consensuada y abiertamente social, debe llevar pocas décadas. 
En contra de la ONS estaba la afrenta que antiguamente significaba para la mujer una noche sin ser desposada, sumada a la fragilidad financiera que traía un hijo natural por la falta de anticonceptivos infalibles.
El invento de la píldora y el relajo de costumbres en torno al sexo llevó a Philip Larkin a fechar el inicio de la "jodienda" y el sexo libre entre el final del proceso judicial al libro de Lawrence, "El amante de Lady Chatterley" y la salida del primer disco de los Beatles (1960- 1963) Bueno esto en Inglaterra, nosostros hijos tardíos de cualquier liberación y sumidos en una más de las carnicerías militares tan de moda en Latinoamerica de esa época, difícilmente podríamos coincidir con esa fecha.
En Chile el inicio del sexo libre y del ONS sistemático, probablemente fue entre el plebiscito de 1988 y el lanzamiento del primer disco de la banda de eurobeat Corona "The Rhythm of the Night" (1993) que bailábamos con mis amigos sin temor al ridículo en una discoteca de calle 18 con Alameda, inaugurando así de forma oficial la era de la ONS chilena. 
Es necesario que la chica que en Tinder rechaza vehementemente la ONS, sepa la dura conquista histórica que se tuvo que realizar para poder tenerla a su disposición. Quizás así la valore más. 


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Maurice Blanchot escribió una vez: “Kafka tal vez quiso destruir su obra porque le parecía condenada a profundizar el malentendido universal...”
Ecléctico como siempre, Blanchot no profundiza mayormente sobre que es ese malentendido universal. Hace como que nosotros lo tuviesemos interiorizado. Y efectivamente luego de un momento, al contemplar todos los rostros en el metro, en la plaza ciudadana o en la oficina, sí, intuimos por fin un gran malentendido universal (del que somos también importantes socios), y sin preocuparnos mucho de aclarar nada (cosa imposible), seguimos nuestra automática marcha profundizándolo aún más, sin tener incluso la necesidad de destruir alguna obra para evitarlo. No hay obra. El malentendido universal es la única obra posible. No lo detiene ni siquiera la incineración de la verdad. El gran malentendido universal es el hombre...


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¿Cuál será el origen de la curiosa costumbre actual de decretar las cosas que me sucedan? ¿De tener un poder no sólo sobre mí si no sobre el universo? (Ni los faraones se atreverían a una potestad tan grande)
Innegablemente el auyoayuda y el new age son hijos degenerados del sujeto trascendental de Kant, aunque este se sorprendería hasta que estado fantasioso pudieron llegar sus ansias de autonomía "racional".
Que una peluquera, un taxista, un tarotista, tengan en sus manos su propio destino con un simple decreto personal, dictado a la hora del desayuno, (cosa que en la antiguedad ni Zeus tenía), hacen de cada individuo moderno una broma itinerante. La broma más grande de la historia.
En Grecia "La Moira", que hila la hebra de la vida, tenía incluso mas poder que un dios. Hoy el gran trabajo del destino está en paro. En su reemplazo vemos a un humilde funcionario notarial interno, que decreta su devenir universal con un lapiz bic en la mano. 
Paulo Coelho es nuestro Cicerón...

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"Sí, estoy cansada. Y ¿sabes una cosa? Tengo casi cincuenta años y nunca he entendido nada en toda mi vida..." 
(Richard Yates "Las hermanas Grimes")
"¿Y sabes una cosa graciosa? Tengo casi cincuenta años y nunca he entendido nada en toda mi vida..."
(Richard Yates. "El desfile de Pascua")


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Imsomnio con Black Mirror. El episodio Blanca navidad ha pasado los niveles normales de perturbación.
Pienso en mi propia idea de futuro.
El gran problema actual es que no existe el comunismo sexual. El otro día en la calle vi a dos tipos que se angustiaron al ver pasar a dos mujeres muy bellas. Sabían que no las "tendrían" nunca. Siempre esos episodios me hacen pensar mucho. Me genera además gran curiosidad que la desigualdad sexual, tal como se hace con la desigualdad económica, hoy no se la perciba como un problema (y quizás sea el principal) 
Esto se resolvería si existiese una especie de compleja aplicación que clonara a la mujer deaseada y le implantara una atracción hacia tí. Una especie de clon virtual que sólo actuara en la conciencia del demandante. El acoso no existiría por que el acceso sería total. Todo hombre tendría una experiencia sexual con la realidad ampliada. El acto sería a nivel neurológico, la mujer no sería materializable.
Por primera vez en la historia de la humanidad se resolvería una de las injusticias mas grandes del mundo. Obreros podrían tener aventuras con modelos de la televisión, dueñas de casa con artistas de Holywood. El rechazo a estas tecnologías vendría siempre del mismo porcentaje que hoy no acepta la eutanasia. Confunden el dolor promedio de la vida, con el dolor miserable, extremo. La sensación hacia los rechazos de las mujeres de un hombre promedio (y viceversa), piensan, es igual al del hombre que sufre cifras de rechazos extremos. 
El acceso total, el comunismo sexual, quizas sea la primera tarea a resolver por parte de las nuevas tecnologías en inteligencia artificial.
Es perturbador ya lo sé, pero de eso se trata el futuro...

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Si en la segunda frase de una cita posterior al saludo, la pregunta es ¿en que trabajas? denota enseguida falta de imaginación (suponiendo que el gran porcentaje de citas del siglo XXI será a ciegas). Esto no quiere decir que la pregunta sea innecesaria, porque lo que se está buscando en un escenario de desconocimiento total, es un cierto tipo de seguridad. Y los tiempos actuales pagan mejor la seguridad que la imaginación. La curiosidad por saber que producimos es comprensible, allí está toda la médula moderna, mérito, iniciativa, responsabilidad, talento, posición, etc.
Transcribo un largo párrafo de un libro que no está en internet, es lamentable porque hace perder tiempo y puede llevar a la tendinitis. Me gustaría dictarle al computador igual que los autores antiguos a sus escribas. Triplicaría mi producción. La sensación que de pronto siento con este acto, es su absoluta y total inutilidad. Una inutilidad que me ha perseguido toda mi vida. Una inutilidad que se hace conciente entre más viejo me hago, porque cuando niño nada era inútil y todo necesario, acarrear un poco de arena de allá para acá, pintar una pata de una silla, sumergir las manos en el agua y quedarse viéndolas fijamente, etc. Cuando crecemos nos damos cuenta que ya no acarrearemos más arena en puñados, ni pintaremos las patas de las sillas, ni observaremos nuestras manos en el agua. Estamos atrasados para producir lo serio, las ordenanzas maduras y lo principal, recibir algún pago por ellas.
Mis índices de producción social están al rojo y está prohibido medir a la imaginación aritméticamente, así que cada cual debe llevar un registro interno de cuanta belleza puede arrojar al mundo, por nada y para nadie. Este registro impreciso, gratuito y misterioso es lo que normalmente llamamos "corazón".

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“A los treinta años presume ya Stendhal de que no es un ejemplar de hombre defectuoso, sino que más bien es extraño…que nacen ahí y aquí en los diferentes países como piedras preciosas…No hay que tener vergüenza en no tener éxito en ese mundo acanallado…desde que ha hecho este descubrimiento de superioridad, Stendhal soporta todas las humillaciones, su estancamiento en su carrera, los desprecios de las mujeres, su falta absoluta de éxito en la literatura …Victorioso, aquella sensación de ser un anormal que antes le poseía, se transforma ahora en una sensación de orgullo…solo visible para los ya iniciados…
Como un terrible avaro, defiende ese tesoro de su "yo" y muy pocas veces deja que alguno de sus amigos eche una rápida ojada en esa su cámara interior, a través de rejas o mirillas… Naturalmente que así se echa a perder cualquier camino que tome; nada puede llegar a hacer como soldado, ni como diplomático, ni como literato; pero eso solo sirve para aumentar su orgullo…y es verdad, nada es para la gente y siempre será un nadie para esos nadie. Es feliz al no agradar a nadie, al no poder entrar en ninguna de sus clases, de sus razas, de sus ciudades, de sus patrias; le entusiasma la paradoja de caminar con sus propios pies sobre un camino propio en vez de trotar junto con todo el rebaño por el camino del éxito…
Siempre que por necesidad ha de tomar una profesión o llevar un uniforme, sólo pone de sí mismo la cantidad mínima, imprescindible para no ser arrojado de la comedera, pero ni una pulgada, ni un ápice más. En cada empleo, en cada profesión, en cada actividad, logra conservar su independencia a fuerza de habilidad…si escribe novelas no por eso se considera parte de la profesión de escritor…Ni en el arte ni en la ciencia, ni menos en su empleo, pone nunca nada de su propio ser, y quizás en toda su vida, ni uno solo de sus camaradas, pudo adivinar que servía en la misma compañía del mejor escritor francés o que copiaba actas en su misma mesa de trabajo…”
(Stefan Zweig. “Stendhal”)


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Un día le leí por ahí a un escritor que no recuerdo, que no quería que su hermoso lugar de origen se volviese turístico, porque lo único que conseguiría esto era que la población de allí se convirtiera mayoritariamente en sirviente.
¿Ser sirviente es realmente un trabajo? ¿O en el Capitalismo es un vicio necesario al sistema?
Los beneficiados de este servilismo, la clase media y alta que trabaja en los mejores empleos y que necesita que le barran la casa y les cuiden los niños, defenderán esta labor como un verdadero e importante trabajo. Cuando les preguntan sobre este tema no tardan en lanzar siempre su emotiva frase: "La empleada doméstica (la nana como le dicen en Chile) es muy querida, es parte de la familia". Por su parte la empleada también defenderá su trabajo, gracias a el educará a sus hijos, para que en el futuro estos aspiren a los mejores empleos, suban su nivel social y contraten nuevos sirvientes y así en un ciclo sinfín.
Me acuerdo de una entrevista que leí tiempo atrás a Giuseppina Grammatico, una gran profesora de Lenguas Clásicas (la conocí y era brillante) Al final y después de un dialogo de alto vuelo intelectual, la profesora dijo algo que me llamó mucho la atención. "Nunca he tenido empleada", señaló con énfasis. Después de hablar de profundos asuntos históricos, la profesora lanzó esa frase no para hacer notar un simple asunto doméstico, si no para simbolizar una verdadera declaración de principios. Ella, que debió recorrer todos los rincones del triste servilismo griego y romano, sus miserias y esclavitudes, debía subrayar eso y con fuerza.
Pues bien hoy se ha armado una polémica al respecto. Un condominio ha prohibido que los hijos y parientes de las empleadas ocupen la piscina del edificio. La ordenanza sonó dura y no tardó en generar la ira en las redes sociales.
¿Por qué pasa esto?
Nuestro inconsciente culposo sabe que el sirviente no es un trabajador, que cualquier tensión hacia él es profundizar su abuso. La "nana" y sus hijos son parte de la familia. Eso nos calma.
Si el servilismo fuera un trabajo como todos, no habría ninguna polémica, simplemente se les leería su contrato y la ordenanza les aclararía sus deberes y obligaciones, estas dirían algo obvio: que sus parientes no pueden usar la piscina de la comunidad de propietarios. Deberes profesionales tal como los tiene el abogado o el operador de cable.
Pero ¿Como le voy a negar el uso de la piscina a una señora que atraviesa la ciudad para limpiarme el baño, mientras yo me tomo un trago exótico en el barrio Lastarria?
Yo comulgo con la austeridad romana de la profesora Grammatico: "Nunca tendré empleada"


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"Cómo eliminar el concepto de “trabajo” en sí, cómo atentar contra sus cimientos, entonces sí habrá una auténtica revolución, cuando el concepto de “trabajo” desaparezca, entendido como el trabajo por dinero, para vivir...
Soy un soldado de un batallón vencido. Las tropas se han ido: el campo de batalla está desierto, y yo he ido allí para examinarlo. Deambulo entre los matorrales, me encaramo a las construcciones e intento determinar la causa de la derrota. ¿Por qué nos han vencido?..."
(Eduard Limónov. "Soy yo, Édichka")

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En mis investigaciones directas e indirectas, (he preguntado muchísimo) me di cuenta de algo muy perturbador. No poca gente (y me cuido de exagerar y no poner derechamente mucha) me contó entre molesta y sorprendida, como hombres que ellos daban fe de que trataban "muy mal" (por decir un eufemismo) a sus parejas en la intimidad podían, sin ningún tipo de culpa (mas bien con un entusiasmo de guerrillero), lanzar proclamas públicas, muy vehementes, a favor de la causa femenina de turno. Y de paso ser muy crítico con sus pares masculinos poco sensibles al tema. Principalmente, y esto era lo sospechoso, se preocupaban mas de denunciar con rigor la falta de sensibilidad, la violencia y el deterioro moral masculino, que visibilizar el discurso que les convocaba. Una imagen muy parecida al del cachorro que antes de siquiera encontrar la tetilla para amamantarse, empuja a los demás integrantes de su camada exigiendo un espacio privilegiado.
Debe ocurrir en ellos una especie de expiación psíquica muy profunda de catalogar, como para no meditar sobre lo excéntrico de su comportamiento.
Uno con la edad puede llegar a la mas terrible conclusión filosófica, aunque la evite (¿o cabe en el campo de la etología?) Toda lucha social, toda empatía por el débil, todo altruismo, se basa en primera instancia en una necesidad de satisfacer un profundo y desconocido placer individual del que goza. Luego de satisfecho el placer originario, muy inconsciente, se puede profundizar y seguir en inercia hacia un discurso coherente, muchas veces mecánico. Todos esos hombres enarbolando banderas por una causa que ellos mismos en su mas oscuro secreto infringían, en primera instancia querían, como un adicto a la heroína, sentir ese inmemorial y desconocido placer que les invitaba simplemente a gozar de una forma novedosa y muy afin a los tiempos. Se expiaban. 
No es casual que las ideas mas altruistas de la historia se hayan transformado a los pocos años en simples cultos yoicos, desde el cristianismo, pasando por el Stalinisno hasta las deificaciones de comunismos orientales.
En la escala de la selección sexual, estos hombres quizas instauran un nuevo modelo de seducción, inédito hasta ahora en la naturaleza y aún desconocido en las construcciones culturales de género. Una especie de Maquiavelismo sexual. Una reorganización y evolución de las jerarquias en las estrategias de (post) seducción. La culpa expiada como un falo aún mas poderoso...


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Una de las cosas que me han llamado la atención de la distopía en algunos capítulos de Black Mirror: En el futuro no se remunera con dinero si no con puntaje. No nos parecerá muy extraño ya que en nuestro sistema de sociabilización actual, a pesar de que no presinde del dinero, la figura del puntaje, del like, se ha vuelto todopoderosa. Me atreveria a decir que el niño conoce primero el puntaje (un timbre en la mano, una estrellita en el cuaderno) que el dinero. No es casualidad que unos expertos en marketing, a modo de experimento, hayan convertido hace poco a un tipo común y corriente en un playboy millonario solamente manipulando su Instagram. De inmediato este hombre fue seguido y admirado por miles de personas. 
La alegría con que el hombre recibe su salario a fin de mes, es de distinta categoría a la alegría que siente cuando recibe un buen puntaje en las redes sociales. A medida que pase el tiempo esta última alegría se impondrá.


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Puedo aceptar que a un "artista" (que complejas son las comillas) se le pague por su obra para que viva. No acepto que la búsqueda de ese pago sea una instancia de encontrar en este, un significado moral.
Se le paga simplemente como se le da alpiste a las aves o pescado a la foca, para que sobreviva de la forma que más sabe hacerlo.
Digo un "puedo aceptar" y no un "acepto" categórico, porque en el fondo una vida de ocio creativo pago (si uno no es Schiller o Goethe) es una forma de alta provocación social hacia el resto de los trabajadores, en un mundo que ha llegađo a exprimir a estos de una forma nunca antes vista.
También está la tesis romántica que resuelve fácilmente este dilema ¡y que le importa al artista, al portador del fuego humano, el resto de los oscuros insectos! (Heine amigo de Marx, dotado de un alto grado de sensibilidad social, igual se lamentaba imaginando el futuro de un pueblo soberano que envolvería su pescado con las páginas de sus poemas)
El indispensable ocio creativo en los artistas debería venir más de la renuncia que de la subvención. La renuncia acerca al pensamiento, la comodidad a la burguesía, que hace como que piensa...

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La tentación del fracaso es el nombre de los magníficos diarios de Julio Ramón Ribeyro. La senda del perdedor una novela de Bukowski. El derrumbe otra de Scott Fitzgerald ("hablo con la autoridad del fracaso") El "Fracasa mejor" de Beckett. 
Curiosamente en los años noventas, el fracaso se encarnó en un popular estilo de rock. El grunge. Se instauró una moda. Incluso hubo un momento, en medio de esos poderosos riffs de Nirvana, en que a los jóvenes ya no molestaba (al contrario surgía un morboso orgullo) autoproclamarse un fracasado.
¿Qué es el fracaso? No es simplemente un estado de mal ánimo de escritores mimados. Su etimología no se remonta más alla de quinientos años atrás, probablemente francés o italiano. Es estrellarse contra algo. Los historiadores han identificado el momento en el que la palabra fracasar deja de ser un término naval (naufragio o choque de barcos) a convertirse en un sustantivo cotidiano de cambio: la derrota de la Armada Invencible en 1588. Juan José Saer identifica el origen de la moral occidental del fracaso en El Quijote de la mancha, el antihéroe épico .
El destacado historiador de las mentalidades Philippe Ariès dice calcado lo que Michel Houellebecq había escrito en su libro "Ampliación del campo de batalla" (probablemente Houellebecq haya leído con pasión "La muerte en Occidente"):
"Observo que en nuestros días todo el mundo tiene forzosamente la impresión, en un momento u otro de su vida, de ser un fracasado.."
Ariès precisa esta sentencia aún más al contextualizarla, y aquí lo impresionante, nuestro gran historiador destaca con elocuencia que esta sensación de fracaso no se conocía en la primera edad media. Esto es revelador. ¿De qué se fracasa? ¿Cómo ? ¿Por qué hoy esta sensación se volvió global? No es simplemente una reacción a la pobreza. Fracasan emocionalmente también los ricos, los medianos, los cultos, los famosos o las personas físicamente bellas, nadie está libre de tan moderno mal.
¿Por qué la primera edad media desconocía tal sentimiento?
Una explicación preliminar: en esos tiempos los hombres no tenían el timón de la vida en sus manos. El que se sume en una Providencia no fracasa. Es por esto que aún hay resabios de esta disposición en algunos modernos: Los religiosos "no fracasan".
El "fracaso" es hijo de la modernidad y el individuo. Alivia pensar que hombres no conocieron este sentimiento, esto nos hace entender a la Historia como una terapia. Los griegos clásicos no conocieron la compasión a la manera cristiana. Podrían ser racionales, justos, pero ese lenguaje meloso e inofensivo de la compasión paulina les era desconocida. Por eso hasta Aristóteles suena duro en algunos ejemplos sociales. Así mismo los primeros medievales se asombrarían de toda esta moderna literatura y música devota del fracaso. Y no sólo esto, se asombrarían también de que todos los hombres alguna vez en su vida se hayan sentido fracasados. 
¿Cómo puede un moderno transformar su nefasto estado de ánimo?
Leyendo Historia, estudiando las arbitrariedades de los sentimientos sociales, refugiándose en los cambios, descomprimiendo los temores. Riéndose de las esperanzas de artificio. Desmontando los (auto)castigos.
¿Qué es en definitiva esta sensación moderna del fracaso? 
Es la respuesta contingente e inmediata a la gigantesca presión que ejerce la existencia, de un determinado grupo humano y un periodo histórico, frente al vacío de poder para ejercer su propia vida.


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Ningún estado de ánimo es personal, uno nunca descubre nada. Si algo nos molesta de seguro le molesta a miles. Me di cuenta de una cosa. El autobombo literario en las redes sociales es de mal gusto. Tal como escribir con mayúsculas denota vehemencia. Esa molestia la leo constantemente en muros y hasta lo leí en un decálogo de buena educación virtual en una revista de tendencias. El autobombo es la publicidad exagerada de un autor a su producto (un libro, un evento) prescindiendo totalmente de generar contenidos.
Muchos "escritores" se mueven en las redes como una empresa, en un mundo donde ni las mismas empresas se mueven como tal. Canada Dry es un amigo más que nos cuenta su paseo por el parque. Relata y genera contenidos (aunque sean muy básicos ) mas que exigir que le compren sus productos. Esto no es porque las experiencias de Canadá Dry nos sirvan de algo, sino que los Community Manager han tomado conciencia que la venta dura dentro del sistema molesta y es de mala educación .
Esto me recuerda una anécdota que supe el otro día y que me fascinó. Maradona en el Napoli. La madre de un niño enfermo le pide ayuda. Viven en un barrio muy pobre. Maradona acepta de inmediato un partido benéfico desobedeciendo al presidente del club que no estaba de acuerdo. La cancha es de tierra pero ha llovido y es un lodazal. Si juegan un partido reglamentario pueden ser sancionados. Maradona se las ingenia y juegan doce contra doce. Salen inmunes. Pero lo importante es esto. Normalmente en los partidos amistosos, los jugadores profesionales corren poco y bromean, Maradona siempre jugaba en serio, tanto en el barro del amistoso, donde mete, corre, grita y se enoja, como en la final del mundial.
Así también hay escritores que escriben siempre en serio, puede ser en un libro, en Internet, en una servilleta o en su mente misma. Al libro no le reconocen ningún estatus superior. Ningún soporte es rechazado o utilizado como espacio publicitario. 
Kafka era así. Era Maradona. Facebook es una cancha de tierra. Hay que ganar igual...
Escribe Santiago López Petit en "La movilización global":
"Lo que se debe hacer para sabotear la realidad es muy sencillo: hay que negarse a ser una microempresa..."


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Me acordé de joven cuando una vez fui al psiquiatra (estaba de moda ir así que dije ¿por qué no?) Una frase extraña, entre todo su análisis de libretita, me quedó grabada hasta hoy: "Pareces un especialista de nada", me dijo. Quedé intrigado no sólo por la frase misma, sino porque nunca profundizó el diagnóstico, por ejemplo que hubiese dicho algo como: "Bueno entonces debes especializarte en algo" o por el contrario: "vas por buen camino especializate aún más en nada"






jueves, 18 de agosto de 2016

Diario

Siempre me ha parecido un insulto terrible que los padres decidan traer un hijo a este mundo de dolor y miseria, sin ninguna posibilidad cósmica de que este lo haya elegido. Mas aún, no contento con esta afrenta original, una vez que este hijo crece se le obliga a que debe solventarse económicamente solo. ¡Una doble locura!
Siempre he estado a favor de los mantenidos. Los veo como los únicos ciudadanos que ejercen el derecho humano fundamental, tal es, el de cobrar la dote por una desición de la que no participó, pero que le afecta mas que a nadie: existir.
Lógicamente la modernidad, enamorada del trabajo, ha juzgado que la independencia de capital es una virtud humanista y el hombre mantenido por la familia denota invalidez intelectual. Bueno así juzga la "filosofía" moderna y los hombres obedecen, se ponen nerviosos y para no ofenderse (y poder casarse en paz), terminan creyendo el cuento y así heredando este insulto a sus descendientes.
Pienso en la mayoría de los artistas del siglo XIX, todos mantenidos por el capital familiar, desde Proust hasta Schopenhauer. Este último, que decía despreciar el dinero, recibió una herencia familiar de 21.000 táleros (alrededor de 1,5 millones de euros) para filosofar y odiar al mundo en total calma económica.
¡Mantenidos del mundo uníos! ¡Qué linda sería una marcha así!


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Hoy todo el día con fiebre en cama. Leí muchas cosas interesantes de biología. Recuerdo que gracias a mis constantes amigdalitis, que cuando niño me tenían muchos días en cama, aprendí a leer. En el colegio, cuando cursaba primero básico no aprendí nada, literalmente nada, iba a solo llorar porque no quería estar allí. Lloré un año entero y quizás quebré con esto algún récord mundial de desesperación colegial.
Si fuese mas enfermizo quizás sería mas metódico, con una cultura mas ordenada. Como Proust y sus 30 páginas para describir cómo da vueltas en la cama antes de quedarse dormido.
Siempre me ha apasionado mucho el tema de la selección natural. Conversando por chat con J, un amigo (que no tenía fiebre pero sí tiempo), este quizo llevar el tema a lo concreto. Reflexionó, como si fuera un Darwin en las Galápagos, sobre Tinder, según él un importante laboratorio para medir una primera instancia de selección natural.
A J le impresiona, en su trabajo de campo, que en un primer diálogo y sin mediar mucha filosofía, la mayoría de las mujeres aceptan salir a una cita casi enseguida, y lo hacen con una felicidad muy auténtica. Luego, dice J, vuelve su parte racional. Las típicas preguntas de detective ¿No será peligroso? ¿Si ni siquiera lo conozco? Así muchas mujeres desertan al rato la invitación y no la concretan. Pero J se queda con el amplio porcentaje que aceptó de primera. Lo ve como un fenómeno muy rico en interpretaciones. ¿Porqué tantas aceptan y tan rápido? se pregunta Darwin en su barco. (También comenta sobre las que no abortan la cita, un porcentaje menor, pero culpable de su gran entusiasmo por este tema)
Le digo a J que su relato coincide con un artículo español que leí hace un tiempo sobre un ligón (como le dicen allá al que conquista muchas mujeres). Recuerdo que la periodista le preguntaba, no sin un asombro irónico, sobre sus técnicas de seducción en Tinder (llevaba centenares de chicas a su haber) y una de ellas, la que el ligón resaltaba más, era invitar, sin mucha cháchara, ni teleseries, ni biografías preliminares, a salir de inmediato a la chica.
Esto habla, según J, que ellas no aceptarían estar conversando por mucho tiempo en un frío y poco romántico medio digital y sólo querrían la conversación como una puesta en escena. La felicidad auténtica que a ellas les surge de la invitación inmediata, se debe a que por fin retornarán a la vida "real", de donde la seducción, a su juicio, nunca debió haber huido.
En una cita, (rápida porque no hay mucho tiempo ya que hay muchos esperando) se puede ser una observadora omnisciente. Se puede evaluar el físico, el humor, la capacidad económica, la inteligencia, etc.
Aquí entra la selección natural, las nuevas estrategias, habilidades y rutinas seductoras que ciertos grupos irán manejando en detrimento de otras manadas. Incluso aunque parezca una locura y por una trampita técnica, es muy difícil estar comprometidos y usar Tinder, ya que hay todo un servicio secreto de amigas de la novia que se dedica a perseguir a potenciales novios infieles que se abren cuentas (en el futuro esta ocupación quizás se transforne en remunerada) Otra selección natural que se suma: Confirmar la autenticidad de los solteros, algo que en otro periodo histórico era muy difícil de determinar.
Las citas a ciegas en el periodo preinternet eran una verdadera excentricidad, algo raro, propio de correos sentimentales para jubilados. No existía una estrategia para afrontar dichas citas. Hoy en rigor todo es a ciegas. El ensayo y error hará lo suyo.
Con todo esto probablemente triunfarán, como en las antiguas polis de Grecia, los buenos conversadores, los ingeniosos, los poderosos del lenguaje, y todos estos constituirán una nueva especie de aristocracia natural.
Los retóricos. Los leones del siglo XXI.
J sin duda es uno de ellos…


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¿Porqué los hombres son infieles? se pregunta la antropóloga Helen Fisher en su libro Anatomía del amor. Desde el darwinismo la respuesta no es difícil. Para asegurar por medio de la variedad, la supervivencia de su material genético. Entonces surge naturalmente otra pregunta: La hembra impedida de esa posibilidad de variedad genética (se podrá copular con muchos pero se fecundará de uno), entonces ¿Porqué ellas son infieles?
La antropología clásica da diversas luces al respecto. En tiempos primitivos, para tener un amante en cada lugar distinto al que se visitaba, como póliza de seguro en caso de viudez, para mejorar la genética en caso de tener una pareja que se debilitara, para asegurar las posibilidades de sobrevivencia de su prole, incrementando su apareamiento cuantitativamente.
Además señala como ejemplo el caso de los chimpancés hembras. Estas copulan con todos los miembros de su manada excepto sus hijos, y lo hacen por dos razones. Para hacer amistad con machos que pueden cometer infanticidio con su prole (como sucede normalmente en la naturaleza cuando un macho se enfrenta a cachorros ajenos) y confundir a los machos en cuanto a la paternidad de estos, para que actúen de forma protectora con toda su descendencia. Esta estafa genética se da también en felinos (incluso en homo sapiens)
En definitiva no vinimos a ser felices sino a reproducirnos. Esta es la verdad científica. Esto no quiere decir que la felicidad no sea una construcción cultural real, tan "real" como cuando el ateo, al contemplar una catedral gótica, no puede negar que de todo un compendio de imaginaciones, creencias y quimeras, surja algo tan sólido y bello.
La cultura avanza, la técnica se perfecciona y entonces se preguntarán ¿Qué tiene que ver el comportamiento de simios y hombres primitivos con el actuar del pulcro y ético oficinista actual?
Todo. Esa información vive arraigada en nosotros y en el resto de los seres vivos a manera de impulsos milenarios y es muy poco probable que diques pequeños (aunque significativos) como conductas éticas, leyes, modas comunicacionales, puedan intervenir profundamente en esos impulsos.
Es por ello que esta "fuerza" de la naturaleza tan estudiada por Schopenhauer, Darwin y Freud fue un mazazo tremendo al ideario racionalista y de progreso que se gestó en la Ilustración, y que al parecer goza de excelente salud como la mayoría de las iglesias góticas.
Caminar por una de esas imponentes iglesias debe erizar la piel, incluso si pensamos que fue construida en función de una mentira. Lo mismo sentimos cuando nuestro organismo desea dar un paseo por la felicidad, y para esto, busca perdidamente enamorarse.



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Pensar, reflexionar, leer. Toda actividad restante a la cual me someto durante el día (y durante toda mi vida) no es mas que una excusa para permitirme un verdadero momento de ocio, tan trascendental como inútil.
El porcentaje del tiempo que dedico al pensar fundamental, es muy alto frente a la media, pero humillante frente a los antiguos.
Nunca me interesó la vida activa a la manera de los actuales. La vida activa para mí (como para todos los griegos) es igual a la vida de la palabra.
¿Los costos del rechazo a la vida actual?
Demonios nuevos, vulgares, mercantiles, absurdos, que hay que saber ignorar.
Pascal Quignard escribe:
"Aquel que piensa está en el paraíso. De eso no hay duda alguna. Pero en el paraíso está completamente solo, desnudo, sin muertos, temblando, con los dos pies mojados..."



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Leo a Lipovetsky y sus estadísticas en relación del retiro del Don Juan en el campo de la pálida seducción contemporánea, mediada según el filósofo, principalmente por las rutinas de consumo del individuo actual. Uno ama como consume. En Francia, según sondeos, esta tendencia práctica de donjuanismo va en baja, a pesar que las aplicaciones de citas crecen con mucha rapidez. El mito del sexo casual en Tinder se va disolviendo cada vez mas en favor de la desesperación por ser elegido, sino definitivamente, al menos por una corta pero estable temporada.
En el diario La Tercera hoy se muestra un estudio similar. El artículo se titula "Investigación asegura que jóvenes están teniendo menos sexo que sus padres". A pesar que esta sentencia puede tener muchas interpretaciones, empíricamente se pueden percibir algunos ejemplos que explicarían tan curioso fenómeno.
"Paso toda la semana en la oficina, y remato el día encerrándone en una habitación con tele. No sé en que momento pueda conocer gente", fue lo que me dijo una vez muy sinceramente una mujer. Pasó el tiempo y esa misma confesión la empecé a escuchar en reiteradas ocasiones en muchos contextos distintos. ¿Donde están hoy los hombres que cazan? (reconociendo que "conocer" es en parte cazar o ser cazada) ¿Y el fin de semana? Prefieren los hijos, las películas o algún deporte exótico, en vez de arriesgarse a las conductas erráticas de los galanes en celo, que inevitablemente irán mermando su propio romanticismo de por vida.
Por otro lado , es increíble la cantidad de hombres que reconocen abiertamente que no pueden estar solos, es lo que quizás ese estudio francés confirma: que los hombres están dispuestos a dejar el donjuanismo por una pronta pareja (de cualquier tipo) que sólo cumpla el requisito fundamental: que no les dejen solos. El Don Juan pasó de ser un envidiado ícono literario de otro siglo (lo escribe con maestría Lord Byron y al "Don Juan veneciano" Casanova, lo escribe Marai y Phillipe Sollers) a ser hoy un solitario indeseable. Un desgraciado. Un vacío andante. ¿Quién puede elegir hoy vocación semejante?
Llega una edad donde ya no se estudia más (¿Fue correcto alguna vez estudiar tanto?), el trabajo y sus esperanzas de realización suenan a una mala broma, ya no se asiste a ninguna iglesia y la tribu adolescente de amigos ya fue exterminada por las rutinas de la propiedad privada. Pareciera que la única realización esperable, sería estar siempre flanqueado por una pareja que sostenga el aburrimiento y la incertidumbre de la vida moderna. Incluso he observado casos realmente curiosos pero no tan esporádicos; Hombres con tal pánico a la soledad que al percibir el ocaso de una relación, pesquisan enseguida una próxima antes de que la primera acabe, esto en una especie de perfecta posta atlética.
La esencia del Don Juan es la incertidumbre. El hombre contemporáneo sobresaturado de ella, lo último que quiere es sumar otra incertidumbre. Menos una de carácter sentimental.
El Donjuanismo así es visto como una anomalía, un border que disfruta caminar por la corniza. Su lugar debería ser la terapia o el exilio del obsesivo. Es el paso del romántico personaje de Johnny Depp en Don juan de Marco, reemplazado en el siglo XXI por el personaje de Michael Fassbender en la película Shame, que no transmite ninguna filosofía en sus conquistas y sólo se comporta como un virus imparable directo a la autodestrucción.
El "no tengo tiempo para conocer gente" de la mujer y el "tengo un terror edípico a estar solo" del hombre, son las combinaciones perfectas para la retirada del Don Juan. Para que también las estadísticas de las parejas sexuales vayan a la baja y la filosofía de la seducción sea reemplazada por la necesidad obsesiva de una compañía utópica. El curioso voto voluntario de la monogamia actual, no busca tanto el simple deseo de ternura como la intención de alejar todo lo posible a la soledad, convirtiendo al corazón en un triste capital inmobiliario.
Albert Camus escribe en el Mito de Sísifo:
"Si bastase con amar, las cosas serían demasiado sencillas. Cuanto más se ama tanto más se consolida lo absurdo. No es por falta de amor por lo que Don Juan va de mujer en mujer. Es ridículo presentarlo como un iluminado en busca del amor total. Pero tiene que repetir ese don y ese ahondamiento porque ama a todas con el mismo ardor y cada vez con todo su ser...
¿Don Juan es triste? No es verosímil. Apenas apelaré a la crónica. Esa risa, la insolencia victoriosa, esos saltos y la afición a lo teatral son claros y alegres. Todo ser sano tiende a multiplicarse. Así le sucede a Don Juan. Pero, además, los tristes tienen dos motivos para estarlo: ignoran o esperan. Don Juan, sabe y no espera..."


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"El amor es derroche, es exceso. No se puede estar enamorado y al mismo tiempo preservarse, guardar algo, producir, lucrar, invertir, “enriquecerse”...el amor es antieconómico, inflacionario. Cualquier reflexión que venga de una economía que no sea la del gasto pertenece al sistema del desamor, no del amor..."
(Cristina Peri Rossi. "Solitario de amor")



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Proust, como siempre, escribe con un hermoso estilo algo temible :
"el amor consiste solamente en la necesidad de que calme nuestros sufrimientos la criatura que nos ha hecho sufrir..."
Es demasiado ridículo de tan cierto.
Y parece cierto también pensar, con no poco desencanto ¿Qué nos puede provocar una mujer que no nos ha hecho daño? Intentamos seguir el sentido común, y creer que nuestros sufrimientos se curan con la inocencia propia de un nuevo debut sentimental. Entonces, tras un nuevo desencanto, caemos en esa verdad enferma que dice que el sufrimiento sólo puede ser curado por la poseedora de la llave que lo echó a andar, y que ninguna buena intención de cualquier ángel inocente puede conocer esa combinación sellada.
¿Como puede enfrentar ese sufrimiento alguien que no lo creó, que lo ignora y que probablemente huya por la impotencia de no haber podido crear nada en el nuevo romance?
Todos los sufrimientos están remitidos y no hay nada que otro ser ajeno pueda hacer por ellos. El amor no tiene nada que ver con el porvenir...


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"No puedo hacer clases-me dijo una vez un tipo- Para ser profesor hay que creer en la esperanza y sobre todo brindarla a los alumnos. Yo no la tengo y por eso no estoy capacitado para ello."
Pensé con esto que todos los colegios deberían tener un profesor que enseñara la fragilidad del mundo y lo arbitrario del dolor de sus abates, condimento indispensable para la buena salud del pensar. Sus enseñanzas serían voluntarias, los alumnos, algunos guiados por la curiosidad, otros por simple excentricidad, asistirían a todas sus clases, que servirían de contrapeso intelectual al ingenuo optimismo burgués, propio de la enseñanza tradicional.
Rousseau en su libro sobre la educación, el "Emilio", aborda este tema y deja claro que este hipotético profesor sería clave en una verdadera formación espiritual:
"No acostumbréis pues a vuestro alumno a mirar desde lo alto de su gloria las penas e infortunios, las fatigas de los miserables, y no esperéis que se compadezca si le resultan extrañas.Hacedle comprender bien que la suerte de estos desdichados puede ser la suya... que mil acontecimientos imprevistos pueden derribarlo en cualquier momento. Enseñadle a no confiarse ni en el nacimiento, ni en la salud, ni en las riquezas, mostradle todas las vicisitudes de la fortuna …”
La clase comenzaría así: Muy pocas cosas en la vida están en nuestras manos y con esa verdad debemos aprender a vivir. Y cuando vienen las desgracias no hay nadie a quien pedirle explicaciones, ni encontrar una justicia detrás de cada pena, no gasten tiempo en buscar eso.Sólo hay que fortalecer nuestra sabiduría interna para cuando lleguen esos momentos, porque lo único seguro en la vida es que llegarán ineludiblemente.
La clase se llamaría: "Reconciliación con el mundo".


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He tomado muchas notas sobre los haitianos que viven en las poblaciones marginales. Son muy desconfiados (razones tendrán) pero a su vez muy exquisitos en la cocina, a pesar de su pobreza. Se decantan por marcas precisas de arroz, bebidas, mantequilla u hojas de afeitar y no aceptan alternativas. Por ende, en el ámbito del marketing son clientes duros. Están ajenos a la alegría innata, por ejemplo, del inmigrante colombiano, ríen poco o nada en público. Mas bien parecen un milenario pueblo sufriente de las riberas del río Indo. 
No sé como tomarlos, si a la orden del mandato moderno homogeneizante, "todos somos humanos", que en su aparente respeto por todo olvida las costumbres, las etnias, la antropología, o entenderlos a cada cual en su comunidad, en sus mitos, asombrarse con su fisiología. Contemplar la talla del hombre africano milenario, que fue noble en su tribu y que ahora vaga empobrecido y convertido en un don nadie por la modernidad, limpiando baños, acarreando Coca Colas, barriendo centros comerciales, atendiendo bencineras en la madrugada.
Recuerdo leer que Rimbaud instalado ya en Harar, era muy amable con sus pares africanos, aunque no dejaba su visión paternalista propio del Europeo de su siglo. A veces salía a excursión y señalaba la brutalidad de esos africanos que en días fríos y lluviosos no se cuidaban y se llenaban de enfermedades respiratorias. Rimbaud en muchos casos les pasaba su propia ropa para que ellos se abrigaran y él llegaba a casa casi desnudo, refunfuñando por la brutalidad contemplada. Sin embargo Rimbaud rechazó su Europa blanca, sus antepasados galos, los ojos celestes.
Pienso mucho en los haitianos, mientras ellos hablan rápidamente el "creol" (su dialecto que destroza al francés de la poesía paternal), los pienso como un pueblo"natural", cíclico, sin historia, atrapado entre nosotros, "racionales" marionetas industriales de la nada. Me acuerdo con ellos de esa bella frase de Lévi-Strauss, en “Tristes Trópicos”:
“Testimonio privilegiado de cómo naufragan las culturas, quizás el etnólogo entienda, con esa incómoda conciencia, la dimensión real de su suerte y de su miseria: la de ser uno de los últimos en ver y palpar ese tesoro inmenso que es la diferencia, un tesoro que no supo merecer Occidente, esa playa, no menos triste, a donde llegan a morir los dioses. La antropología no es sólo una ciencia: es también un estado de ánimo..."


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Por fin llegó la temporada de ponerne los lentes oscuros y no sacármelos hasta mayo del otro año. Es fundamental nunca dar pistas de que lo uno está mirando. De hecho siempre he pensado que ser invisible sería una de las máximas bendiciones que podría recibir.
William Burroughs a los ochos años empezó a escribir un libro llamado "Autobiografía de un lobo". “Querrás decir ‘biografía, ¿no?”, le corrigió su padre. “No”, insistió el pequeño William. "El próximo paso –anunció a sus cada vez más preocupados padres– sería convertirse en el hombre invisible."
Curiosamente en 1958, cuando Burroughs vivía en Tanger, en total estado de oscuridad y delgadez producto de su adicción a la heroína, sus vecinos le apodaron justamente así: "el hombre invisible"...


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Hace mucho tiempo venía pensando sobre los verdaderos motivos de escribir. El más romántico es ser querido. En el caso del macho se puede ahondar aún más. Yo había notado en que el crecimiento exponencial que últimamente se veía en poetas, escritores y show de lecturas locales, respondían a dos motivos fundamentales: sexo y fama. Incluso consideré que con un pequeña dosis de fama de un "escritor" o "poeta recitador" (de veinte a cincuenta mujeres que admiren su escritura) bastaría para alcanzar unir ambos deseos. Que de hecho sospecho que ambas opciones, sexo y fama, son dos rostros del mismo ídolo bicéfalo, y no lo pensé para escritores masivos, sino mas bien para los pequeños.
Hoy leyendo las cartas de Saul Bellow me encuentro con este curioso párrafo escrito a Philip Roth:
"Tú pareces aceptar la explicación freudiana: la motivación de un escritor es su deseo de fama, dinero y oportunidades sexuales. Mientras que yo nunca me he tomado en serio esa trinidad de motivos..."
Hay dos tipos de escritores, los que creen en la motivación de la literatura propugnada por Roth y los otros, los que se mantienen ambiguos frente a dicha motivación (pero no la descartan), como Bellow.
Si la motivación para escribir en los hombres no es ni la fama, ni las oportunidades sexuales (descartemos por el momento el dinero en estas latitudes)
¿Existiría otra motivación que no sea la freudiana sin que suene de inmediato hipócrita?
¿Y no es la primera misión del escritor, incluso antes que escribir, alejarse lo mas posible de la hipocresía?
Curiosamente mañana me invitaron a leer a un local, curiosamente acepté, pero como sé que lo que escribo no funciona en absoluto para ser declamado en público, sólo iré perfumado...


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Hay cierta nobleza en esos hombres que engordan de forma indolente, sin tomar en cuenta que las mujeres los ignorarán sin piedad. No hablo de esos hombres que engordan por que ya tienen una mujer. El caso mas común. Sino los indolentes estéticos que parece no importarles nada, como esos budas gordos de la abundancia.
A su vez, veo con curiosidad a esas largas hileras de hombres corriendo en trotadoras automáticas a través de la vitrina de los gimnasios. Los imagino preparándose para esa gran e interminable guerra sin tregua que es el sexo. Una guerra que de todos modos les quitará la vida.
La obsesión por el peso en función de conquista denota cierta histeria. La tenían Lord Byron y Kerouac. Este último escribió una vez, cuando notó que su exceso de peso le estaba mermando su consabido éxito con las mujeres: "Prefiero ser flaco que famoso"
Elvis Presley y Jim Morrison fueron otras víctimas de esta histeria. Este último en una entrevista dijo entre medio irónico y resignado, (ya con un sobrepeso evidente):
"Es terrible ser delgado y frágil porque hasta el viento te puede echar abajo. Lo gordo es hermoso”
Hay hombres que son como objetores de conciencia y rechazan la obligación de ir a la guerra de los sexos. A pesar de que pueden sufrir neurosis profunda y perder la inteligencia social por la falta de caza y la absteniencia, se libran también del peso de participar de un mercado siempre tenso y dañino. Mercado sexual que en el fondo no conduce a nada mas que hacerte mas conciente de tu degradación como organismo. Cuando al comienzo las estrategias podían tomar por asalto muchas ciudades con el mínimo esfuerzo, al final con suerte se puede defender el propio pellejo. En algún momento llegará el día del desarme total. No hay maestro ni filosofía que consuele de ese momento, no se habla y somos totalmente ignorantes de él como si fuera una lejana galaxia que apenas vemos y como creemos que no llegaremos nunca a ella, ni siquiera la bautizamos con un nombre heroico o mitológico y sólo la nombramos con un número decimal. La absteniencia sexual definitiva, pertenece a otro universo paralelo del que no nos molestaremos nunca en hablar....





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Cioran escribe en "El inconveniente de haber nacido":
"Lo único que debería enseñársele a los jóvenes es que no hay nada; o casi nada, que esperar de la vida. Pienso en un Cuadro de Desengaños colocado en las escuelas y en el que estarían representadas todas las decepciones reservadas a cada cual...."
Cioran no es un depresivo, ni un desencajado social, sólo recoje la tradicion histórica. La obsesión por la muerte de los egipcios, el praemeditatio malorum de los estoicos, el memento mori de los pintores barrocos.
Ayer vi un documental sobre Cisjordania. El conflicto diario que viven judíos y musulmanes separados por una calle. Una vida miserable. Muchos judíos rechazan una buena casa en la costa de Australia para ocupar una propiedad a modo de bandera, entre medio de las balas. Definitivamente no es algo económico. Su conflicto se explica fácilmente: "son optimistas", es su radical optimismo el que los enajena. Todo monoteísmo funciona así. Obediencia irracional y optimismo. Deleitarse por ocupar el suelo donde un profeta durmió siesta. Su metafísica es la mas banal porque es geográfica.
El mundo será mejor siempre gracias a los que saben muy bien que morirán y punto. No tomarán ciudades y se interesarán más por su vecino. Desligarse de los poderes sin dejar de preocuparse por los saberes. Deslizarse amistoso por todas las geografías o encerrarse dichoso en casa.
El optimismo ingenuo de un organismo que se degrada, es éste el chiste que el moderno se cuenta a si mismo y ríe con él. Además lo enseña en las escuelas. El moderno es un monoteísta laico...



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Una vez leí en un estudio que la gente de los barrios populares tenían la tendencia de usar facebook como una extensión de su círculo más bien íntimo, es decir, familia, amigos, vecinos. Por ende, la herramienta comunicacional estaba orientada directamente a personas reales, con las cuales lidiaban día a día. Al contrario de las personas con un nivel de cultura "mayor", clase media, profesionales, etc., donde se percibía que el círculo se ampliaba a comunidades desconocidas: Amigos por tendencias musicales, artísticas, deportivas, políticas, etc. Gentes que podían vivir muy lejanas geográficamente entre ellas y que transformaban la red social en una comunidad cada vez más abstracta. 
Esto hace a los primeros usuarios, los de las clases populares, muy cerrados. Lo primero que se observa en ellos, es que dado que también conviven en vivo con sus amigos virtuales, viven muy tensionados. Intentan defenderse y atacar con mensajes directos al familiar que lo provoca, a la vecina que quiere quitarle el novio, al amigo que lo envidia. Esto trajo consigo una serie de banners o "carteles" diseñados especialmente para esto. Normalmente ellos no escriben sus rabias o sentimientos, buscan el cartel específico que refleja su estado anímico y lo postean. Se generó así toda una pequeña industria de estos diseños de mensajes a la defensiva, muchos de ellos acompañados de imágenes relacionadas a la emoción que desean comunicar. Su Facebook se transforma así, en una herramienta política de su pueblo mas íntimo. Viven en la red como si fueran una antigua ciudad medieval que se ve siempre expuesta a un ataque de bárbaros externos, amenazando sus tierras, sus bienes y su familia. Los carteles son sus armas recién fraguadas con los que enfrentan su eterna lucha que se extiende directamente de la calle a su teléfono móvil. Son los perfiles de facebook mas reales que podemos encontrar. 
Todos los demás perfiles son mas bien abstractos, sobreideologizados y hedonistas. Conviviendo con gente que jamás se conocerá en vida, muy pacíficos o en su defecto con guerras muy reguladas. Es la nueva distancia que se yergue entre la clase popular y las nuevas clases medias. La guerra vecinal del origen, atestada de carteles de protección, frente a la indolencia progresista de la medianía, donde al "Yo" no lo amenaza nadie por que ya la realidad ni siquiera lo roza...