viernes, 5 de junio de 2009

En el Castillo de Montaigne


Cuando la pálida abstracción de “la humanidad” flaqueaba en mí, aparece Montaigne y le genera colores, la hace florecer, “le salva la vida”.

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Escribir, escribir, escribir, obsesivamente - , los cazadores de neurosis no lo conciben, hasta le han asociado un tipo de epilepsia. No, es más simple que una patología, es una especie de necrología.

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¿Cual fue el mejor consejo moral de Pascal? : “No salgan de sus casas”, en eso se convertiría después, tomando las palabras de Nietzsche, el único cristiano lógico, en todo lo que significa un espíritu encerrado.

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Toda la Historia del mundo se puede resumir en esto: “un gran engaño”. Los orientales toman esa máxima como alimento espiritual, los occidentales como alimento científico, es decir le echan sal a la herida.

El curioso niño occidental cree averiguar de que material esta construida la flecha que el hombre herido tiene clavada en su pecho. Su atención no es el sufrimiento, sino el conocimiento.

Buda, el dueño de la parábola del hombre herido en el bosque, prohíbe implícitamente filosofar, su acción es netamente clínica. (Sacarse la flecha y no analizarla).

El occidental cree que al analizarla la ha sacado. ¿Y el escéptico? Lo único que conoce es la fragilidad de la carne para con la flecha, su ataraxia sería suspender el acto y el análisis, su “indagación” sería: la flecha es parte de nosotros por que somos pacientes, pequeños e impotentes, tanto para analizar la flecha como para sacarla.

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Un carpintero tiene que ser un carpintero y no salir a buscar discípulos. Si Cristo hubiese sido cristiano no hubiese salido del taller. La conversión, la misión, el proselitismo, no pueden ser más que otra especie de ciencia. Por esto es que la religión India no sale de su casa, invita a su casa.

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Pascal plagió a Montaigne la siguiente idea:”La vida, tan insignificante, temporal y efímera no puede generar méritos a algo tan extremo y magnificente como la eternidad”, el desmedido galardón por un concurso tan pequeño es irrisorio.

Ahora la resolución tras esa sentencia denota el temple de ambos.

Montaigne invita a la moderación, a vivir bien, Pascal por el contrario se desespera. Mientras uno descansa el otro apuesta.

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En una carta enviada a modo de esbozo biográfico desde Turín, Nietzsche le responde a Georges Brandes: “…En realidad soy, gracias a mis instintos, una bestia valiente, hasta peleadora. La larga y difícil resistencia ha hipertrofiado un poco mi orgullo. Pregunta Ud. ¿si soy filósofo? No tiene importancia...

No tiene importancia por supuesto... Nietzsche no le ha costado comprender desde un principio su misión, al igual que Cioran renunciante explicito al panteón de los filósofos, sólo se consideraba un simple Privat Denker, un pensador privado. Lo privado tiene que rejuvenecer y alejarse de las bestias económicas, por que ahí es el único lugar donde se puede disfrutar de la luz. Nadie puede sostener la verdad sin que le tiemblen las rodillas, porque uno no es nada más que como todos, un eterno y orgulloso pensador inconcluso.

¡A acabar con lo gremios metafísicos y concentrarse en lo urgente!

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Una vez entrado en los magníficos laberintos de Cicerón , Montaigne , Emerson, Borges…sabemos que será duro salir , incluso para desgracia de ellos que nos soñaron libres.


1 comentario:

Fliege Cojonera dijo...

Muy bueno Álvaro... Siempre recordar que en Nietzsche tanto Voltaire como Montaigne o Lutero se oponen filosófico-políticamente a Erasmo o Rousseau. Nietzsche se enfrenta al cosmopolitismo de la Ilustración y a la Modernidad. Montaigne, que deseaba en su retiro aristocrático volver a las "costumbres antiguas" (un capítulo se titula así de sus Essais) señalaba que no hay otro modelo de perfección que "nuestras propias costumbres y usanzas"...Paradójicamente las obras completas de Montaigne se las regaló Wagner en 1870. Lo de Pascal es por la visión nietzscheana de la filosofía como autoconfesión y reducción a un núcleo fisiológico, y por su actitud de distanciamiento con la sociedad. Saludos.