domingo, 31 de mayo de 2009

Diario

No había apreciado que el gran símbolo de lo humano “El mito de Sísifo” sólo angustiaba por su eterno acarreo de una piedra hasta la cima de una colina para, una vez en la cumbre caer esta y volverla a subir una y otra vez. Pero hay algo maravilloso, insisto, el derecho a cargar la piedra. En Sísifo este derecho a llevar la piedra ya es único, el nos hace soportar su constante caída



El filósofo analítico a hecho de su poder sólo un género de especialización , peca por que mas allá de su estudio se siente ajeno, algunos kantianos son como el nefrólogo que le debe todo a su riñón, su oficina, su auto , sus viajes. Con su edificio imponente se han convertido en ingenieros de la razón.



En el bar una niña se acerca ofreciendo mercancía por las mesas, uno mis compañeros de taberna al ver que nos dejaba en la nuestra un crucifijo, le contesta amable… “no gracias, no le hacemos a eso”.



Poeta barico, Carlos Pezoa Veliz (seguramente el primer poeta que leí en el colegio, ya que curiosamente fue famoso en los círculos escolares por su “Tarde en el hospital”), escribe en “El brindis del bohemio”:

"No escupáis a los beodos que perecen

Aturdiendo en el vino sus dolores

Si odiáis a la embriaguez odiad las flores

Que ebrias de sol en la mañana crecen…"


Estudiando la poesía goliarda medieval, noto que el mundo siempre ha sido el mismo, mezcla de desesperanza y dolor mitigadas por soluciones excéntricas. El arte siempre ha sido comprensivo con nosotros los arrinconados que no tenemos rincón.

Llevemos la piedra hasta la cima otra vez.



Mi clase social sólo me permite hacer de gasfiter de los poetas, soy como esos vagabundos que timaban a la gente en la Edad media pidiéndole limosnas con el pretexto de que iban a tierra santa, pero sólo deambulaban, igual yo, todo lo santo es un pretexto para pedir limosna, es decir escribir.



«Somos símbolos, y habitamos en símbolos» dice Emerson. Me canse de ser signo, no quiero significar…



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