domingo, 26 de agosto de 2007

miércoles, 22 de agosto de 2007

Ley y Geografía Moral


Por Coctelmarx

El antiguo hebreo era pura ley, aunque de una extraña pureza. La ley para ellos era la materialización de lo absoluto. Esta se va a buscar al monte y se revela.
Ahí en las alturas casi se palpa la temperatura de lo infinito, ya que dios por primera vez se transformaba (o aspiraba) a ser UNO. O sea, cuando Moisés sirvió, dijo “mi”, he ahí la clave con los “tuyos” egipcios. La más grande escenificación del monoteísmo. Nicanor Parra lo graficó enfática y simplemente en esta frase:

“Yo Jehova declaro ser el ñato más choro del universo”

El pueblo era entonces producto de la ley, su “implemento”. El Hebreo se vio a si mismo como implemento, Báculo. Pueblo, senda, fin y promesa. En este camino se necesitaba leyes y no sólo las básicas en tanto el decálogo de las tablas sino también sanitarias y rituales como las del Levítico.
El pueblo paso a ser “su” pueblo mas formalmente, digamos directamente. Toda amenaza a esa “propiedad” se vería castigada.

El hecho que cuando Cristo aparece predica dentro de una extraña y “peligrosa” fuerza que hace temblar a los pulcros, que debilita los implementos.
En profundas metáforas lógicas, en parábolas se hizo muchos seguidores y discípulos.
La reflexión se oponía a la disciplina Farisea. De ahí una dura metáfora contra estos últimos. Una ley moral teológica jamás en su extremo buscara ser ética, he ahí los eternos cabezazos que da Kierkegaard en “Temor y Temblor” tratando de explicar el estado que movió a Abraham al sacrificio filial.
Las leyes se buscan ahora no el volcán Sinaí sino dentro del volcán interno, el corazón.
¿Es espiritual Cristo en sus mensajes?
Si y no. La búsqueda de Dios, de su ley, ya no era Geográfica como la de los antiguos, (los griegos creían en el Olimpo como sitio concreto, como los mapuches creen en los cerros como habitad del pillan) sino que ahora era abstracta.
¿Pero como podemos juzgar desde la abstracción? Con el perdón incondicional. O sea aboliendo los tribunales.
¿No hizo eso Jesús cuando suspendió con esa genial ironía la “justa” lapidación de la mujer adultera?: "Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra"
Vio a los improvisados jueces no como implementos de la ley sino como las leyes abstractas interiores del corazón. O el corazón o la ley.
Si no hay juez no hay ley, si la ley se escribió de Dios entonces los jueces son implementos no corazones. ¿Importaba si ellos no estaban libres de pecado?. La sentencia de Jesús quedó a media ética, en un camino confuso. Jesús re-flexionó. Que es 'volverse dentro de sí'. Simbolizó su creencia.
Con eso nos dijo que la ley se abolía por que en su esencia no podía ser ejecutada por alguien que no sea perfecto. Lapidar no es malo, es quien puede hacerlo. El objetivo jurídico se complico hasta el infinito.
¿Por que ahora en materia de Cristianismo los tribunales siempre suenan erróneos e injustos? Por que la ley ya no es geográfica, concreta, esculpida con rayos, es sanguínea cardiaca y abstracta.
Las tablas de la ley necesitaban implementos y no hombres culposos, pecadores e impotentes que dejaran en total impunidad la ley de Dios por su falta de capacidad.
Las tablas de la ley necesitaban un pueblo limpio, sin pecado, necesitaba un pueblo sin corazón.
Cristo llegó, quizás muy espontáneamente, hizo de cirujano, de transplantista, había que poner corazones, descubrirse desde el interior. ¡Que gran revolución! , pero en palabras de Nietzsche ¿Qué incomprensible es “encolar” el Antiguo y el Nuevo Testamento? Que incomprensible es encolar la ley y el corazón.
El problema aquí, no es ni lo uno ni lo otro sino los dos. Cualquier volcán que dicte leyes va a ser polémico -del griego polemos- "perteneciente a la guerra" ya sea exterior como interior, la geografía moral es guerra, la ley necesita de caminata (Moisés escala un monte) la geografía moral, en tanto Kant, se define en la guerra entre lo externo o lo interno. Si es que decir esto es válido.El yo trascendental descubre por la razón-y no por la caminata- el imperativo categórico que en rigor es otra tabla más de piedra.





Mi Africa



La historia es sólo objeto de cansancio, hay algo más que olvidar y recordar.
Vamos por algo más allá. Borracho el tranco siempre es largo. Pero la embriaguez de esos ingenuos alemanes paganos es desechable. Playa y vino. Pacífico. Para mí todos los amuletos son transitorios. Ahora llevo en mi bolsillo una copia impresa del poema “El hombre y el mar” de Baudelaire. Como Cábala azul. Azul Suspiro. Si con una vista que domina un horizonte completo, con barcos rezagados y barcos remolques, diminutos, que en su costado los empujan y escoltan hacia afuera. Esos pequeños lazarillos a petróleo que se pueden hasta el más gigantesco barco que emprende la marcha hacia la perdición.

Cito textual las obsesiones de Rimbaud en África (por que me imagino también atravesando mi propio canal de Suez): “Clima, dinero, ahorro, proyectos futuros.”
En mis manos tengo el libro de cartas Abisinias. No se si decir tremendas, horribles o repulsivas. O decir, que humano o sea ¡por fin humano!
Si a veces puedo sentir el murmullo por ahí que dice “rescatemos al hombre”.
Pero tantas veces también el de “rescatemos al demonio”.
Escribe a su madre: “tengo palpitaciones y me molestan bastante, pero mejor es no pensar en ello”.

Francos, francos y mas francos, mándenme esto y lo otro. Un libro de Botánica y una cámara fotográfica.
¿Quien es este tipo extraño que demanda tanto mundo?, que se regocija de las cosas. Que quiere ahora ¡por dios! COSAS…

Pide la guía del viajero, el manual teórico de exploración. Catálogos de matemáticas, meteorología, neumática, mecánica, hidráulica, mineralogía, pirotecnia, prestidigitación, etc...

Todo duele y le afecta.

Mientras camino excesivamente, mis zapatos dan clara cuenta de ello, están horribles.Los zapatos, tan hermanos, de ahí viene el hombre como también de su estómago, de ahí el Spleen (el bazo) de Paris, la melancolía asociada al bazo estomacal. (En el recuerdo infantil me metí a los arrozales sureños, sumergidos en el pantano de cereal tratando de cazar las garzas, que son aves del paraíso seguro, que mejor comunión , zapatos y estómago).
Inquieto como debe ser un hombre, asisto a extrañas conferencias y siendo sincero repudio a todos esos profesores de dudoso origen. Su tez y su tono de voz, su empinada burguesía. Anoto en mi diario: Esa pieza que me gusta mucho pero su título más “Pompa y circunstancia”, música para caminatas.
La universidad es el clima del África de Rimbaud, necesaria quizás para esconderse, pero también para repudiarla. Pero para los pobres ¿que otra opción queda?, además puedo leer en las bibliotecas mejor ubicadas en cuanto a horizontes se refiere, en un rincón, absurdo y callado las pequeñas frases de Lichtenberg que me deleitan:

El americano que descubrió a Colón hizo un pésimo descubrimiento.
Quien sólo entiende de química, tampoco la entiende.

Cuanto se hecha de menos el salvajismo de la cuna. El verde del pasto bastardo. A la casa diaria de la vida, con fuerza y con la palabra que hoy parece he olvidado: “peligro”.
Quizás se me diga que mi humor es hiriente para las pequeñas doncellas que pasean los libros en los patios espantosos de estas instituciones abuelas.
Quizás sólo sea mi demanda de movimiento, una jugada para ganar tiempo. Ese enemigo cálido.
Acá el sol es otro y eso hay que reconocerlo. Alivia el ánimo.
¡Los huesos se mortifican por algo!
Pronto tendré un millón y recorreré de sur a Norte. De hecho ya he borroneado mi mapa personal hurgando en los lugares que iré. Proyectos claros. Por que son vitales. Y remitentes variados para depositar el millón de cartas que acumulo en este cajón Etíope.
Quizás ya nadie guste de Chopin, pero acá sobró vino de una fiesta y me doy el derecho de beberlo… Su piano, mis vértebras…

El consejo trágico del Rimbaud ya sin pierna.
Verme obligado a hacer de acróbata todo el día para que parezca que existo.



miércoles, 15 de agosto de 2007

Tierra

"Y sin embargo, se mueve." "Eppur si muove". Esa frase seca de Galileo reemplaza en teoría a “Josué Detuvo el Sol” .Eso explica “en teoría” el entumecimiento. No hay opción

Otro nuevo gritador


Edvard Munch pintó “El grito” tras una caminata con unos amigos en una playa de Noruega, de pronto él se quedo atrás, sólo, sintió la angustia elevada al extremo mas feroz. Un grito.

Al igual que él yo iba por la orilla, de pronto sentí un frío insoportable. Todo era leyenda y lo que se desprendía de ella decantaba en una especie de Dios.
Ahora no hay nada. Una Nada seca .
El hombre soportó esa sensación luego de un proceso, durante años, un lento caminar. ¡Pero no! Yo lo sentí como Munch en un minuto, en la playa.
El grito. No hay sentido. Nada posee en si mismo sentido, ni menos dirección, aunque ilusione esta flecha que es la historia.
Ni siquiera en la mecánica. Por que los átomos individualmente se arrojan al azar.
No hay sentido. Me tomo la cara como el cuadro de Munich.
Prosigo como última opción en la mecánica.
Por cierto colgando de la física y de la química. Me curo con un tranquilizante
En minutos estará en mi cerebro. Que opción más antihumana ¿Por qué?
Ni mala ni buena, solo opción, ni siquiera voluntad, por que esta no existe, se explica dentro del fin de las leyendas, sólo reacción a un estímulo (como el de Munch).
Luego una nausea, pero no Sartreana, solo una orgánica, un antiácido y listo. Reconozco que soy pura mecánica mientras el azar me traiga aquí a la orilla de los mares ¡pero si ni los mares son mares!, ufff soy una máquina casi autómata , un átomo ,Un perro .

martes, 14 de agosto de 2007

Diario

Si vemos a Moisés, San Pablo, Constantino e incluso Lutero, siempre el giro Teológico se acompaña de un tipo de epilepsia, no patológica sino de carácter inaugural. Una especie de “epilepsia cultural”.

*****

El hombre moderno ya no pretende el absoluto desde el instante que no mataría por Dios a su hijo, como Abraham lo hizo (o se entrego al hecho de hacerlo). No opondría lo general (ético) por lo absoluto.
Si en Kierkegaard esto gesto con lo absoluto era la máxima “expresión”, en el hombre moderno es la máxima aberración. En el sentido de aberrāre, andar errante.

Hoy asociamos la fe con un puñal.

Ciencia y Religión



Por Coctelmarx

Me produce curiosidad como Bertrand Russell trabaja en términos éticos y de oposición entre ciencia y religión.
Viendo sus aportes a veces se puede hasta sentir sus triunfos en contra de los ridículos dogmatismos religiosos (el termino “ridículo” se declama dentro de un pedestal histórico, de experiencia, es decir carece de valor y agudeza, mas bien es cobarde) la ridiculez en la religión puede llegar por miedo o como solución contingente, como en las leyes higiénicas de los Hebreos por ejemplo, pero también puede llegar sólo por simples temores e inestabilidad de poderío.

Russell parece que gozara con sus aciertos lógicos (por lo demás muy ilustrativos y pertinentes), esas ridiculeces eclesiásticas que la historia nos regala a veces a nosotros los voyeurs del triunfo fácil.
Ese gozo si es sistemático no tardará en llegar, aunque será fugaz por su evidente lógica. La batalla heliocéntrica, el despegue protestante, el derrumbe bíblico. Argumentos de pluma, no hay que escarbar mucho en la historia de la ciencia para el análisis (gozoso) de los triunfos hacia la religión.
Quizás las inconsistencias medievales se erguían en un mundo aún niño, si tomamos el parecer de los Ilustrados que eran padres tutores pero a su vez, eran niños para el Estado.
Las inconsistencias religiosas actuales ya no suenan ridículas, sino perniciosas, ya la humanidad (si es que fue niño alguna vez), no esta en condiciones de permitirse estupideces.
Hoy la religión se cientifica, o sea se asesora. Los dogmas y milagros pasan por el laboratorio. Por ejemplo hace poco se abolió el Limbo, la pregunta surge de inmediato ¿que hicieron con los que estaban ahí adentro? Que hicieron con Aristóteles y Virgilio. ¿A donde los mudaron? ¿Les habrán preguntado?

La verdad es un “mecanismo”. El problema de Russell es que tiene demasiada razón. Al contrario de su discípulo Ludwig Wittgenstein, que aborda similar problemática desde el sueño, desde la orientación, el dolor de la incomprensión, la búsqueda, la gran búsqueda. Aunque quizás puede y debe demostrar. Wittgenstein flota.
Disolución y no solución.
Quizás el espíritu le era ajeno, doloroso, ¿Por qué no mejor llamarlo luz? (Pero si es un lógico del lenguaje, que importan para él los matices. Sólo importa el momento de “callar”.
En sus palabras:

¿Vale la pena siquiera lo que hago?, sólo cuando recibe una luz desde arriba….
…Si la luz de arriba no llega solo puedo ser hábil.
“La confrontación con el espíritu, con la luz conmueve”.


Ya no somos poseídos por lo ridículo, hoy sólo podemos ser hábiles.








lunes, 13 de agosto de 2007

Ejercicios.

Hume leo precavido.
Suspender el juicio,
Sólo como un ejercicio de veracidad.
En la playa, en al arena,
Todo intento es estúpido
Toda arena, todo cuerpo.
¿Quién hace el ruido de la ola?
Un todo, o miles de gotas susurrantes .

jueves, 9 de agosto de 2007

Lobo marino

Hunter S. Thompson
Autoretrato, Puerto Rico
1960s


Por Coctelmarx

“Extraño los personajes fuera de mí, no me molesto en crearlos, en ilusionar al público. Nada, solo divago en la neblina que se enorgullece de decir “solo soy yo”,
En la playa desolada y a lo lejos unas gaviotas hambrientas lo sacan de su trance y lo hacen suspirar ahhh, verdad hay más. ¿Hay más? Si y muchos, sonríen, pelean, lloran y mueren, exigen y triunfan. Pero solo ahí en la playa, dentro de una arena fría y húmeda, y que sólo se deja sorprender por las gaviotas que trata de alimentar pero que no le corresponden aunque las sienta hambrientas, por que son demasiado tímidas para arriesgar. Y los lobos marinos juegan mientras un gato debilitado se le aferra entre sus piernas. Animales, pequeños entes sin miedo. ¿Como sin miedo? , sin el menor miedo. Solo a la deriva de la existencia. Partió igual que los modernos de la duda, pero no evoluciono de ahí, necesitaba órganos para alojar sus lecturas religiosas. Órganos. Un corazón aunque sea en la carnicería, necesitaba alojar ahí algo. El carnicero se saboreo, partió el corazón del codero ¿un cordero? ¿Aquí por estas zonas? Grasa, carne, nada. Tú. Todo no puede ser un “yo” diabólico. Ayuda, pide, se comprime. La realidad lo supera. Pero como puede ser si el es su espejo. Confusión, locura. Necesita COSAS, volver a las cosas. Ya no. No. Nunca más. Castigo ¿Por qué? bendición. Nada. Ni lo uno ni lo otro. Terrible Celine, no terminare los escritos meando Paris.

No sentía el peso de los valores, el estuvo en cada uno de las decadencias y como un anónimo soldado que vuelve de la guerra vive en la total ausencia de fe, solo por el simple hecho que no le gusta la letra f en esa palabra corta. Su círculo lo animaba, -No hay diferencia entre al consejo y el mandato, creía.

Cuando daba, después pensaba: igual morirán, desperdicie el dinero, ese pensamiento era producto de la caminata y no suyo.
Escribirá, aunque no extensamente, como en la película Good Bye Lenin será el Estado para su familia.



Antes del Fin – Ernesto Sabato (Extracto)

Fue en un café de Retiro donde te acercaste a pedir unas monedas y yo te pregunté si querías sentarte. Eras uno de esos tantos que mendigan su inocencia como ángeles excluidos de algún cielo perverso y extraño. Desde luego, no me conocías, y me reconfortó compartir el encuentro. Porque vos, con tu corta edad, llevabas la mirada envejecida por esas atrocidades que, en breve tiempo, realizan en el cuerpo y el alma la devastación que traen los años.
Cuando en alguna oportunidad he vuelto al mismo café, te he buscado con el deseo de saludarte. Ya no estabas, pero te descubro en otros chicos, cuando al regresar de noche a casa, los veo hurgar entre las bolsas de basura, hundiendo en la inmundicia sus pequeñas manos, destinadas a los columpios y a las calesitas. Y no sé por qué, entonces, pienso en Rimbaud. Quizá, porque también él pertenecía a la raza de los que cantan en el suplicio. Rimbaud, que en las calles de París se alimentaba con los mendrugos que sacaba de la basura, y que dormía por las noches acurrucado en los portales. Recordé sus palabras: “La verdadera vida está ausente”.
Y encerrado en este viejo estudio, sentado al borde de la cama, vuelvo a ver el dibujito de la casa que me regalaste, y que yo supuse que era la casa de tus sueños, con flores, pequeñas ventanas y cortinas, con una gran chimenea en el centro que largaba humo de colores, toda esa magia encantatoria de los niños que ni la miseria pareciera borrar.
He estado escribiendo estas líneas que probablemente nunca leerás; querría resguardarte de alguna manera. ¡Qué horror, el mundo!



Sobre estos y otros temas conversé largamente con Cioran, una tarde de 1989. Años atrás me habían llegado noticias del deseo que él tenía de conocerme; insistencia que interpreté como mensajes crípticos, reiterados en distintas oportunidades. Combinamos una cita en su casa de la calle Odeón, a pocos pasos de mi hotel en el Boulevard Saint-Germain.
Me costó disuadir su insistente ofrecimiento de esperarme en la entrada, por temor a que yo me perdiera; lo que me corroboró una vez más su auténtico deseo de verme. Al cabo de unos minutos llegué a su casa, uno de aquellos viejos edificios franceses; y luego de subir los seis pisos a pie, me detuve frente a la puerta de madera donde había colocado, en el lugar reservado para las chambres de bonnes, un cartel que decía Ici Cioran.
Contrariamente a lo que muchos presuponen y a lo que yo mismo pensaba, me sorprendió aquel hombre amable, menudo y apesadumbrado, predicador de un nihilismo que no coincidía con él. Más bien era un gran pesimista, por momentos subyugado por un otro, escéptico y descreído. Pero siempre con una sonrisa. En ningún momento un huraño indiferente, por el contrario, uno de esos hombres solidarios con la “desventurada muchedumbre”, cómo dijera Mallarmé, en búsqueda de alguien que exprese su desazón y su tormento. Quizá podamos referir a él la frase de Strimberg: “No detesto a los hombres, tengo miedo de ellos”.
Conversamos fraternalmente durante más de cuatro horas, hasta que debí retirarme porque en un café no muy lejano me esperaba mi amigo Severo Sarduy. Descubrí en Cioran la coherencia de un hombre auténtico, y compartimos pensamientos de notable similitud. Como la necesidad de desmitificar un racionalismo que sólo nos ha traído la miseria y los totalitarismos. Como también la imbecilidad de los que creen en el progreso y en el avance de la civilización. “Todo se puede sofocar en el hombre, salvo la necesidad del Absoluto, que sobrevivirá a la destrucción de los templos, así como también a la desaparición de la religión sobre la tierra.” Palabras de un filósofo cuya lucidez era producto de sus perplejidades y de su tormento.
Tengo la convicción de que su dolor metafísico se habría aliviado si hubiese podido escribir ficciones, por su carácter catártico, y porque los graves problemas de la condición humana no son aptos para la coherencia, sino únicamente accesibles a esa expresión mitopoética, contradictoria y paradojal, como nuestra existencia.
“En la tristeza todo se vuelve alma”, dice en uno de sus ensayos que tanto han ayudado a desenmascarar la frivolidad y las sonrisas hipócritas de estos tiempos.