lunes, 28 de septiembre de 2009

Estaba la madre dolorosa llorando junto a la cruz de que pendía su hijo



¿Por que no leer esta carta una y otra vez hasta el infinito?, que es el infierno repitiéndose. ¿Por que no favorecer la locura que genera pequeñas guerras de camaraderías (una palabra tan de Rimbaud) tan desagradables para la sociedad pero tan certeras para la poesía?

¿Por que no reinarse a si mismo? y mejor aún, destronarse de inmediato, con urgencia y crueldad. La crueldad consigo mismo es una idea divina. Tanto como los hombres son el placebo de Dios.

Conocí a Rimbaud en el colegio, en vez de las matemáticas, hizo el daño adecuado al igual que Francois Villon el “medieval moderno”, conocí la Edad media por Villon y no por la historia (lecturas de recreo entre la manzana y el aburrimiento total). Es decir el medievo era un delincuente para mí, hermoso, irreparable, absoluto, que le cantaba a la nieve de invierno y a los lobos. Que cantaba condenado:



"Yo François Villon, a los cincuenta y un años

gordo y corpulento, de labios color ceniza

y mejillas que el vino amoratara,

a una cuerda ahorcado

lo sé todo acerca del pecado.

Yo, François Villon,

a una cuerda pendido

me balalnceo lento, habiendo sido

peor que Judas, quien también murió ahorcado.

Las viejas se estremecen al oír mis hazañas

pues no tuve respeto para la vida humana….


…Sabrán de mí los niños

de edades venideras

como de un gran pecador

y asustados correrán a esconderse

bajo las sábanas cuando sus madres

les digan: «Cuidado ahí viene».

Y esa será la fama de Villon, el Ahorcado.

Y será tal mi fama que prefiero el olvido

porque un día, mañana

de ese futuro que el hedor hace

parecerse al recuerdo, una mano

dejará caer, al oír mi nombre

el fruto del culo, el excremento

y mi vida, y mi carne, y todos mis escritos

¡promesa serán sólo para las moscas!".




Los franceses se apoderaron del recreo y de su vida, y ahora él en el perfecto aburrimiento heredado, no es ni vidente ni ahorcado. Sólo se sume en el silencio de algunas palabras sin patria, sin ganas.


¿Será la carta del vidente una especie de declaración de los derechos del espíritu que se hace palabra? Cambiar la vida le dijo ese niño francés a mí, al otro, al niño que buscaba patria. Cambiar la vida. ¡Cambiar la vida!



Cartas del vidente


Por Arthur Rimbaud

Versión: Ramón Buenaventura

PRIMERA CARTA:


De Arthur Rimbaud a Georges Izambard

Charleville, [13] mayo 1871


Estimado señor:

Ya está usted otra vez de profesor. Nos debemos a la sociedad, me tiene usted dicho: forma usted parte del cuerpo docente: anda por el buen carril. — También yo me aplico este principio: hago, con todo cinismo, que me mantengan; estoy desenterrando antiguos imbéciles del colegio: les suelto todo lo bobo, sucio, malo, de palabra o de obra, que soy capaz de inventarme: me pagan en cervezas y en vinos. Stat mater dolorosa, dum pendet filius, (Estaba la madre dolorosa llorando junto a la cruz de que pendía su hijo) — Me debo a la Sociedad, eso es cierto; — y soy yo quien tiene razón. Usted también la tiene, hoy por hoy. En el fondo, usted no ve más que poesía subjetiva en este principio suyo: su obstinación en reincorporarse al establo universitario —¡perdón!— así lo demuestra. Pero no por ella dejará de terminar como uno de esos satisfechos que no han hecho nada, porque nada quisieron hacer. Eso sin tener en cuenta que su poesía subjetiva siempre será horriblemente sosa. Un día, así lo espero, — y otros muchos esperan lo mismo —, veré en ese principio suyo la poesía objetiva: ¡la veré más sinceramente de lo que usted sería capaz! Seré un trabajador: tal es la idea que me frena, cuando las cóleras locas me empujan hacia la batalla de París —¡donde, no obstante, tantos trabajadores siguen muriendo mientras yo le escribo a usted! Trabajar ahora, eso nunca jamás; estoy en huelga. Por el momento, lo que hago es encanallarme todo lo posible. ¿Por qué? Quiero ser poeta y me estoy esforzando en hacerme Vidente: ni va usted a comprender nada, ni apenas si yo sabré expresárselo. Ello consiste en alcanzar lo desconocido por el desarreglo de todos los sentidos. Los padecimientos son enormes, pero hay que ser fuerte, que haber nacido poeta, y yo me he dado cuenta de que soy poeta. No es en modo alguno culpa mía. Nos equivocamos al decir: yo pienso: deberíamos decir me piensan. — Perdón por el juego de palabras.

YO es otro. Tanto peor para la madera que se descubre violín, ¡y mofa contra los inconscientes, que pontifican sobre lo que ignoran por completo!

Usted para mí no es Docente. Le regalo esto: ¿puede calificarse de sátira, como usted diría? ¿Puede calificarse de poesía?

Es fantasía, siempre. — Pero, se lo suplico, no subraye ni con lápiz, ni demasiado con el pensamiento.





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