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lunes, 14 de abril de 2008

Correr


"todos los actos utilitarios y adaptativos, todo lo que es reacción a premiosas necesidades, son vida secundaria. La actividad original y primera de la vida es siempre espontánea, lujosa, de intención superflua, es libre de expansión de una energía preexistente (...) esto nos llevará a transmutar la inveterada jerarquía y considerar la actividad deportiva como la primaria y creadora, como la más elevada, seria e importante en la vida, y la actividad laboriosa como derivada de aquella, como su mera decantación y precipitado. Es más, vida propiamente hablando es sólo la de cariz deportivo, lo otro es relativamente mecanización y mero funcionamiento"

Ortega y Gasset



En “De que hablo cuando hablo de correr”, el escritor japonés Haruki Murakami cuenta como el jogging ejerció un aliento curioso a la hora de escribir, porque justamente cuando empezó en el arte del correr y dejo su administrativa labor de ser el dueño de un bar de jazz, es que comenzó literalmente su “carrera”. Coincidentemente a mi el trotar como llamare al “jogging” simbolizó el año de mi despegue, tenía claro que el pilar de la vida se sostenía por el cuerpo, jamás asumí que lo intelectual fuese una base, un sostén profundo para la vida, los pilares tenían que ser primero musculares, por eso me asocie a un compañero de trote, a medida que pasaba el tiempo y se complejizaba el ejercicio, él sofisticaba sus implementos, eso a veces me avergonzaba , por eso había una profunda dicotomía entre su equipo de trote y el mío, mientras el de él consistía en zapatillas especializadas para el impacto, short cortos a la usanza olímpica y reloj cronómetro para llevar las estadísticas, yo me limitaba a las zapatillas de fútbol y el bermuda clásico, debo reconocer que un momento pensé en complejizan mi equipo , pero no lo hice, de todas formas la gente nos ignoraba mas de lo que yo creía , eso lo agradecía porque nos hacía concentrarnos específicamente en el trote. Este compañero de joggin corrió y mejoró, yo también. El corrió hasta que cerca de su casa un auto lo atropelló y le quebró el cráneo. Jamás volvió a hacerlo, ni jamás volvió a ser él mismo. Entonces quede como originalmente uno siempre corre o sea solitario. Al igual que el oficio de escribir al trotar no se necesita nada, algunos que mal entienden la economía creativa complejizan sus equipos, como hay escritores que dependen de una máquina Underwood para mecanografiar hay los corredores que necesitan de un Nike para trotar.

Que extrañas imágenes se vienen a la mente cuando uno corre, primero el pensar como el cuerpo resiste tanto, y curiosamente entre mas se le exige mas brinda. Corrí en todos los lugares posibles, desde la anárquica calle, en los parques mas extravagantes, hasta las pistas atléticas diseñadas exclusivamente para ello, donde los profesionales hacen un contraste profundo y humillante, básicamente ellos no trotan, literalmente corren, su cabeza no debe llenarse de imágenes, para exigir mayor rendimiento deben quizás vaciarla, o sea concentrarse Hay tantas cosas que preocupan a un profesional del trote, la respiración, la zancada, el tiempo. Yo por el contrario, imaginaba. Por eso el año del trote fue el año del despegue. No hay en esto ningún sentido de la competencia, entre uno mas trota mas ignora a los demás corredores, jamás pondría atención a la menor provocación del otro para competir, a lo mas que uno puede llegar es a ser un fisgón de su reloj personal. Es estúpido pretender ganar y aun mas estúpido pretender perder, me extrañan los escritores que se etiquetan como perdedores, si se reconocen así es que también reconocen que alguien gana. Su literatura cae al borde del bullado estereotipo, cae al filo de la literatura misma. La clave es fácil, uno mueve las piernas y solo trota, es simple. No es el vaso ni medio vacío ni medio lleno, la clave ¡es que ni siquiera hay un vaso!

El trotar evita la simbiosis, uno solo depende de si mismo, es la mejor metáfora transpirada de la vida. Si la bicicleta, otro deporte noble y que practiqué mucho, es simbiosis pura, industrial, el jogging es autorreconocimiento, como el montañismo, simplemente la gran clave del correr al igual que el de la literatura es el ritmo. El que maneja muy bien la respiración de la superficie, el saxofón pulmonar, sabrá muy bien correr.

Mientras mas acumulo libros en mi biblioteca mas pienso que es producto del correr, es una idea extraña. Hay dicotomías escalofriantes, mantener una tarjeta de salud de un mendigo y poseer casi 500 libros de lo mejor que se le puede pedir al mundo literario y filosófico. Es gracias al año que corrí es que pude de gozar de un par de años de buen pensamiento, creo que ese año avance mil veces mas que los bullados años de bares y excesos. Había eso si, asociado a estos últimos algo de vida, un formato extraño de ella pero aun así algo había…Por eso nunca abandone el trotar como tampoco abandone el bar, hoy ambos se han vuelto tenues.

Al correr uno se da el tiempo de dialogar consigo mismo en “exigencia”, o sea activando aun mas los ritmos biológicos. Entonces las ideas que de ahí salen no lo hacen burda y obsesivamente, sino pausada y casi naturalmente.

Lo importante del correr es que se vuelve irrelevante y totalmente prescindible la frase “ganar”, si uno podía por la playa correr sin dificultades 10 kilómetros y luego sentarse en la arena es por que eso precisamente era lo crucial, sentarse en la arena a estirar los músculos, en esa extraña soledad con que uno se enfrenta a los músculos de su cuerpo, sin explicaciones a nadie ni menos felicitaciones.

Cualquier acto cognitivo que se asocie a la flojedad de los músculos nace con un poco de resentimiento. Las ideas en la agilidad resaltan con brillo. Son ideas bañadas en estática, son dinamos que aun sobreviven de la juventud, son ideas deportivas, de deportare , deportar , de cambiarse de lugar. Un experto en cambios no puede dejar de exigirse deporte.

Llega un momento en que la vida exige dinamismo, exige desplazarse y respirar, exige conjugar y exige exigirse. Cuando corría a las afueras de la ciudad, en aparentemente actos carentes de sentido y sentado solitario en la faldas de los cerros solo descansaba, descansaba de la maravillosa posibilidad de agitarse , de movilizarse, por lo demás nadie se enteraba, convivía amigablemente con mis músculos, es que me creaba, me creía, convivía con la máxima seriedad humana , lo simple , lo ingenuo. Nunca creí tanto en mí como cuando corría una buena cantidad de Kilómetros y pensaba sólo en mi interior que era bueno, que era importante , que podía fundar algo, o sea una isla de cuerpo saludable orientado al pensamiento mas recurrente: sobrevivir.

Definitivamente si no hubiese sido por el correr no hubiese pasado nada (o sea hubiese triunfado o perdido según el caso), pero gracias a el es que paso todo.

sábado, 29 de diciembre de 2007

miserias y alevosías anudan mis pesamientos. (Violeta Parra)



La pieza del moribundo era mas bien científica, el animus , era sostenido por ese paradigma, o sea todo el aparataje médico se veía mucho mas adecuado que la vieja biblia en el velador, la familia no sabia como moverse en ese espacio científico, los doctores que ven un poco ingenuo el dolor de la familia (debido quizás a la incipiente utilización de la biblia) hacen el favor de siempre , suben discretamente los niveles de morfina del paciente para que muera . Ellos, eso sí, evitan, el vocablo “irse”. Si la muerte fuese un viaje, los doctores no correrían para evitarla, no sudarían, ni trasnocharían, no dejarían sus hijos cenando solos en casa, ellos solo evitan que el paciente muera. Si fuese un asunto de viajes se convertirían más bien en guías de turismo, más que depositarios del dedo meñique hacia abajo como los emperadores romanos, o sea la sobredosis de morfina que hace una eutanasia solapada, que simplemente dice fin, cuando no se puede hacer nada por salvar, se pasa analizar el problema del sufrimiento, ahora a llorar.
Son las dos y este querido amigo fue devorado por un cáncer, casi como un sentenciado, de un día para otro se agravo, no hubo mucho tiempo, sólo meses desde la sanidad mas absoluta hasta el morfinazo.
Los velorios son siempre iguales, los vecinos se convierten en improvisados filósofos, y los religiosos asumen su momento de gala. Los niños corren felices, por la calle. Comen y beben sopa. Alguna vieja comienza a cantar un rosario, para los jóvenes de ahora eso es inédito, el velorio ahora para ellos se asemeja a una tribu, salen a la calle discretos y respetuosos para que no noten que están huyendo, fuman un cigarro.
Luego al otro día el entierro es discreto, tierra sobre el cajón y chao. Otro hombre suprimido de la tierra. No creo en la muerte, aunque la veo, es un acto empírico de hecho pero no de derecho, no creo que yo vaya a morir. Nadie experimenta la muerte, el agonizar es totalmente lo contrario a la muerte, hay mucho miedo, la muerte no se experimenta cabalmente, solo la idea de morirse, esta idea contamina el acto final, los tibetanos se entrenan en eso…
Después uno como que se da cuenta que el muerto es como si nunca hubiese nacido, jamás fue carne, ahora es pura idea argumental. Entra la duda.
Ya ha pasado un tiempo desde que murió , a veces me hago cargo de sus hijas ,suena raro el “sus”, como una contradicción necrológica, ¿como algo puede ser aún suyo?, las niñas son religiosas por causa de su madre , no la culpo, el sufrimiento crea los mas curiosos comportamientos, no debería incumbirme, solo las cuido a veces , a la mayor normalmente le explota la nariz con sangre , en un acto casi cotidiano, yo corro y le ofrezco un pañuelo, el otro día le dije que lo mas probable era que ese cielo fuese un invento insano, que no podía probar eso pero tenia que ponerse en la situación por lo menos de que podría ser un invento, que no era malo, que era mas digno y menos egoísta, me miro callada , le comenzó a salir sangre de narices. Tiene diez años y yo no debería decirle esas cosas, por lo menos para evitar las hemorragias.

Estoy cansado de la gente estúpida que pulula por todos lados, en el negocio que atiendo el acto más sagrado que se hace es comprar dos calugas Maggi, me pregunto si esas pobres señoras estarán vivas, también me pregunto sino habrá algún doctor que se apiade de ellas y les brinde algún tipo de morfinazo. El negocio me da dinero y tiempo, debo aclararlo, pero me sumerge en el velorio perpetuo de gente extinta, tengo que soportar al viejo que llega con los peores hedores humanos, a vino matutino, mezclado con jugos gástricos y ajo, sus jadeo alcohólico, su carne hinchada. Cuando le vendo no pienso en él, y parece que lo nota.
Nada interesante, anote con mayúsculas en mi libreta -NADA INTERESANTE-, para encontrar algo uno o tiene que meterse a la virtualidad o emborracharse, cada día es mas indigno salir de aquí, no hay como. Cuando lo logro camino, ya en el centro, una señora de aproximadamente 50 años muy bella , con una aire aristócrata en una gran librería me deja llevar por casi la mitad del precio a “Satori en París” de Kerouac , un libro que he buscado por mucho tiempo, no ha sido editado en el país y solo confiaba que un hijo neófito le vendiera ese libro a su padre a escondidas ,(traído de Argentina en un viaje burgués), para comprar cervezas, eso creo que efectivamente paso, sino no encuentro otra explicación para que estuviera en la vitrina .Le dije me he quedado solo con monedas porque había comprado otro libro caro y nuevo antes, no tenia contemplado esta compra, ella me dijo bueno, un bueeeno extendiendo la e, o sea un bueno con una ternura maternal. Y siguió conversando con su marido aristócrata. De regreso a casa caminando por el centro y hojeando el libro, pensé concentradamente en la E de su bueeeno. Aún la recuerdo, esa E es lo que me hace pensar que no hay muerte, solo hemorragias.
En la calle, afuera de una tienda de ropa extraña e inútil, un gordo con su vieja madre se miraban preocupados, el gordo de pronto se acuclilla tomándose la cabeza, se siente mal, se que no es nada físico, por su comportamiento y por mi asesoría médica es muy probable que no sea nada grave, sólo un ataque de pánico, o sea muy grave para el que lo padece pero nada mortal. Los que llegan con esos episodios a las postas son profundamente ignorados, un test rápido de descarte del infarto y un diazepan, y listo a sufrir a su casa. El ataque de pánico es como apretar el botón de alarma del cuerpo , todos alguna vez lo apretamos y es necesario que así sea, sobrevivimos gracias a ese botón de alerta, si alguien nos amenaza podemos correr mas rápido, efectivamente gracias a que el cuerpo en emergencia rinde más, las pupilas se dilatan se irriga mas sangre el corazón se prepara, igual que en una reacción rápida al volante, la emergencia salva al piloto, lo malo del ataque de pánico que se enciende la alarma sin ninguna emergencia, en la cola de un banco o afuera de una tienda de ropa estúpida como le paso al gordo. El se esta muriendo, se desespera, quizás jaló mucha cocaína la noche anterior, el ataque lo hará despertar pienso, yo sigo concentrado en mi E. Pero aunque quería concentrarme exclusivamente en la E tierna de la librera, el episodio de pánico del gordo se añadió irremisiblemente al anterior, y me vi sin querer en una caravana de pensamientos ajenos, uno amable otro ansioso.
Tiempo atrás sufría de estos arrebatos de emergencias sin ser emergencias y recurrí a un siquiatra. Llegue con el corazón en la mano a su consulta, era joven, mis tatuajes estaban recién hechos , ellos me daban una estúpida seguridad pero que no bastaban para detener el pánico, ahí el siquiatra me medicó y me sane, así de simple , nada de terapias aunque el si anotaba todo, y aunque al paciente curioso le es vedado ver ese cuadernito histriónico de siquiatra, me imagine que mi ficha la llenaba tanto con informes técnicos como con banalidades, en la segunda sesión me dijo “la primera vez que viniste tenias un aro, ahora tienes dos”, sabia que eso iría en la libretita quizás complejizado en un término siquiátrico, pero iría al fin. Al final son simples problemas con la reabsorción de la serotonina en el cerebro, haciendo un analogía, es como si la marea se entrara y no saliera y los cangrejos ahí varados no pudieran entrar de nuevo al mar , esos cangrejos serian los conductores de dopamina, los cuales dan la sensación de placer, los medicamentos impiden que se entre la marea tan fácilmente, facilitando así el ingreso de los cangrejos , o sea que la química cerebral este en orden y la dopamina fluya y me haga feliz. Los medicamentos son Jesús desde cierto punto de vista, la gente los odia, por que la industria de la autoayuda que factura tanto como la de los medicamentos ha corrido el rumor de que son nocivos, que prácticamente forman un robot en esta triste y solitaria era, que inventa felicidad. La gente se lo cree, suspende el contacto de los cangrejos y paga con su VISA $ 30.000 por una entrada al cabaret místico de Jodorowsky. Los cangrejos mueren varados.
El siquiatra le falta un trozo de oreja, eso es crucial, deje de verlo, pasaron años y decidí ir de nuevo, no tenia nada, ni su teléfono ni su dirección incluso no me acordaba de su nombre, solo algún recuerdo vago de la consulta donde atendía , en la cual ya no trabajaba, lo que si tenia era su oreja. Gracias a la oreja o lo que le quedaba de ella, llegue a él, le dije a la secretaria que buscaba a un siquiatra con esas características y ella tanto buscar en sus archivos encontró su teléfono, cuando él contestó lo hizo sorprendido, fijo el horario de inmediato, mis cangrejos se estaban asfixiando, tuve que visitarlo a su acomodada casa de siquiatra en Peñalolén, cuando le conté la historia el la apreció, no me cobro todo lo que debería y jamás miro el reloj, cosa que valore. Me dejaba hojear sus libros, mucho Freud, aunque el insistía en odiar a los sicoanalistas “que se ganaban los cruceros por el caribe atendiendo toda una vida a las señoras adineradas del país”, yo había leído de Freud con mucho interés “Moisés y la religión monoteísta”, descubriendo según su loca tesis de que Yahvé el dios judío, provenía del Atón egipcio (sumándole dos Moisés, culpas y asesinatos no expiados, en suma un sicoanálisis del judaísmo “la religión del padre”). Hablamos de ello, también del libro “Cocaína” de Freud, muy valorado por los neófitos en ciencia y muy decepcionante para los amantes de Freud, ya estaba loco para defender con tanto dato arbitrario a la cocaína decían algunos. No me quise comprar ese libro tiempo atrás, valía como $ 20.000 en el Fondo de cultura económica, nunca me atrajo mucho la cocaína, presentía que Freud la defendía por que ya estaba adicto y paranoico. ¿Me pregunto que le hará la cocaína a los cangrejos?
El siquiatra se veía un tipo solitario y con una vida de mierda, terminó él contándome sus sueños, ahí inferí que estaba sólo, quizás separado, sus sueño era irse al África a estudiar el pool genético de los chitas, esta especie decía, tiene su pool genético debilitado producto de que desde la última glaciación quedaron pocas especímenes, lo que los obligo a aparearse entre familiares directos, no se fortificaron genéticamente por sus escasez, de ahí que ahora poseen distintos problemas físicos que los hacen muy delicados , problemas cardiacos , hepáticos , etc. Me pregunto si su oreja deforme responde a un problema de pool genético. Pienso, si puede curar a chitas lo hará conmigo. Tiene dinero, ciencia y soledad, ¿que le impide cumplir su proyecto?
Ya es día de cuidar a las niñitas, llevo mucho confort para la hemorragia, ellas duermen tranquilas en mi sofá, las dejo descansar, dejo el confort a su lado por si estalla la sangre, pienso por un rato que hay cielo. Aunque mejor decido dormir.




viernes, 19 de octubre de 2007

Perversas tejedoras

Me pidió mil pesos sin ni siquiera conocerme bien , se que es del barrio y la conozco, y también es de esas que yo llamo prostitutas imposibles, o sea como su nombre lo indica imposibles. Uno nunca se imaginaria (y disculpen mi honestidad) que ella fuese prostituta, ya que la imagen que tengo de ellas se marca mas bien por la televisiva, entonces cuando me sale una señora con palillos tejiendo y esperando al cliente , me resulta impactantemente imposible. Las prostitutas siempre poseen un halo de comprensión, una especie de cariño, o lastima quizás de algunos poetas románticos, yo no me fijo en ello , sólo que algunas las categorizo de imposibles.
Como accedí a “prestarle” mil pesos ella pudo irse a trabajar, quizás en otras circunstancias no lo hubiese hecho, hubiese fallado al trabajo. Este acto es casi irrelevante , el cual yo me obligué asumir así , ya que hoy hago un ejercicio mental de no pensarlo todo y pasan episodios diarios en que me esfuerzo en no pensar nada sobre ellos y seguir por la vida, un ejercicio simple , casi de boy scout, solamente para minimizar mis humildes pero molestas sinapsis mentales.
Como mencione el episodio no lo pensé (aunque daba para hacerlo), lo complejo surgió al otro día, temprano en la mañana cuando, sin poder creerlo, me devolvió puntualmente los mil pesos, se que gracias al placer de un cliente y su desidia lo multiplico, su trabajo le dio un valor agregado. Economía básica del salario. Me hizo un gesto de agradecimiento, como diciendo toma el billete, por favor no tengas asco. Pero ¿Por que iba a tener asco?, aunque se lo sacó de la axila y creo que a eso se refería con esa mirada, como diciendo es ahí, el único lugar seguro. Que extraño billete me pasó, nuevo, de Redbank, casi sin manipulación. Entonces aplique mi técnica de boy scout de no pensarlo, aunque me fue imposible. Me pregunte si es que debe haber un grupo de hombres que gustan exclusivamente de esas prostitutas imposibles, ya que a mi juicio se trataría de un estilo de gusto y no exclusivamente un asunto económico y de costos. Quizás radica no en tanto su imposibilidad sino que el gusto del cliente es más bien hogareño. Valparaíso esta lleno de esas prostitutas imposibles, y que además esperan a los clientes ¡aunque no me crean¡ tejiendo. Hay algo fetichista en ellos quizás, son señoras, y el que las busca lo hace quizás con esa figura. Buscan señoras preferentemente que tejan. Quizás al pensar sobre este tema, desobedeciendo a mi técnica de no pensarlo todo, me de cuenta que todo esto es un juicio arbitrario ya que no poseo (aún ) experticia en asuntos de comercio sexual, no por algo moral sino sólo por asuntos “técnicos”. Pero presiento que si más viejo me llegan a gustar van a ser esas prostitutas imposibles. Buscare tejedoras profesionales, hogareñas.
Por el momento esta señora imposible me saluda con simpatía, todas las noches se va con una envidiable tranquilidad a su trabajo, y vuelve con la misma actitud por la mañana. Teje bellos chalequitos , no se para quien, ¡cuanto daría por que me diera uno de esos chalequitos!, tejidos en la contemplación lenta de la noche cansada. Con una posición casi de rezo, con un rosario tibetano, y pensando mientras llegan los clientes : “Todo es impermanente”.
Por eso no pienso en esto, ya que jure (y por escrito) no sentir jamás lastima por nadie. Ya que es un sentimiento a larga maligno y pantanoso. Lo jure desde que esperando el verde del semáforo en Valparaíso, llore discretamente cuando un padre llevaba en sillas de ruedas a su hermosa hijita y ella se le ocurrió tararear el himno de la alegría de Beethoven y la luz roja del semáforo se hizo eterna como para retener aún más la lágrima. El dolor jamás se comprenderá desde afuera, nunca, por eso es inútil la lástima. De hecho la niñita con su padre se fueron aparentemente felices y yo quede ahí destrozado abrazando el semáforo de Beethoven.
¿Que debo hacer con esta obrera del placer?, amarla, o sentir lástima, siempre le prestare algo si le falta para la micro. Ella quedara seguro agradecida. Yo por lo menos agregue ese billete a mi museo personal. Aparatos poéticos personales. Sábato dice que la prostitución es el sexo en su más alta pureza y también en su grado máximo de desesperación, igualmente en ambas, no hay mediación, es un tren que choca a otro frontalmente, es como si la cultura se hubiese derrumbado intempestivamente, es como el café que se toman los ejecutivos de la bolsa tras una positiva jornada, pureza en tanto desesperación pasiva. Soy un medio para la configuración de los nuevos pecados.