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lunes, 19 de julio de 2010

Co lecciones

Jack Kerouac




“... Surgió en mí la comprensión de la necesidad de regenerar el amor universal, como corresponde a un gran escritor, como un Lutero o un Wagner, y ahora esta cálida imagen de la grandeza es un vasto escalofrío en el viento, porque también la grandeza muere, ay, y ¿quién dijo que yo era grande?


...Mi mente ansiosa e impresionable, siempre dispuesta a crear, a construir, a destruir y a morir [...]”
De Los subterráneos



"No quiero cerrar los ojos por temor al tumulto de universos que veo lanzándose y expandiéndose y estallando repentinamente y despedazándose en mi centro, rostros, bocas que aúllan, gente de pelo largo que da alaridos, confidencias repentinas del mal, súbitos rat-tat-tats de los comités cerebrales hablando sobre "Jack", y haciéndolo como si él no estuviera allí."
De Big Sur



"Hoy día blasfemo y vocifero porque no quiero tener que trabajar para vivir y realizar trabajo infantil para otros hombres (cualquier patán puede mover un tablero de aquí para allá), sino que preferiría dormir todo el día y andarme despierto toda la noche trabajando estas visiones del mundo que es sólo una etérea flor de mundo [...] imaginarios capullos [...]"
De Visiones de Gerard


.

lunes, 3 de agosto de 2009

October In The Railroad Earth ..Jack Kerouac



“… Y por entonces yo me acostaba en mi habitación en las largas tardes de Sábado, escuchando a Jumpin’ George con mi pinta de Tokay, sin marihuana, y reía debajo de las sábanas al oir aquella loca música, “Mama, he treats your daughter mean; Mama, Papa, y no te acerques aquí, porque te mataría, etc"; colocándome sin drogas en la penumbra de la habitación, y todos maravillados, sabiendo que el Negro, la esencia de América, habría siempre de hallar consuelo y propósito en las calles campesinas y no en lo abstracto de la moral, y que aún sin tener una iglesia, podías ver a sus pastores allí afuera, inclinándose frente a las mujeres, escuchar su voz vibrante diciendo, “Como quieras, Má, pero el gospel corrobora que el hombre nació del vientre de la mujer...”






lunes, 24 de noviembre de 2008

Johnny Depp lee a Jack Kerouac "Mexico City Blues"




"América, te lo he dado todo y ahora no soy nada".


Hombre

sin embargo todo es perfecto
Porque ni siquiera está sucediendo.

Hombre

Me levanté, me vestí,
salí y me extendí.
Entonces morí y me metieron
en un ataúd en el sepulcro.

Hombre

porque está vacío,
porque es perfecto
con vaciedad.
Porque ni siquiera está sucediendo.
Cada cosa
ignora su propia vaciedad.

A la ira
no le gusta que le recuerden sus ataques

martes, 1 de julio de 2008

El pequeño Japhy Rider



El vagabundo de Santa Teresita fue el primer Vagabundo del Dharma auténtico que conocí, y el segundo fue el número uno de todos los Vagabundos del Dharma y, de hecho, fue él, Japhy Ryder, quien acuñó la frase. Japhy Ryder era un tipo del este de Oregón criado con su padre, madre y hermana en una cabaña de troncos escondida en el bosque: desde el principio fue un hombre de los bosques, un leñador, un granjero, interesado por los animales y la sabiduría india, así que cuando llegó a la universidad, quisiéralo él o no, estaba ya bien preparado para sus estudios, primero de antropología, después de los mitos indios y posteriormente de los textos auténticos de mitología india. Por último, aprendió chino y japonés y se convirtió en un erudito en cuestiones orientales y descubrió a los más grandes Vagabundos del Dharma, a los lunáticos zen de China y Japón. Al mismo tiempo, como era un muchacho del Noroeste con tendencias idealistas, se interesó por el viejo anarquismo del I.W.W [1], y aprendió a tocar la guitarra y a cantar antiguas canciones proletarias que acompañaban su interés por las canciones indias y su folklore. Le vi por primera vez caminando por una calle de San Francisco a la semana siguiente (después de haber hecho autostop desde Santa Bárbara de un tirón y, aunque nadie lo crea, en el coche conducido por una chica rubia guapísima vestida sólo con un bañador sin tirantes blanco como la nieve y descalza y con una pulsera de oro en el tobillo, y era un Lincoln Mercury último modelo rojo canela, y la chica quería bencedrina para conducir sin parar hasta la ciudad y cuando le dije que tenía un poco en mi bolsa del ejército gritó: “¡Fantástico!”). Y vi a Japhy que caminaba con ese curioso paso largo de montañero, y llevaba una pequeña mochila a la espalda llena de libros y cepillos de dientes y a saber qué más porque era su mochila pequeña para “bajar-a-la-ciudad” independiente de su gran mochila con el saco de dormir, poncho y cacerolas. Llevaba una pequeña perilla que le daba un extraño aspecto oriental con sus ojos verdes un tanto oblicuos, pero no parecía en modo alguno un bohemio (un parásito del mundo del arte). Era delgado, moreno, vigoroso, expansivo, cordial y de fácil conversación, y hasta decía hola a los vagabundos de la calle y cuando se le preguntaba algo respondía directamente sin rodeos lo que se le ocurría y siempre de un modo chispeante y suelto…



[1] Industrial Workers of the World (Obreros Industriales del Mundo)


Jack Kerouac "Los vagabundos del Dharma"

jueves, 29 de noviembre de 2007

Kerouac--Fragmento de “El viajero solitario”

Unas pocas semanas más tarde, fui a ver mi primera corrida de toros, que confieso era una novillada, y no el espectáculo que se suele dar en el invierno, que se supone tan artístico. El interior es una redonda cuenca, con un redondel de tierra al que le pasan un rastrillo expertos y amantes rastrilladores, como el hombre que rastrilla la segunda base en el Yankee Stadium, sólo que éste es el Estadio de Muerde el Polvo. Cuando yo me senté, el toro acababa de salir y la orquesta se sentaba de nuevo. Unos trajes finos y bordados ceñían a unos muchachos situados detrás de una barrera. Se mantenían solemnes, mientras un toro hermoso, negro, y brillante, salió de un rincón que yo no había visto, donde aparentemente mugía en demanda de piedad, con negras narices, grandes ojos blancos y cuernos extendidos, pecho ancho y vientre enjuto, patas finas y poderosas que se hundían en la tierra, sosteniendo un peso de locomotora. Algunos reían, y el toro corría mostrando el juego de sus músculos en su piel perfecta. Salió el matador, invitando al toro, que le embistió; el matador hizo un lance de capa, dejó que los cuernos pasase a un pie o dos de su ingle, dio un quite al toro y se alejó como un noble, quedándose de espaldas al perfecto y mudo toro, que no embestía como en Sangre y arena, y lanzó al torero por el aire. Entonces comenzó el espectáculo. Salió el viejo caballo pirata con un parche en el ojo, montado por el CABALLERO picador que lleva una lanza, para asestar unas cuantas puñaladas en la espaldilla del toro, que responde tratando de voltear al caballo, pero el caballo está acorazado (gracias a Dios); es una escena de locura histórica, excepto cuando, de repente, uno se da cuenta de que el picador ha producido al toro una sangría interminable. La confusión del pobre toro en insensato vértigo la continúa el bravo hombrecito con las piernas torcidas, que lleva dos banderillas adornadas de cintas, y se acerca directamente al toro, y el toro hacía él; pero no hay choque, pues el banderillero ha clavado su banderilla y huido en un periquete. ¿Es que el toro es difícil de evitar? Bastante, pero las banderillas hacen sangrar al toro como el Cristo de Marlowe en el cielo. Sale un viejo matador y prueba al toro con varios lances de capa, luego vienen nuevas banderillas, que brillan en los sangrientos costados del toro que resopla y padece, y todo el mundo se alegra. Y entonces la embestida del toro es vacilante, y por ello el matador serio sale a matar; mientras toca la orquesta, se produce un silencio semejante a una nube que ocultase el sol y se siente el ruido de la botella de un borracho que se estrella a una milla de distancia en la comarca española, verde, aromática y cruel -los niños dejan de comer sus tortas-, el toro permanece al sol, baja la cabeza, jadeante, con los costados realmente azotando sus costillas y los brazuelos aseteados como San Sebastián. El matador joven, cauteloso, lo bastante bravo por derecho propio, se acerca, maldice, y el toro se vuelve y embiste vacilante la capa roja, se embala, chorreando sangre por todas partes, y el torero se limita a hacerlo pasar por un imaginario aro, y gira de puntillas, patituerto. ¡Ah, Dios mío, yo no querría ver su ceñido vientre desgarrado por cuerno alguno! El torero hace ondear la capa nuevamente hacía el toro que permanece en pie como pensando "¿por qué no puedo volver a casa?" y el matador se aproxima y entonces el animal junta las cansadas patas, disponiéndose a correr, pero una de ellas resbala, levantando una nube de polvo. Más el toro baja la cabeza y se queda parado, descansando. El matador saca la espada y llama al toro humilde, de ojos vidriados. El toro alza las orejas, pero no se mueve. El cuerpo del matador se pone rígido como el madero que tiembla bajo la presión de muchos pies: en sus medias se marca un músculo. El toro avanza débilmente
tres pies, y gira en medio del polvo, y el matador arqueando la espalda frente a él, como el hombre que se inclina sobre una estufa caliente para alcanzar algo que hay en otra parte, hunde su espada entre las espaldillas del toro . El matador se aparta a un lado, el toro al otro, con la espada clavada hasta el mango, vacila, comienza a correr, alza la mirada hacía el cielo con humana sorpresa y luego -¡eso hay que verlo!- lanza por la boca diez galones de sangre que salpican en torno suyo, y cae de rodillas, ahogándose con su propia sangre; escupe, dobla el cuello y de repente cae al suelo como una muñeca blanda: Aún no está muerto y un idiota más sale y le hiere con un puñal en el nervio del cuello y el toro hunde la boca en la arena y masca la sangre derramada. ¡Sus ojos! ¡Oh, sus ojos! Unos idiotas ríen porque la espada hizo aquello, cuando no debía. Una pareja de caballos histéricos salen con una cadena para arrastrar al toro, pero a la mitad la cadena se rompe y el toro se desliza en la arena como una mosca muerta, lanzada inconscientemente de una patada. ¡Afuera! El toro desaparece y lo último que se ve son sus ojos blancos y muy abiertos. ¡Otro toro! Primero unos mozos quitan con unas palas la arena manchada de sangre y se la llevan en una carretilla. El rastrillador vuelve con su rastrilla. "Olé!", las muchachas arrojan flores al asesino del animal, que lleva los calzones bordados. Y veo cómo muere todo el mundo, sin que a nadie le importe, y siento lo terrible que es vivir, sólo para morir como un toro dentro de una vociferante arena humana…
¡Jai Alai, México, Jai Alai!

sábado, 17 de noviembre de 2007

Helados Americanos: Robert Frank y Jack Kerouac




"Es suficientemente fácil entender que yo, como artista, necesite soledad y una cierta filosofía del 'no hacer nada' que me permita soñar todo el día y trabajar capítulos de ilusiones olvidadas que emergen años después en forma de historias. A este respecto es imposible, ya que es imposible que todas las personas sean artistas, recomendar mi forma de vida como filosofía que se ajuste a cualquiera. En este sentido soy un excéntrico, como Rembrandt. Rembrandt podía pintar a los obreros mientras reposaban el almuerzo, pero a medianoche, mientras ellos dormían para recuperar fuerzas, el viejo Rembrandt se hallaba en su estudio poniendo rayos luminosos de oscuridad en sus lienzos. Los obreros no esperaban que Rembrandt fuera alguien más que un artista, y por lo tanto no le iban a tocar la puerta a medianoche para preguntarle: '¿Por qué vives de esta forma? ¿Por qué estás solo esta noche? ¿Con qué estás soñando?' De la misma forma que ellos tampoco esperaban que Rembrandt se volteara y les dijera: 'Ustedes deben vivir como yo, en la filosofía de la soledad, porque no hay otro modo de hacerlo'.
Así mismo yo estaba buscando una vida tranquila y dedicada a la contemplación y la delicadeza de las cosas, en busca de mi arte (historias, en mi caso) (ensayos narrativos de lo que he visto y cómo lo he visto), pero era también una búsqueda de mi forma de vida, es decir, ver el mundo desde la soledad y meditar sobre él sin verse envuelto en el mismo y en sus acciones, las cuales ya se han vuelto famosas por su horror e infamia. Yo quería ser un hombre del Tao, que mira las nubes y deja atrás la furia de la historia (algo que ya no es permitido después de Mao & Camus) (pero llegará el día).
Pero vamos a los detalles, que son los que dan vida a todo esto.”
(Jack Kerouac)



Con mi escaso tiempo al hombro partí al museo de Bellas Artes a la exposición de uno de mis fotógrafos favoritos Robert Frank. Es extraño encontrarse con esas fotos, las he visto cientos de veces , ahora estoy enfrente, soy un simple admirador alejado de la opinión estética. Frank no parece tanto un beat como un hombre sufriente, si todos los fotógrafos por entonces buscaban el instante decisivo de Cartier Bresson (yo también lo hice a veces por pura entretención) Frank buscaba el “instante intersticial”. “Intento atrapar de nuevo lo que he visto y oído, lo que he sentido, ¡ lo que sé !.No existe un momento decisivo. Hay que crearlo. Tengo que hacer lo necesario para que aparezca delante de mi objetivo "-Dice Frank en los Americanos.
Los artistas se repelen por naturaleza, a veces eso si, sintonizan casi automáticamente, Robert Frank y Jack Kerouac lo hicieron, miraban su país de forma similar. (Me recuerda también la unión de Richard Avedon y Truman Capote en el espléndido libro “Observations”)
La palabra “triste” en Kerouac se pule, no se define con su significado primario, se encumbra, ya parece un mantra personal que surge en los momentos que quiere coronar. Esa palabra recurrente y musical que Kerouac deja caer sobre el piso solitario y extenso de la nada , es retomada por Frank , ahora la palabra triste se ve. “no se que es mas triste, si un Wutlitzer o un ataúd” dice Kerouac en el prólogo del celebre libro de Frank “Los Americanos”.
Diane Arbus hablaba de él como un tipo desgarbado, con sus rollos fotográficos desparramados en sus bolsillos. Caótico. En ese sentido Frank da un giro a la fotografía de su tiempo, la desgarba , la desenfoca , la desencuadra , la despreocupa. No en el afán de la ruptura fácil , sino en un ejercicio de deconstrucción de la imagen fotográfica. Frank fue para la foto lo que John Cage para la música.
Me zambullí en ese barrio del parque forestal, que esta tan obsesionado con el arte que lo hace parecer un poco ingenuo. Fui , vi y me vine. Un acto . Una foto que se borra (ahorra). Me enfrenté al poema gris.
La gente andaba ansiosa, los jóvenes trataban de explicarles a sus mujeres con chistes fáciles de la actitud que se debe tomar en un museo. Los ancianos se sentaban aburridos, los niños pulían el piso. Escribí esto sencillamente por que le debo a Kerouac el postre de la vida o sea mi presente.
Se hace tarde ¿Por qué terminar esto con un bello violín de palabras que cierre con coherencia Aristotélica? Vi a Frank héroe de la fotografía, tal como yo descalzo con mis amigos pisando el asfalto hirviendo de la juventud, solos, locos y protegidos solamente con nuestras botellas del camino (y una cámara de vez en cuando que registraba los ceños despreocupados de vida). Si una fotografía esta de por medio, todo esta dicho.

galería de fotos


miércoles, 5 de septiembre de 2007

Diario...



Alcohol, tranquilizantes, cámara lenta, muy lenta, ¿a color?, no, en blanco y negro. El cerebro es delgadísimo así que se queja un poco, pero después un masaje, un saxofón neurálgico. AHHH. La calle ahora es hermosa. El perro alcanza la paloma, la desangra, no le doy importancia. Entro a un local, bajo dos pisos, se que hay un grupo tras mío, pero yo ando sólo, y en la noche extrañamente tomo wisky, tomo una chaqueta y dos ladrones se abalanzan, me odian por haberla tomado – ¡pero era mi chaqueta! .En las noches las protagonistas son las chaquetas y eso me harta. Ellos me empujan, y yo les digo- Que dios los bendiga, soy un reverendo- ,
Había escrito con el lápiz del barman en mis nudillos LOVE y HATE, como Robert Mitchum en la Noche del cazador. Salí por que la película me impulsó.
¿Por que tendrían que hacerme daño? escucho tambores africanos en el otro ambiente- Escucho a un diablo que dice algún día te comprenderé, escucho todo en forma de tambor negro…
Los pandilleros me odian ¿por que me odian? Pero no entienden nada. Conozco un poco el barrio nocturno -les digo- aunque no a cabalidad porque soy un burócrata y no un soldado. UFFF, CANSADO SIEMPRE ME SIENTO UN RATO EN LA PENUMBRA, CUANDO HAY JAZZ ME SIENTO POR MUCHO TIEMPO ,EN LA OSCURIDAD, PENSANDO , SUDANDO SANGRE…Escuchen Mike Westbrook :Metrópolis, que feliz, que paraíso. Los sentidos explotan., . UFFF. Llega al legado gris, el cerebro como legado. Como mentira.
Pienso mal, pienso. A lo que me refiero es que PIENSO DEMASIADO. La vida de un “intelectual” acá es fanfarrona, ya de hecho ese término parece de acero al chocar con las gentes.
A lo que me refiero es, que es lo que no daría por ser un buen maestro yesero o aprender un trabajo de construcción, quizás algo de mecánica, o relacionado con la reparación de barcos. Quejarse como Jeremías no hace bien. El reverendo Jeremías con los dedos pintados, amor en la izquierda odio en la derecha, acosado por una pandilla de la noche. Quizás ya muerto. Quizás ya un indígena africano, automático, quizás ya un automóvil a casa, previo, una mirada y meada al mar.
Un gato pasa por el patio vecino y lo alimento. ¿Quién iba a pensar que me iba a convertir en San Francisco de Asís?
Soy un pequeño imperio romano decadente. Soy puro gasto. Necesito un cisma mas violento aun.
Emperador cobarde, mental.
ME TOCAN EL CITOFONO TODAS LAS RELIGIONES Y YO , RESPETUOSO les respondo susurrando –“insultar a Dios en Francés no es pecado”.

Los nudillos son para ponérselos HORAS en las mejillas, así uno se vuelve un viejo Beat. De barrio, pero ojo, también de naturaleza. De caminatas imposibles, tarareando para mantener el ritmo poético, tum tum tuum. Y escuchando AL MUNDOOOO. Y el mundo responde con ese tono silencioso insolente de sufrimiento:- ¡NO SOY UNA AMBULANCIA! , SUFRE TU TAMBIEN.
Meo al mar. En y en EL. Algo no alguien. El mar , ¡que sucio que está este viejo educado!, si lo condimentan con San Pedros , con “sanes” a prueba de sal. Al final ¿no es un ángel nada más que un hombre deteriorado? ¿Vertical?
Frío-¿Cuantos golpes?. Ja. Me río plummm… Libretita al fuego. Escribo :Kerouac es una carnada…para tragar lo único que queda , saliva.
Fin