miércoles, 26 de septiembre de 2007

Mala , mala, mala.



Parece que sigue siendo la mejor , MALAMARISMO, un disco perfecto










Di di di dispara

Besarme...caída libre
Besarme...caída libre
Besarme...caída libre
Besarme...caída libre


Detente y piensa antes de complacerme
Antes de decir que me conoces, soy díficil, soy loka, soy una patá en toa la boca
Pensamientos que chocan soy,
Lo ke no se toca soy yo pa ti
Si me siento así, el demonio tiene ke existir, oh si!
La culpa es tuya por hacerme caso, yo no me canso
Solo lo haría por convenciencia, es mi drama,belleza, recuerda, hay ke tener paciencia
Vamos a hacerlo con las manos atás, como Mohamed data y Ra-tata
Yo te puedo salir cara, me regalo, pero me vendo cara
Te gusta? Te asusta? El mal no es malo, es mal es mal, trafico con seguridad, Dispara!
Estoy expuesta, estoy escrita, estoy descrita en algun manual seguro
Paso y pongo en el cielo un grito oscuro
Siempre lo hago bien no prometo na, lo juro desde el otro lao del muro, mi mirada cruza

Si quiere algo dilo, no andes con sigilo
Ya con 17 los mande pal asilo
Coge aguja y hilo, Mexico el kilo
Ay mi amor conmigo no te haga el asesino


Terrorismo, es dejar en paro a un padre d familia,
Que Dios ampare, que la ley no ampara
Amparame mama, las cosas estan claras, existe un precio bajate las bragas
Vende esa droga y hazte rico, la banca paga
Tiro certero censurarme por dinero
Quiero que Telefónica me distribuya como un camello, ya lo hace en medio mundo
El otro medio es otro asunto
Informe contradictorios, mujeres con accesorios, sellos, vagabundos
En toas partes del primer mundo, casos abiertos
Hombre! No pidais perdon, aki nadie es Dios, y gracias a Dios, ese cuento quien te lo vendió?

Haz un hoyo y mete el cuello o pide la baja,
Consume antibioticos, ah!

Si quiere algo dilo, no andes con sigilo
Ya con 17 los mande pal asilo
Coge aguja y hilo, Mexico el kilo
Ay mi amor conmigo no te haga el asesino

Dean Martin y el Rat pack de la 18







Cuando se escucha a Dean Martin aunque no se crea quiere decir que algo anda bien. Bono contando su experiencia de dúo con el viejo Sinatra dijo que tras estar en casa de él y después de beber mucho y escucharlo retar a su barman por cuidarlo diciéndole cosas como: ¡eres mi padre o mi barman!-, en su limusina el viejo le “ordenó” bajar los vidrios y escuchando a Dean Martin de fondo le dijo- así te ves mejor, con la luz en los ojos. Siempre cuando algo anda bien suena Dean Martin.
Quizás mi primer recuerdo infantil fue Dean Martin, increíblemente me gustaba de muy niño, aunque en cuestión de gustos infantiles era exótico: para el mundial del 82 me gustaba Polonia ¿el porque?: Un misterio hasta hoy. A Dean no me lo perdía en esas grandes películas con Jerry Lewis, con ese sueño terrible que te dejaba el colegio por las tardes, tenía paciencia con ese pequeño idiota, en parte lo protegía y lo comprendía. ¡Cuantas veces se agarro a combos por proteger a ese indefenso!
Me parecía un verdadero Héroe (en Río Bravo esta excelente), incluso recuerdo haber visto por esos años, muy niño, Ulises con Kirk Douglas en papel protagónico, pero consideraba a Dean Martin aún más héroe. Quizás mi escena más inolvidable y traumática era de la película “El rey del circo” cuando el payaso alcohólico patea envidioso a Jerry Lewis (el payaso verdaderamente chistoso) y el público se da cuenta poco a poco que la terrible golpiza no es parte del acto y comienza a protestar – y adivinen quien estaba para solucionar el problema… ¡cuanto odie en mi niñez a ese payaso envidioso! y cuan feliz me puse cuando Dean Martin lo molió a combos.
Dean configuraba el famoso Rat Pack (Pandilla de Ratas) especie de logia vividora con Sinatra y Samy David Jr. Dean Martin es el amigo por excelencia, la vida y la noche (Jerry Lewis dijo que la primera vez que fumo marihuana Dean se la había dado), si buscamos videos de él uno siempre se encontrara con el título “Dean Martin y…” ¿tendremos todos una especie de rat pack? , me acuerdo cuando niño lo primero que se me vino a la mente al hablar con un gringo que paso por mi casa (no sé por que ) fue preguntarle por Dean Martin y Jerry Lewis.

Claro es comprensible que a mi ingenua adolescencia me creyera parte de un rat pack al entrar al bar o a la discoteque (no supe nunca que era) en la cual éramos “clientes” como si fuera de la mafia (si hasta una vez fui con una chaqueta de lino cosa quizás no tan exótica hoy pero en ese tiempo francamente ridícula). La discoteque era una que quedaba en calle dieciocho, ahora se que el palacio (por que era un palacio) se llama Iñiguez, y es curioso pensar que donde antes se emborrachaban los aristócratas de principios del siglo XX haciendo un escándalo sonzo y perezoso después lo hiciésemos nosotros con nuestro escándalo de ratas. Trago barato y permiso para pasar por puertas que no se le estaban permitido al resto, incluso aunque no lo crean, había un permiso implícito para tocar a las mujeres ¿? , era nuestra locura, nuestra pequeña entreguerra ¡teníamos derecho! ¡pero que importa esto!, es que Martin canta “For the good times”, uno siempre atesora esa frase en los brindis “por los buenos tiempos” esos eran tiempos de la vida de un rat pack , música gin y luces en una “Drinking Song”, haciéndose un mundo a medida, una discoteque decadente de las vegas alojaba la mejor locura marginal (no se como la alojo por tanto tiempo sin incendiarse) . Lo que me deja tranquilo hoy es lo obvio: -salí vivo . Y entiendo ahora por que, cuando se escucha a Dean Martin fijo que algo anda bien.

Smokey Robinson and The Miracles

martes, 25 de septiembre de 2007

Emerson y la Brisca



¿Habrá suficiente cabeza para la recepción cariñosa de tanto libro desequilibrante?, me pregunto eso mientras camino por la feria de antigüedades a un costado frío del Congreso (que por lo demás surge extraño y demoníaco y cubre con su sombra las lonas eruditas de los viejos vendedores, sentados allí hasta el hastío).
Tras cruzar la plaza y contar no menos de doscientos borrachos me respondo que quizás no halla tanta cabeza para esas páginas, que se molerán de cólera, de envidia, de furia insólita por mecerse de aquí para allá, de pasar de mano en mano aburridos, solitarios .Es un record de borrachos, desde casi niños hasta ancianos que creen que uno les debe algo y piden su limosna con un dejo de derecho y seguridad. Ya sorteado el escollo surreal de un viejo meado y un perro filósofo observándolo detenidamente, me encuentro con 45 ajedrecistas pasionales, dedicados por completo a las jugadas lógicas, viejos próximos a morir, jugueteando con la reina cautiva llorando, creyéndose dioses de las probabilidades, del cerebro autodidacta, autónomos y creídos, jamás te darán una sonrisa, mas bien te lanzaran una mirada desafiante quizás buscando un hombre a quien humillar en pocas jugadas, ellos no me interesan. Por el otro lado están los jugadores de Brisca, los cuales amo y admiro, picardía de cantina, de trasnoche, de noche infiel, no juegan con las manos sino con los ojos, las miradas al compañero son la estrategia artística de la brisca (por lo demás el que sabe jugar brisca ya sabe por completo de la “vida” y me alegra saber). Olvido que voy a la feria de libros usados y también que el mundo es mágico y horrible, como los cuadrados de los tableros de ajedrez, como las miradas ilegales de los brisqueros, como el Congreso mudo que con su sombra enfría la plaza de los cerebros ebrios, (por que dentro de los borrachos contabilice a los ajedrecistas y a los brisqueros, por no incluir a Valparaíso entero).
Cuando vitrineo libros me mareo por asunto de la irrigación cerebral, producto, creo de lo que llamo neuroliteratura-algo a mitad de camino, el pensamiento que se queda en pana entre el cerebro y la lengua y donde la literatura a duras penas es lo único que lo remolca.

Noto que todos los libros de Cioran son caros, extrañamente como si tuvieran un arancel del infierno, una preocupación por el vendedor de seleccionar su lector, de cuidarlo, de abstenerlo. Pero hay vendedores que se aburren de leer y lo hacen solo para comerciar, igual que las viejas del persa del barrio que te venden una película pirateada y se dan el derecho de ser criticas de cine y te dicen -esta es lenta, esta es rápida- como si el cine fuera una carrera de caballos y te corrigen y uno se queda en silencio absorto en el absurdo del ruido ambiente de la multitud. Pero también en los libros hay vendedores angustiados que lo único que quieren es conversar la frase clave, el escritor que no los deja dormir, que los hace pensar mientras pone las lonas del puesto, y no lo suelta jamás. De hecho compré un libro de Emerson y el vendedor se alegro por mí, fue su oportunidad de desahogar todo ese pensamiento loco que surge de una tarde en esa plaza de cerebros derrumbados, con mucha música rock y perros ladrando eternamente. Dimitri se llamaba (que se me hizo Razumijin el amigo loco de Raskolnikov, de Crimen y Castigo) , conversamos existencialistamente , hasta que el dialogo (gran embaucador) se extinguió naturalmente, luego tras un silencio breve mientras ambos movíamos la cabeza de arriba abajo, como se mueve la cabeza cuando se termina un diálogo explosivo y no se sabe con que más seguir, me miró como diciendo – pensamos similar nos tomaremos algún vino un día por ahí. Dimitri me vendió su libro adorado de Emerson con un gesto de satisfacción, como un aduanero de la cultura se imaginó su adorado libro en mi biblioteca radiante y silencioso, tanto así que se había tomado la molestia de poner su ruso nombre con delicadas letras en la primera página, el cual no tarde en tachar y poner el mío al costado, solo por el cruel hecho de nombrar (acto el cual no comparto pero investigo, investigo “el nombrar”).

El ajedrez es sincrónico, en eso radica su estructura, flota intemporal, uno puede llegar a la partida y engancharse de inmediato, puede ir a tomar un café y volver y entender en el acto como va al partido (al contrario de la pichanga que requiere de la típica pregunta del que llega atrasado ¿Cómo van?), por eso los hombres que lo juegan se aíslan, se salen del tiempo y miran con indeferencia. Los de la Brisca están acá y necesitan estarlo, por que el que sabe jugar sabe que es pura pillería (para la pillería se necesita estar en el tiempo). La brisca es vida y vino mientras el ajedrez es lógica metafísica.
Como los brisqueros el librero me quiso decir que con Emerson tengo triunfos. Que los juegue, que no me desanime. En esta plaza ya estoy borracho de triunfos. Me devuelvo mareado (por que eso de la irrigación es literal y no metafórico) abro el libro de Emerson (sin duda un potencial gran jugador de brisca), al azar en la página 104:

“La Naturaleza es la encarnación de un pensamiento y otra vez se convierte en pensamiento, como el hielo se convierte en agua y gas. El mundo es inteligencia precipitada y su esencia volátil se escapa constantemente en estado de pensamiento libre. De aquí la virtud y acrimonia de la influencia en la mente de los objetos naturales, sean orgánicos o inorgánicos. El hombre aprisionado, el hombre cristalizado, el hombre vegetativo habla al hombre personificado”

lunes, 24 de septiembre de 2007

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Hay una petulancia de la bondad que se presenta como maldad. «Me desagrada.» - ¿Por qué? - «No estoy a su altura.» - ¿Ha respondido así alguna vez alguien?
F. Nietzsche.

viernes, 14 de septiembre de 2007

High-bass

Grandes escenas del cine



Una de mis escenas favoritas del cine de Scorsese, en Mean Streets (Malas calles) , Harvey Keitel se va emborrachando progresivamente en el bar de sus amigos (¿no ocurre así?). Un estudio antropológico del Martini. Genial
El tema es de The Chips - Rubber Biscuits

jueves, 13 de septiembre de 2007

El volantín ha muerto.



Jamás me dedique al volantín, aunque amaba verlo en sus correrías, en su velocidad, sus desplazamientos, su guerra. Pero lamento decirlo, con la prohibición del hilo curado ha muerto. Pero aún me queda un granito de sentido común, jamás abogaría por algo que las evidencias dan por hecho, el peligro del hilo curado y sus victimas infantiles, jamás ignoraría ese hecho. Pero el asunto es así sin “comis” se muere el volantín. Lo que queda es otra clase de diversión, mas cercano a las cometas chinas, a una especie de ornitología pasiva, que a la batalla volantinera del pelusón, sublime, emocionante, habilidosa.
Me crié en un colegio pequeño casi como una casa, el profesor dueño era presidente de un club volantinero. Hacia hazañas increíbles con sus volantines, los mantenía quietos a un metro del piso , curaba hilo en un carrete enorme, hacia diseños asombrosos de volantines, pero jamás fui uno de ellos . Para ser volantinero se tiene que tener algo que yo no poseo, tolerancia a la frustración, arrojo, estrategia. Uno siempre puede superar en el fútbol un gol, en las bolitas una chita , o en el trompo que se enrede (aunque casi siempre el trompo da puro placer) pero que lo echen cortado es una de las experiencias mas frustrantes y tensas de la niñez, hay todo un proyecto que cae , que se aleja como si fuese una lenta tortura , tu volantín se va y uno lo despide impotente , mientras recoge el hilo (miles de yardas para el mas jugado) que recorre, se arrastra por la comuna arrasando como un cuchillo todo lo que viene a su paso. No faltaban los que interceptaban el hilo lacio, de hecho algunos se dedicaban especialmente a ello, para tirártelo “a la agarrocha”.
El volantín hace expertos fácilmente, por que se necesita un espíritu especial para dedicarse a él.
El volantín ha muerto, ahora es un juego impotente, el hilo sano lo convierte en un juego que entra a la categoría del luche o saltar la cuerda, perdió su heroicidad, su arrojo, su tensión.
La ceremonia previa también era casi religiosa, comprar la cola, el vidrio molido (verdaderas armas que uno obtenía curiosamente como se compra pan) y luego la ceremonia venía, la cola a baño maría y ese olor que te lleva a la infancia inmediatamente. (Calentaría cola ahora mismo para trasportarme a la infancia de puro placer), luego el hilo enredado entre los pobres álamos que acogían resignados el entusiasmo de los pelusas, el vidrio molido recorre la circunferencia, la ceremonia concluye, las yardas están listas.
El volantín ha muerto y peor, otros juegos que realmente me agradaban y tenia cierta experticia han muerto solos.
Las bolitas me producían placer, había que tener muchas, precisión, capacidad de negociar y de apostar, éramos unos pequeños hombres de negocios transando sus doblones de oro (por que las bolitas hacían las veces de dinero circulante en la infancia, incluso supe de un amigo que decía que tenia miles enterradas en el patio de sus casa en una jugada financiera sólo para especular su precio, jamás le creí).
Las bolitas murieron no por una ley como lo hizo el volantín , creo que murieron por el rechazo a la tierra , el niño de hoy es reacio a la tierra, antes era mirada como vitaminizada, mineralizada, placentera , por eso uno andaba a pata pelada con normalidad por sobre ella , ahora existe reticencia a la relación piel-tierra ,aunque aun existen felices excepciones como el hijo de mi vecino que tiene que andar con varios pantalones por que su hijo AMA tirarse en la tierra, la gente lo mira como a un mendiguito asombrada , eso prueba de la tensa relación tierra- niño de hoy.(Me llamó también mucho la atención la extraña relación que tenia un niñito que llegaba de Suecia con la tierra , se la esparcía y restregaba por los codos y las piernas , parecía un pequeño perrito disfrutando del piso sagrado, preso del cemento y del pulcro pasto del paisajista europeo).
Para las bolitas había que ser un experto de la tierra, de su densidad de su pendiente y de su textura, el cemento de la vereda solo se usaba para limar las bolitas que se convertirían posteriormente en “tiritos”, especies de capitanes de la bolitas por su poder de adhesión, de maniobra, la pared era también utilizada para hacer un rehue habilidoso, especie de rebote en el muro para geométricamente golpear a la bolita requerida. La Troya y los tres hoyitos eran los clásicos. Y el amallado era la legislación para el maricón que se quería retirar (como los viejos jugadores vivos del casino) cuando iba en ganancia.

Se mueren poco a poco los juegos, pero la muerte es necesaria para el recuerdo y mejor para el olvido, a pesar de mis medicamentos antinostalgia enternece acordarse de ambos juegos, uno muerto por una legislación, por la ausencia de heroísmo y por el temor a la peligrosidad (comprensible) y otro por una especie de cansancio de la muñeca, de una fobia dermatológica.

Los volantines disminuyen aunque siguen por ahí en las poblaciones, dándose zarpazos ilegales negándose a encumbrase con hilo “sano” una palabra inadecuada para la población. Y las bolitas se mueren o quizás duermen esperando que un buscatesoros desentierre los doblones de oro, las miles de bolitas que mi amigo enterró hace décadas en el patio de su casa.

Humor y marginalidad



El centro y el oriente de Europa se me hacen rudos, hostiles. Con un humor hiriente, cada escritor que leo de esos lugares y que trata de involucrarse en la psicología de su gente, de retratarla habla de su humor fiero. Claro si están en el limite de todo, de guerra, de teoría y de hambre. El humor rudo hace lazos fraternos.
Los barrios marginales como el mío saben y no poco de ese humor rudo y humillante que se confiere en estos lugares. El nombre propio es inútil, ya niño es necesario reemplazarlo por un sobre-nombre más real, más de hierro, más irrisorio. El nombre que decidieron los padres frente al cura o al registro civil es inepto e incompetente en una población que lo espera para reír (que al fin al cabo es proteger) , los mejores sobrenombres están en los barrios bajos, llenos de imaginación y acertividad.

El que sale a salvo de ese carnaval hiriente esta listo para pararse frente a cualquier cóctel burgués.
No es menor que los cojos, los gordos y los tuertos se hagan de hierro en el barrio. El humor los pule y despierta. Los instruye a ser más hirientes con el que le descubrió su falla. En las zonas donde la fraternidad lo contagia todo es ahí donde la desconfianza asoma, la debilidad de los lazos no permite tener caballerías de amigos. Sólo son feligreses del burgo.
Cualquier persona que quiera por ejemplo inscribirse en un club de barrio para jugar fútbol tendrá que pasar por el cedazo del humor duro, al límite, tendrá que afrontarlo y ser mas duro aun con los interpeladores. He ahí prepararse para el barrio. El barrio es sabio. Jamás compasivo, por que al menor atisbo de un cariño sonso y rezongón la dureza del medio se lo traga, la tristeza de la vida lo empuja a abandonarla.
Algunos eran hirientes consigo mismos, por ejemplo el cojo era el que mas bromas imaginativas se hacia a él . No había como superarlo. Era cruel consigo mismo. Y fuerte. Poco a poco olvidamos su cojera, pero no su agudeza, su humor peligroso para con nosotros. Éramos húngaros, como las cabras de los Cárpatos, con un humor circular, corrosivo y potente. Gracias a ese humor marginal se hacen las fraternidades, por que se asocia a el la verdadera honestidad, (que mas honesto que un sobre nombre) y que más ridículo y artificial que el nombre.
El gran filósofo marxista (y leninista) Slavoj Zizek escribe que una de las cosas que le molesta en el multiculturalismo es cuando preguntan: “¿Cómo puede estar tan seguro de no ser un racista?” Mi respuesta es que hay una sola manera: cuando se puede intercambiar insultos, bromas brutales, chistes sucios, con un miembro de una raza diferente, y ambos sabemos que no hay detrás una intención racista. Si, por el contrario, jugamos el juego políticamente correcto, “Oh, cómo te respeto, qué interesantes son tus costumbres...”, es racismo invertido, y es repugnante”.

No es coincidencia que Zizek sea de Eslovenia, de la Europa dura al igual que Cioran el Rumano injurioso. Ambos en parte quieren fraternizar, dentro del difícil país de la honestidad.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

Tomando 11

La clase media si es que existió alguna vez ve por la tele cualquier mierda interesante, mientras los pobres de población esperan oscuros el otro día, son mineros que sin electricidad no funcionan.
¿Por que criticarlos?, la televisión es buena compañía como lo fueron los dragones para ciertos héroes ficticios medievales (pienso en San Jorge matando al dragón, pero mejor pienso en el paté que es mas malo pero mas creíble). Todo en su contexto. Soporto cualquier cosa menos los apocalípticos. Después de todas las vicisitudes mi pregunta es: ¿cuanto hay de frustración personal en las idiotas guerrillas barriales? Por que lo estructural lo sabemos, pero eso de superestructura no me lo compro ni en bajada. El hombre es individuo sufriente, un abismo subjetivo, de ahí sale todo.

El capo Marx previó el debacle capitalista tomando buena cuenta de un economista liberal como David Ricardo y transformó la filosofía en un ajedrez. (Comprometida y aburrida).Por otra parte ¿Qué hacemos con la propiedad privada Locke? (otro que bien baila). Y mi lado más progresista se pregunta: ¿como puede catalogarse de “pacto” algo implícito, innato e impuesto?
Ambos son totalmente opuestos, yo diría que son las claves de origen para entender lo que hoy se quiere discutir. Ambos son éticos, originales, desconfiados y pragmáticos. Pero en lo que más se asemejan es en algo crucial, ambos no son geniales.
Ponerle el antecedente de Neo, al liberalismo es como decir: ahora en vez de galeones está la Nike, pero: ¿Será lo mismo?


En discusiones ideológicas se empantana el espíritu. Que mas permisivo que andar con la ideología en la cartera. Como el vestido de novia, seduciendo al mayor numero de posible de pretendientes. Nadie ampara un sistema netamente financiero que arrincone las inquietudes del espíritu. Ahí el término burgués se aplica correctamente. Molestan y son obtusos. No todos, claro está, me recuerdo de inmediato a Lorenzo el Magnifico, un gran banquero del Renacimiento con una inmensa sensibilidad para el arte. ¿Cuantos Medecis hay en Chile? (0), pero no se engañen, no hay otra forma: si se quiere equiparar hay que arrebatar , (hay que ser pelusitas con los pies rápidos, carteristas ideológicos, pequeños Robespierre que no le teman al fuego).

Las poblaciones se sacuden a los que la han dejado, por optar a lo que se denomina clase media, lo único que quiere la gente que puede ver un futuro es arrancar de ella (cosa que yo no comparto pero hago) ellos (los que han salido) críticos igual (y más férreos) ven televisión y calientan una pizza en el microondas, leen a Chomsky y se envalentonan.
Los pobres, los que siguen enganchados a la población (y seguirán de por vida) se comen las uñas en sus casas por que se les corto la luz y no pueden ver las bondades de Chiloe ¡por dios! en el único programa interesante de la televisión abierta! Su panorama nocturno de televisión se les aguo, eso les incomoda. Los otros panoramas como el fútbol y hacer empanadas para la junta de vecinos se han suspendido. ¿Que hacemos?
El 11 en las poblaciones se pasa a oscuras, con fogatas y balazos, eso no es nuevo, sumémosle los gritos guturales y el olor a caucho derretido. (La camita se disfruta mejor sin luz y con esa leve picazón lacrimógena). Uno que otro vecino con su honda les lanza piedras a los vagos desde su patio con un gesto excitado y travieso. No es su derecho tener luz, es necesario el compromiso. Su deber es salir a la fogata y gritar en la horda: ¡Estamos mal! El grito más antiguo y aburrido del homo sapiens. Tranquilos, Igual acepto la rebeldía tanto como la monotonía.

pJ hARVEY - GOOD FORTUNE

Across The Universe- trailer



martes, 11 de septiembre de 2007

Contra Los Poetas por Witold Gombrowicz






Sería más razonable de mi parte no meterme en temas drásticos porque me encuentro en desventaja. Soy un forastero totalmente desconocido, carezco de autoridad y mi castellano es un niño de pocos años que apenas sabe hablar. No puedo hacer frases potentes, ni ágiles, ni distinguidas, ni finas, pero ¿quién sabe si esta dieta obligatoria no resultará buena para la salud? A veces me gustaría mandar a todos los escritores del mundo al extranjero, fuera de su propio idioma y fuera de todo ornamento y filigranas verbales, para comprobar qué quedará de ellos entonces. Cuando uno carece de medios para realizar un estudio sutil, bien enlazado verbalmente, sobre, por ejemplo, las rutas de la poesía moderna, empieza a meditar acerca de esas cosas de modo más sencillo, casi elemental y, a lo mejor, demasiado elemental.
No cabe duda de que la tesis de esta nota: que los versos no gustan a casi nadie y que el mundo de la poesía versificada es un mundo ficticio y falsificado, parecerá desesperadamente infantil; y, sin embargo, confieso que los versos no me gustan y hasta me aburren un poco. Lo interesante es que no soy un ignorante absoluto en cuestiones artísticas ni tampoco me falta la sensibilidad poética; y cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoievski, de Pascal, o, sencillamente en el crepúsculo cotidiano, tiemblo como cualquier mortal. Lo que difícilmente aguanta mi naturaleza es el extracto farmacéutico y depurado de la poesía que se llama "poesía pura" y, sobre todo, cuando aparece versificada. Me cansa el canto monótono de esos versos, siempre elevado, me adormecen el ritmo y la rima, me extraña dentro del vocabulario poético cierta "pobreza dentro de la nobleza" (rosas, amor, noche, lirios), y a veces sospecho que todo ese modo de expresión y todo el grupo social que a él se dedica padecen de algún defecto básico.
Yo mismo creía al principio que esto se debía a una particular deficiencia de mi "sensibilidad poética" pero cada vez tomo menos en serio los slogans que abusan de nuestra credulidad. No hay cosa más instructiva que la experiencia y por eso empecé a realizar algunas muy curiosas: leía cualquier poema alterando intencionalmente su orden de tal suerte que se convertía en un absurdo y ninguno de mis oyentes (finos y cultos, por cierto y fervientes admiradores de aquel poeta) advertía la treta; o, analizando en forma detallada el texto de un poema más extenso, comprobaba con asombro que los "admiradores" ni siquiera lo habían leído completo. ¿Cómo puede ser esto entonces? ¿Admirarlo tanto y no leerlo? ¿Gozar tanto de la "precisión matemática" de las palabras y no percibir una fundamental alteración en el orden de la expresión? Pero lo que pasa es que todo este cúmulo de ficticios goces, admiraciones y deleites está basado sobre un convenio de mutua discreción: cuando alguien declara que le encanta la poesía de Valéry es mejor no acosarlo demasiado con indiscretas investigaciones, porque entonces se pondría en evidencia una realidad tan distinta de todo lo que nos imaginamos, y tan sarcástica, que nos sentiríamos sumamente molestos. El que deja por un momento las conversaciones del juego artístico, enseguida tropieza con un enorme montón de ficciones y falsificaciones, cual un escolástico escapado de los principios aristotélicos.
Me encontré, pues, cara a cara con el siguiente dilema: miles de hombres hacen versos; otros miles les demuestran gran admiración; grandes genios se expresan por medio del verso; desde tiempos inmemoriales el poeta y los versos son venerados; y frente a esa montaña de gloria -yo, con mi convicción de que la misa poética se efectúa en el vacío casi completo.
¡Valor, señores! En vez de huir de ese hecho expresamente, tratemos de buscar sus causas como si fuese un hecho como cualquier otro.



Poesía pura y azúcar puro

¿Por qué no me gusta la poesía pura? Por las mismas razones por las cuales no me gusta el azúcar "puro". El azúcar encanta cuando lo tomamos junto con el café, pero nadie se comería un plato de azúcar: sería ya demasiado. Es el exceso lo que cansa en la poesía: exceso de la poesía, exceso de palabras poéticas, exceso de metáforas, exceso de nobleza, exceso de depuración y de condensación que asemejan los versos a un producto químico.
¿Cómo hemos llegado a este grado de exceso? Cuando un hombre se expresa en forma natural, es decir en prosa, su habla abarca una gama infinita de elementos que reflejan su naturaleza entera; pero he aquí que vienen los poetas y proceden a eliminar gradualmente del habla humana todo elemento apoético, en vez de hablar empiezan a cantar y de hombres se convierten en bardos y vates, consagrándose única y exclusivamente al canto. Cuando un trabajo semejante de depuración y eliminación se mantiene durante siglos llégase a una síntesis tan perfecta que no quedan más que unas pocas notas y la monotonía tiene que invadir forzosamente el campo del mejor poeta. El estilo se deshumaniza; el poeta no toma como punto de partida la sensibilidad del hombre común sino la de otro poeta, una sensibilidad "profesional" y, entre los profesionales, se crea un lenguaje tan inaccesible como los otros dialectos técnicos; y, subiendo unos sobre los hombros de otros, forman una pirámide cuya punta ya se pierde en el cielo, mientras nosotros nos quedamos abajo algo confundidos. Pero lo más importante es que todos ellos se vuelven esclavos de su instrumento porque esa forma es ya tan rígida y precisa, sagrada y consagrada que deja de ser un medio de expresión: y podemos definir al poeta profesional como un ser que no se puede expresar a sí mismo porque tiene que expresar los versos.
Por más que se diga que el arte es una especie de clave, que el arte de la poesía consiste precisamente en lograr una infinidad de matices con pocos elementos, tales y parecidos argumentos no ocultarán el primordial fenómeno de que con la máquina del verbo poético ha ocurrido lo mismo que con todas las demás máquinas, pues en vez de servir a su dueño se ha convertido en un fin en sí; y, francamente, una reacción contra ese estado de cosas parece aún más justificada aquí que en otros campos porque aquí estamos en el terreno del humanismo "par excellence". Existen dos formas de humanismo básicas y diametralmente opuestas: una que podríamos llamar "religiosa" que coloca al hombre de rodillas ante la obra cultural de la humanidad y otra, laica, que trata de recuperar la soberanía del hombre frente a sus dioses y sus musas. El abuso de cualquiera de estas formas tiene que provocar una reacción y es cierto que una reacción así contra la poesía sería hoy totalmente justificada porque, de vez en cuando, hay que parar por un momento la producción cultural para ver si lo que producimos tiene todavía alguna vinculación con nosotros. Posiblemente los que han tenido la oportunidad de leer algún texto artístico mío se sentirán extrañados por lo que digo, ya que soy en apariencia un autor típicamente moderno, difícil, complicado y aun a veces -quien sabe- aburrido. Pero, téngase en cuenta que yo no aconsejo a nadie prescindir de la perfección ya alcanzada, sino que considero que esta perfección, este aristocrático hermetismo del arte deben ser compensados de algún modo y que, por ejemplo, cuanto más el artista es refinado, tanto más debe tomar en cuenta a los hombres menos refinados y cuanto más es idealista tanto más debe ser realista. Este equilibrio a base de compensaciones y antinomias es el fundamento de todo buen estilo, más, en los poemas no lo encontraremos, y tampoco se puede notar en la prosa moderna influenciada por el espíritu de la poesía. Libros como "La muerte de Virgilio", de Herman Broch o aun el celebrado "Ulises" de Joyce resultan imposibles de leer por ser demasiado "artísticos". Todo allí es perfecto, profundo, grandioso, elevado y, al mismo tiempo, nada nos interesa porque sus autores no lo han escrito para nosotros sino para el Dios del Arte.
Pero la poesía pura además de constituir un estilo hermético y unilateral, constituye también un mundo hermético. Y sus debilidades aparecen con más crudeza aún, cuando se contempla el mundo de los poetas en su aspecto social. Los poetas escriben para los poetas. Los poetas son los que rinden homenaje a su propio trabajo y todo este mundo se parece mucho a cualquier otro de los tantos y tantos mundos especializados y herméticos que dividen la sociedad contemporánea. Los ajedrecistas consideran el ajedrez como la cumbre de la creación humana, tienen sus jerarquías, hablan de Capablanca como los poetas hablan de Mallarmé y, mutuamente, se rinden todos los honores. Pero el ajedrez es un juego mientras que la poesía es algo más serio y lo que resulta simpático en los ajedrecistas, en los poetas es signo de una mezquindad imperdonable. La primera consecuencia del aislamiento social de los poetas es que en el mundo poético todo se hincha, y aún los creadores mediocres llegan a adquirir dimensiones apocalípticas y, por el mismo motivo, los problemas de poca monta cobran una trascendencia que asusta. Hace tiempo hubo entre los poetas una gran polémica sobre la famosa cuestión de las asonancias y parecía que la suerte del universo dependía del hecho de si es posible rimar "espesura" y "susurran". Es lo que sucede cuando el espíritu gremial domina al universal.
La segunda consecuencia es aún más desagradable: el poeta no sabe defenderse de sus enemigos. Y así vemos cómo en el terreno personal y social se pone en evidencia la misma estrechez de estilo que hemos mencionado más arriba. El estilo no es otra cosa sino una actitud espiritual frente al mundo, pero hay varios y el mundo de un zapatero o de un militar tiene poco que ver con el mundo de los versos: como los poetas viven entre ellos y entre ellos forman su estilo, eludiendo todo contacto con ambientes distintos, quedan dolorosamente indefensos frente a los que no comparten sus credos. Lo único que son capaces de hacer, cuando se ven atacados es afirmar que la poesía es un don de los dioses, indignarse contra el profano o lamentarse por la barbarie de nuestros tiempos lo que, por cierto, resulta bastante gratuito. El poeta se dirige sólo a aquel que ya está compenetrado con la poesía, es decir a uno que ya es poeta, pero esto es como si un cura endilgara su sermón a otro cura. ¡Cuánta más importancia tiene, sin embargo, para nuestra formación el enemigo que el amigo! Sólo frente al enemigo podemos verificar plenamente nuestra razón de ser y sólo él nos procura la clave de nuestros puntos débiles y nos pone el sello de la universalidad. ¿Por qué, entonces, los poetas huyen ante el choque salvador? Ah, porque carecen de medios, de actitud, de estilo para afrontarlo. ¿Y por qué les faltan estos medios? Ah, porque eluden el choque.




El vate y el ridículo

La más seria dificultad de orden personal y social que debe afrontar el poeta proviene de que él, considerándose superior como sacerdote de la poesía, se dirige a sus oyentes desde más arriba; pero los oyentes no siempre reconocen su derecho a la superioridad y no quieren oírlo desde abajo. Cuanto más aumenta el número de personas que ponen en duda el valor de los poemas y faltan el respeto al culto, tanto más delicada y cercana al ridículo se vuelve la actitud del vate. Mas, por otra parte, crece también el número de los poetas y a todos los excesos de la poesía ya enumerados hay que añadir el exceso de bardos y el exceso de versos.

Estas ultrademocráticas cifras minan desde el interior la aristocrática y orgullosa actitud del mundo de los poetas y nada más comprometedor, en ese sentido, que cuando se los ve a todos reunidos, por ejemplo, en un congreso: una muchedumbre de seres excepcionales. Un artista que en verdad se preocupe por la forma buscaría alguna salida a este callejón, porque sin duda estos problemas en apariencia sólo personales están estrechamente vinculados con el arte y la voz del poeta no suena bien, ni puede ser seria y convincente mientras él mismo quede ridiculizado por tales contrastes.
Un artista creador y vital no vacilaría en cambiar totalmente de actitud y, por ejemplo, él desde abajo se dirigiría a la gente: como el que pide el favor de ser reconocido y aceptado o como el que canta pero al mismo tiempo sabe que aburre. Podría también proclamar públicamente esas antinomias y escribir sus versos sin estar satisfecho de ellos y anhelando ser cambiado y renovado por el choque regenerador con los demás hombres. Pero no es posible exigir tanto a los que dedican toda su energía a la "depuración" de su rima. Los poetas siguen agarrándose febrilmente a una autoridad que no tienen y embriagándose a sí mismos con la ilusión del poder. ¡Qué ilusos! De cada diez poemas uno por lo menos cantará el poder del Verbo y la elevada misión del Poeta lo que, justamente, demuestra que el Verbo y la Misión están en peligro... y los estudios o reseñas sobre poesía nos procuran una rara impresión: porque su inteligencia, sutileza y finura están en contraste con el tono que es a la vez ingenuo y pretencioso. Todavía no han comprendido los poetas que de la poesía no se puede hablar en tono poético y por eso sus revistas están llenas de poetizaciones sobre la poesía muy a menudo horripilantes por su estéril malabarismo verbal. A esos pecados mortales contra el estilo los lleva el temor que sienten ante la realidad y la necesidad de encontrar a toda costa una afirmación de su quebrantado prestigio.



Formas de la salvación

La ceguera voluntaria se nota también en ese simplismo tremendo en que caen hombres, por otra parte muy inteligentes, cuando se trata de su suerte. Muchos poetas pretenden salvarse de las dificultades expuestas más arriba declarando que ellos escriben sólo para sí mismos, para su propio goce estético aunque al mismo tiempo hacen lo posible por publicar sus obras. Otros buscan la salvación en el marxismo y afirman con toda seriedad que el pueblo es capaz de asimilar sus refinadísimos y difíciles poemas, productos de siglos de cultura. Ahora la mayoría de los poetas cree firmemente en la repercusión social de los versos y nos dirán extrañados: "Pero cómo puede usted dudar... Vea las muchedumbres que asisten a cada recital poético. ¡Cuántas ediciones se publican! Cuánto se escribe sobre la poesía y cuán admirados son los que conducen a los pueblos
por el camino de la Belleza."
No se les ocurre pensar que en un recital poético es casi imposible asimilar un verso (porque no basta escuchar un verso moderno una sola vez para entenderlo), que miles de libros se compran para no ser leídos nunca, que los que escriben en los periódicos sobre poesía son poetas y que los pueblos admiran sus poetas porque necesitan mitos. No se dan cuenta que si las escuelas no enseñasen a los niños el culto de los poetas en sus tristes y tan formales clases de idioma nacional y si este culto no se mantuviera todavía por inercia entre los adultos nadie, fuera de unos pocos aficionados, se interesaría en ellos. No quieren ver queja supuesta admiración por el canto versificado es en realidad el resultado de muchos factores como la tradición, la imitación y, aun otros como el sentimiento religioso o la afición deportiva (porque asistimos a un recital poético del mismo modo que a una misa -sin comprenderlo- y sólo cumpliendo un acto de presencia frente a un rito; y porque nos interesa la carrera de los poetas hacia la gloria así como nos interesan las carreras de caballos); no, ese complicado proceso de la reacción de las multitudes se reduce para ellos a la fórmula: "el verso encanta porque es bello..."
Que me disculpen los poetas. Yo no los ataco para molestarlos y gustoso tributaré homenaje a los altos valores personales de muchos de ellos; sin embargo ya se ha colmado el cáliz de sus pecados. Hay que abrir las ventanas de esta hermética casa y sacar sus habitantes al aire fresco, hay que sacudir la pesada, majestuosa y rígida forma que los abruma. Poco me importa que digáis pestes de mí y de mi nota. -¿Acaso puedo esperar que aceptéis un juicio que os quita la razón de ser?- Y, además, mis palabras están destinadas a la nueva generación. El mundo se vería en situación desesperada si cada año no entrase un nuevo contingente de seres humanos, frescos, libres del pasado, no comprometidos con nadie ni con nada, no paralizados por puestos, glorias, obligaciones y responsabilidades, seres, en fin, no definidos por lo que ya han hecho y por lo tanto, libres para elegir.

POEMAS ANTES DE SER POEMAS – Jorge Teillier


1
Aún quedan en el barro
pequeñas huellas del queltehue
muerto esta mañana.


2

Una locomotora de hojalata
abandonada entre malezas.
Una araña teje en ella su red
y sólo atrapa una gota de rocío.

3

Mosca
Que sobrevives al verano,
Al fin tengo alguien con quien hablar


4

Nieva
Y todos en la ciudad
quisieran cambiar de nombre.


5

Un gato vagabundo
Instalado sobre el cerco
es rnás grande que el parque y la casa
Extendidos detrás suyo.



6

Nos dejan de herencia
la Bomba.
Pero ella caerá
Sólo sobre nosotros.

viernes, 7 de septiembre de 2007

Loaded

Los "poser" y los republicanos del Rock.



La palabra “Poser” en la jerga del metalero clásico alude al rockero, o seudorockero que tras su liviano hard rock quiere pertenecer a su gueto sónico, que copia la estética o ideología de ese gueto y que no logra por su “feminidad”, popularidad, liviandad o “imbecilidad” pertenecer a ellos. El metal, o el gueto que lo rodea con su conocido fascismo, imponen lo que debe y no debe. De hecho me entere gracias a un excelente documental de la historia del metal, que la quema de discos de Metallica tras salir en los Grammys a principios de los noventas fue un fenómeno mundial y no una estupidez local como yo pensaba. “Ellos se habían comercializado”, debían ser destruidos, sus discos poleras y accesorios, no solo destruidos sino quemados. (A la tradición cristiana medieval)
El metal y los metaleros perdieron mucho tiempo en su lucha contra dios, lucha de hogueras y de niño mimado.
El metal es conservador por excelencia, es el género del rock “republicano”. Caía como anillo al dedo en la Norteamérica de los ochenta. Cualquier grupo que amenazara su conservadurismo de abuelita era excomulgado inmediatamente. Otro ejemplo fue la gran fusión (y visionaria) de Anthrax y Public Enemy tan ridicularizada y criticada por los republicanos del rock. Ejemplos sobran. El metal clásico es potente pero su tribu es sorda. Poco a poco esta tribu tuvo que hacer concesiones, tantas que ahora no se pueden controlar.
Uno de los dardos mas fuertes de estos medievales eran por entonces los salvajes Guns N' Roses (también mal mirados por los insurgentes fans del rock alternativo de los noventa). Recuerdo que en una de la primeras reuniones del mencionado rock alternativo en el recién inaugurado centro cultural Balmaceda, quede sólo sentado en una sala viendo a Guns N' Roses, los incipientes “Grunges” se retiraron indignados con la escoria que veían. Y los que quizás querían quedarse no querían correr el riesgo de ser tildados de ignorantes, poser o huecos.
Poser es el adjetivo, es ser un ignorante por que no se entra a la logia de las guitarras limpias, solos ejecutados con maestría, maldiciones a dios y sangre en la boca.
A pesar del tan religioso panorama de entonces, Guns N' Roses fue una de las mas grandes bandas de finales de los ochenta, que poco a poco ha recuperado admiración. Los republicanos fueron relegados a sus oscuros guetos, a sus bares, maldiciendo la música ajena.

Esperando micro, cuatro tipos de todas las edades se aburrían, la botillería de al frente pone a Guns N' Roses, a un volumen escandaloso, toda la calle se asombra, todos los tipos quedan locos, la escuchan a cabalidad, hay poco tiempo para escuchar eso hoy en día, en los tiempos del rebusque, del barroco rockero que nos obliga a sorprendernos con cada vanguardia. Los Guns hicieron mover la cabeza a todos esos tipos, todos se quedaron, daba la impresión que ya no importaba la micro, se notaba que no los escuchaban hace tiempo y se darían el tiempo para disfrutar la canción entera, y así fue, quede asombrado. Cuan diferentes eran esos jóvenes de los que se pararon indignados a principios de los noventa.
Ya no quedan, parece, republicanos para quemar discos, hoy el mundo entero es “Poser”.

miércoles, 5 de septiembre de 2007

Diario...



Alcohol, tranquilizantes, cámara lenta, muy lenta, ¿a color?, no, en blanco y negro. El cerebro es delgadísimo así que se queja un poco, pero después un masaje, un saxofón neurálgico. AHHH. La calle ahora es hermosa. El perro alcanza la paloma, la desangra, no le doy importancia. Entro a un local, bajo dos pisos, se que hay un grupo tras mío, pero yo ando sólo, y en la noche extrañamente tomo wisky, tomo una chaqueta y dos ladrones se abalanzan, me odian por haberla tomado – ¡pero era mi chaqueta! .En las noches las protagonistas son las chaquetas y eso me harta. Ellos me empujan, y yo les digo- Que dios los bendiga, soy un reverendo- ,
Había escrito con el lápiz del barman en mis nudillos LOVE y HATE, como Robert Mitchum en la Noche del cazador. Salí por que la película me impulsó.
¿Por que tendrían que hacerme daño? escucho tambores africanos en el otro ambiente- Escucho a un diablo que dice algún día te comprenderé, escucho todo en forma de tambor negro…
Los pandilleros me odian ¿por que me odian? Pero no entienden nada. Conozco un poco el barrio nocturno -les digo- aunque no a cabalidad porque soy un burócrata y no un soldado. UFFF, CANSADO SIEMPRE ME SIENTO UN RATO EN LA PENUMBRA, CUANDO HAY JAZZ ME SIENTO POR MUCHO TIEMPO ,EN LA OSCURIDAD, PENSANDO , SUDANDO SANGRE…Escuchen Mike Westbrook :Metrópolis, que feliz, que paraíso. Los sentidos explotan., . UFFF. Llega al legado gris, el cerebro como legado. Como mentira.
Pienso mal, pienso. A lo que me refiero es que PIENSO DEMASIADO. La vida de un “intelectual” acá es fanfarrona, ya de hecho ese término parece de acero al chocar con las gentes.
A lo que me refiero es, que es lo que no daría por ser un buen maestro yesero o aprender un trabajo de construcción, quizás algo de mecánica, o relacionado con la reparación de barcos. Quejarse como Jeremías no hace bien. El reverendo Jeremías con los dedos pintados, amor en la izquierda odio en la derecha, acosado por una pandilla de la noche. Quizás ya muerto. Quizás ya un indígena africano, automático, quizás ya un automóvil a casa, previo, una mirada y meada al mar.
Un gato pasa por el patio vecino y lo alimento. ¿Quién iba a pensar que me iba a convertir en San Francisco de Asís?
Soy un pequeño imperio romano decadente. Soy puro gasto. Necesito un cisma mas violento aun.
Emperador cobarde, mental.
ME TOCAN EL CITOFONO TODAS LAS RELIGIONES Y YO , RESPETUOSO les respondo susurrando –“insultar a Dios en Francés no es pecado”.

Los nudillos son para ponérselos HORAS en las mejillas, así uno se vuelve un viejo Beat. De barrio, pero ojo, también de naturaleza. De caminatas imposibles, tarareando para mantener el ritmo poético, tum tum tuum. Y escuchando AL MUNDOOOO. Y el mundo responde con ese tono silencioso insolente de sufrimiento:- ¡NO SOY UNA AMBULANCIA! , SUFRE TU TAMBIEN.
Meo al mar. En y en EL. Algo no alguien. El mar , ¡que sucio que está este viejo educado!, si lo condimentan con San Pedros , con “sanes” a prueba de sal. Al final ¿no es un ángel nada más que un hombre deteriorado? ¿Vertical?
Frío-¿Cuantos golpes?. Ja. Me río plummm… Libretita al fuego. Escribo :Kerouac es una carnada…para tragar lo único que queda , saliva.
Fin

The Moody Blues - Nights In White Satin

lunes, 3 de septiembre de 2007

domingo, 2 de septiembre de 2007

Ortega y Gasset : "Kant -Hegel - Scheler" (extracto)

René Magritte:Las vacaciones de Hegel, 1958.


Hay, según Hegel, tres configuraciones topográficas, tres principios geomorfos que condicionan tres tipos de vida natural, a las cuales corresponden tres estadios o formas del Espíritu, es decir, del Estado. Uno es la meseta, la enorme altiplanicie. Su tipo vital es el nomadismo. La existencia en este país seco es pobre, pero además no está limitada por ninguna contención espacial. Vivir es vagabundear. Hoy se está en un lugar, mañana en otro. No hay fuerza ninguna que obligue a la convivencia. El hombre siente ímpetus de empresas, pero discontinuos e informes, imprecisos. Lo único que se le puede ocurrir es echar para adelante, sin rumbo, sin meta, sin designio preformado. No es posible en estas condiciones el nacimiento de la ley, del Estado, que implica convivencia estabilizada. Hay sólo la momentánea organización de guerra bajo un caudillo genial que reúne las hordas normalmente dispersas y cae con ellas sobre las tierras fértiles.
La meseta, el nomadismo, es, pues, la pura inquietud, el puro ir y venir. Ahora bien, el Espíritu es, frente a la Naturaleza, la inquietud misma, porque es exclusivamente actuación. Un espíritu quieto es una contradicción en el adjetivo. La piedra puede estar quieta, pero el Espíritu no. Por eso cuando Descartes hace consistir el alma en exclusiva espiritualidad y dice que su ser consiste tan sólo en pensar, los contemporáneos objetaban: y cuando el alma no piensa, por ejemplo, cuando el hombre duerme, ¿es que el alma se muere, se aniquila? Y, sin embargo, la inquietud del nómada no es aún, para Hegel, el «espíritu de la inquietud», esto es, la inquietud verdaderamente espiritual. La meseta es la guerra por la guerra, la guerra sin concreta finalidad, como mera explosión de activismo en pueblos durante centurias pacíficos. El nómada, que es pastor, súbitamente se transforma en el más crudo guerrero. Esta guerra es ciertamente empresa, intento de algo más allá de lo cotidiano, por tanto, Espíritu. Pero es empresa inconcreta, diríamos, el temple de una empresa sin su contenido. No es creación de un orden. En la meseta, pues, tenemos el germen de lo espiritual, su aparición embrionaria, nada más.

La meseta termina en laderas donde los ríos han evacuado valles. A veces estas laderas confinan inmediatamente con el mar: Perú, Chile, Ceilán. No forman, por tanto, un ámbito suficiente para constituir un nuevo tipo de vida. En cambio, los largos valles -Mesopotamia, Egipto, China- representan un nuevo principio geohistórico. El valle es una unidad conclusa, cerrada en sí, independiente, no como la meseta, que es la independencia inconcreta de lo que no tiene límites y no es nada determinado. La altiplanicie no tiene estructura porque es siempre igual a sí misma. El valle tiene una organización diferenciada: el río y sus dos riberas que cierran las alturas. Es, además, la tierra más fértil. La agricultura surge en él, y con ella la propiedad, las diferencias de clase, en suma, las normas jurídicas. La agricultura no es una actividad momentánea, explosiva y de azar como el puro belicismo del nómada. Tiene que regirse según el ciclo de las estaciones y es, en sí misma, previsión, régimen general y no caprichoso. Por otro lado, el valle obliga a la convivencia, que es, a su vez, imposible, sin modos generales de conducta, es decir, sin un Estado, sin el imperio de las leyes. He aquí cómo todos estos caracteres telúricos del valle preforman un tipo de vida que no es ya la vida meramente natural, sino una vida conforme a normas, en la cual viene aquélla a encajarse. Esa sobrevida normativa es precisamente el Espíritu.

Pero el valle fija el hombre al terruño: lo limita, lo hace dependiente de un sistema poco variado de condiciones. De aquí que estas civilizaciones fluviales hayan girado eternamente sobre sí mismas, recluidas en un repertorio de temas, de modos, de intentos, de normas. Son culturas «hieráticas», es decir, rígidas: la egipcia, la china.
El gran principio liberador es la costa donde combate la intensa dualidad de tierra y mar. «El mar da lugar siempre a un peculiar tipo de vida. El indeterminado elemento nos da una imagen de lo ilimitado e infinito, y al sentirse el hombre en él se anima al más allá sobre toda limitación. El mar suscita el valor: incita al hombre a la conquista y la rapiña pero también a la ganancia y la industria. El trabajo industrioso se refiere a aquella clase de fines que se llaman necesidades. El esfuerzo para satisfacer estas necesidades trae consigo, empero, que el hombre quede enterrado en ese oficio. Mas, cuando la industria pasa por el mar, la relación se transforma. Los que navegan pretenden ciertamente ganar, lucrarse, satisfacer sus necesidades; pero el medio para ello incluye en este caso lo contrario del propósito con que se eligió, a saber: el peligro». La vida marítima es un constante riesgo de perderse a sí misma. Es libre ante sí misma e implica serenidad y astucia incesantes. Por todo ello tiene un claro sentido de creación y fue dondequiera el mar el gran educador para la libertad. El mar es un perpetuo «más allá de la limitación de la tierra». Es el verdadero «espíritu de la inquietud», que de su movimiento elemental pasa a las almas de sus moradores y hace del existir una permanente creación.

El principio supremo constitutivo del espíritu fue expresado un día por alguien con monumental ingenuidad: «Es necesario navegar, pero no es necesario vivir».